viernes, 1 de julio de 2016

Florecimiento del niño interno. Lección VIII. (Kwan Yin)


Kwan Yin
Florecimiento del niño interno. Lección VIII.


Hermanos, Yo soy KWAN YIN, sean bienvenidos. Centren su atención en este salón, necesito de toda su atención. Ahora continuamos.

El príncipe había aprendido un gran principio. El Amor y la Justicia van siempre unidos; mientras que el primero da cohesión a todos los cuerpos, a todos los átomos, a todo lo que existe en el universo, la segunda, regula sus movimientos y sus asociaciones. El amor es la fuerza que mantiene a toda la creación unida por invisibles lazos, con su creador, y la justicia, regula, con sabias leyes, el movimiento, su evolución y su expansión.

El príncipe guardaba en su mente estos principios y mientras viajaba en su nave, recordaba aquellos lejanos tiempos cuando su viaje iniciaba, cuando todavía era apenas un niño, cuando aún no sabía nada acerca del universo. Recordaba las palabras de su padre siempre te acompañaré! no importa dónde te encuentres, y esas dulces palabras no lo abandonaban nunca. Igualmente, le había dicho: aquí estaremos esperándote para ese glorioso día en que regreses y te unas a nosotros en nuestro eterno viaje por el universo.

El príncipe se sentía satisfecho, había descubierto ya 7 principios y únicamente le restaban 3, pero algo extraño había pasado en su interior, no sentía prisa, no sentía angustia, los principios que conocía, del universo, le permitían sentirse como en su casa sin importar dónde se encontrara y, de hecho, pensaba: si en este momento quisiera regresar al lado de mis padres no sabría cómo encontrar el camino, tanto he viajado y en tantas direcciones distintas, que no sabría regresar a donde salí; sin embargo, no le preocupaba, pues había aprendido que todos los seres están unidos en el universo y, mientras su nave viajaba hacia ninguna dirección, se encontró a otra pequeña nave que viajaba en sentido contrario, la observó sin darle mucha importancia y de pronto vio como si la nave cambiara su rumbo para tomar justamente el que el príncipe llevaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca se dio cuenta que era un niño el que la tripulaba y le dijo:

- ¿A dónde vas viajero del espacio? y el príncipe le contestó:

- A ninguna parte, no tengo destino. El niño, asombrado, le preguntaba:

- ¿Cómo es posible que viajes hacia ninguna parte?, debes saber hacia dónde vas.

- No, en realidad no lo sé, pero tampoco me interesa. El niño se sorprendió aún más y siguió preguntándole:

- Mira, yo salí en un largo viaje porque mi padre me hizo algunos encargos, yo tengo que aprender 10 secretos del universo y por eso me encuentro buscándolos, en realidad, no sé si la dirección que llevaba me iba a trasladar hacia donde se encontraban los principios, ¿podría acompañarte?.

El príncipe se sonrió para sus adentros y le contestó:

- Claro que puedes acompañarme, pero te repito, no voy hacia ningún lado. El niño seguía preguntando:

- Pero, entonces, ¿qué es lo que buscas, por qué tu nave viaja en esa dirección?.

- Mira niño, en cierta forma tu camino y el mío se parecen, sólo que el mío es un camino interior, la nave, no importa hacia dónde se dirija, lo importante es la dirección que yo he tomado dentro de mí mismo; lo que yo busco se encuentra dentro de mí, es por eso que el rumbo de mi nave no interesa. El niño empezaba a confundirse.

- ¿Por casualidad, tú no conoces algunos de esos 10 secretos que mi padre me mandó encontrar en el universo?. Y el príncipe le contestó:

- Tal vez, pero de nada serviría que te los dijera, tú tienes que decubrirlos por ti mismo, recuerda que tu padre te dijo que no confiaras en extraños, que el conocimiento debería de provenir de ti mismo. El niño, sorprendido, le preguntó:

- Es cierto, eso dijo mi padre, ¿cómo es que tú estás enterado?. Y el príncipe le dijo:

- Quizás porque tu padre y el mío se conocen, quizás porque mi padre me dijo lo mismo a mí, quizás porque yo he viajado un poco más que tú y sé muy bien las cosas que tú encontrarás en tu viaje.

- Entonces, ¿no puedes decirme nada de lo que tú has encontrado?.

- Sólo te confundirías, sigue el camino que tu corazón te indique y llegarás, inevitablemente, al descubrimiento de los 10 secretos que tu padre te mandó encontrar.

- Gracias, noble viajero, nunca olvidaré lo que tú has hecho por mí. Y el príncipe le contestó:

- Estoy seguro de que nunca lo harás y quizás, algún día, tú hagas lo mismo con otro.

Y el niño cambió la dirección de su nave para enfilar hacia otro rincón del universo.

El príncipe se quedó meditando, recordaba perfectamente aquel pasaje en donde él se unió a otro viajero y recibió las mismas respuestas que ahora él le estaba dando al niño, y sus pensamientos viajaron muy dentro de sí mismo y una pequeña luz empezó a iluminar todo su ser interior.

El universo no es sino una eterna espiral, viajamos en el espacio en diferentes direcciones, pero los eventos, los acontecimientos, no son sino círculos que se repiten una y otra vez sólo que en diferentes alturas, viajamos evolutivamente en una espiral; el amor nos mantiene unidos, la justicia regula nuestros movimientos y la luz nos indica la dirección. El universo entero no es sino una inmensa espiral en donde todos giramos y giramos y los acontecimientos se repiten y los seres evolucionan pasando por los mismos puntos pero a diferentes alturas.

¿Cuál será el siguiente principio?.

El amor y la justicia no son sino dos caras de una misma moneda; el amor universal es el sentimiento que sale de cada uno de nosotros y nos une a todas las criaturas y a todos los seres. Siento un irresistible amor hacia ese niño que acabo de dejar, pero también lo siento por aquellas serpientes que me encontré tiempo atrás, y por aquellos seres que intentaron sacrificarme, por aquel viajero que se encontraba más adelante de mi y por la piedra y por el gigante y por mi padre y por aquellos seres que bailaban incesantemente alabando a Dios, ése es el amor universal, lo que me une a todas las criaturas, a todas las cosas creadas.

Pero, por otra parte, respecto a la justicia divina, esa misteriosa fuerza que impulsó a mi padre a mandarme en busca de los 10 principios del universo, esa fuerza impresionante que me atrajo hacia el hoyo negro, la misma que me impulsó a volar y a nadar, a convertirme en la nada, para entender el principio de los 4 estados de la materia, esa fuerza que regula la evolución de los seres y que ha traído a ese niño hacia mí, nuevamente, repitiendo una escena que ya había vivido, sólo que en un punto más alto de la espiral. ¿Qué es la justicia divina, sino el principio de orden que regula todo lo que existe en el universo?, la fuerza que da origen a todas las leyes bajo las cuales nos movemos. Ahora entiendo a mi padre, él se desprendió de mí a pesar del gran amor que me tiene, él sintió que era su deber y lo hizo en cumplimiento de la justicia divina y, ahora, tan lejos o tan cerca de él, el amor me mantiene unido y la justicia me mantiene en la búsqueda.

Qué maravilloso principio, qué maravillosa lección, pero, ¿existirá siempre en esa dualidad?, ¿no podrá haber algún punto en donde el amor universal y la justicia divina se unan?.

Y, de pronto, mientras el príncipe meditaba, una gran luz se hizo en su interior y empezó a observar como una gran nube en el centro de una visión multicolor, un ser empezaba a formarse, rayos de luz cegadores rodeaban su silueta, nubes en todas direcciones hacían más impresionante la figura que se estaba formando en su interior. Cuando terminó por aclararse, se encontró con un anciano y el príncipe, sumamente inquieto, le preguntó:

- ¿Quién eres tú que mora dentro de mí?, ¿quién eres tú, que de pronto apareces ante mí dentro de mis pensamientos?, ¿cómo es que tú no eres un fruto mío?, ¿cómo es que has logrado penetrar hasta este punto que únicamente me pertenece a mí?. Y su voz, casi como un susurro pero con una majestuosidad impresionante, contestó:

- Tú hiciste una pregunta, yo vengo a contestarla. Estos rincones dentro de ti podrán estar aislados para todos los seres pero nunca para Dios. A lo largo del camino que has seguido has venido escuchando la voz que te hablaba desde el interior, pues bien, es tiempo que conozcas el origen de esa voz. Yo soy un enviado, todos los que conocen los primeros 7 principios del universo entran en contacto con el enviado; tú ya has conocido los primeros 7, es el momento de que entremos en contacto más directo. A partir de ahora tu camino no estará solo, yo estaré contigo en este lugar en donde me has descubierto, yo te guiaré, soy la síntesis del amor y la justicia, porque, más allá de todas las dualidades existen las fuerzas de unidad, el universo es binario en esencia, "todo lo que es uno se divide y todo lo que se divide se unifica". No lo olivides, el amor y la justicia se unen en un punto y aparezco yo a traerte la luz, a establecer el contacto, provengo de ese ser al que tú llamas Dios pero que cualquier nombre lo limita y por eso prefiero no llamarle de ninguna manera, EL ES QUIEN EL ES, no tiene nombre ni cuerpo, porque todos nosotros conformamos su cuerpo, yo soy tu enviado, porque he sido emanado por El y creado con este propósito. Así pues, hoy has descubierto el octavo principio.

Más allá del amor y la justicia existe la síntesis, el contacto, la iluminación, el enviado; todo aquel que domina los principios entra en contacto con el padre y aquí estoy yo. Descansa, libera tu mente de todos los pensamientos inútiles para que percibas la gloria del contacto.

Y el príncipe aquietó su mente, se sumergió en un dulce sueño e inmediatamente todo su ser empezó a renovarse, a sentir un fuego que corría por dentro de él, a sentirse uno con el universo; sintió que cada átomo, cada molécula de su cuerpo, empezaba a integrarse con las diferentes criaturas que él conocía, del universo; sintió que su cuerpo desaparecía; sintió que su conciencia se unía con todas las cosas; sintió que podía saber exactamente lo que estaba ocurriendo en cualquier rincón en el universo; sintió ese lazo que existe entre todas las criaturas del cosmos y todo eso pasaba mientras su nave se dirigía hacia ninguna parte, recorriendo un camino que llegaba hacia todos lados.

Hasta aquí el mensaje de hoy. Mis bendiciones quedan con todos ustedes y dejo las palabras en mi hermano. Que así sea.


DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1993 - 8:00 A.M.
MENSAJE RECIBIDO A TRAVES DEL HERMANO JESUS ALONSO GONZALEZ F.
PRIMERA PARTE Octava lección - FLORECIMIENTO DEL NIÑO INTERNO 

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Florecimiento del niño interno. Lección VII. (Kwan Yin)



Kwan Yin
Florecimiento del niño interno. Lección VII.


Sean bienvenidos, Yo soy KWAN YIN.

Continuemos con el viaje del príncipe.

Su nave enfilaba sin ninguna dirección determinada; ensimismado en sus propios pensamientos, dejaba que fuera el destino el que guiara su nave. El pensaba:

Si el universo está aquí para revelarme los 10 principios, no importa hacia dónde encamine mis pasos, sus leyes vendrán a mi encuentro. Ahora comprendo por qué aquel ser tenía tan poco interés en que yo le acompañara y por qué su nave no tenía una meta fija; en este momento me encuentro en la misma situación, mi vuelo por el espacio es circunstancial, lo que me interesa es descubrir los principios que me faltan conocer dentro de mí tal y como me fue anunciado.

Su nave empezó a ser atraída hacia un punto del espacio. El príncipe observó, primero, con curiosidad, después, con interés, el extraño fenómeno; su nave adquiría cada vez mayor velocidad y empezó a observar que pequeños asteroides y planetas también se dirigían vertiginosamente hacia el lugar del que no podía verse sino obscuridad, en el espacio. A medida que su nave adquiría mayor velocidad, observaba cómo, en realidad, pareciera que un sinfín de cuerpos espaciales estuvieran siendo atraídos hacia ese rincón obscuro del universo. El príncipe empezó a sentir un ligero estremecimiento.

¿Hacia dónde estaba siendo atraída su nave?. Un ligero presentimiento empezó a indicarle que corría peligro; sus pensamientos se sensibilizaron diciendo:

¿Qué puede haber en el universo que represente un peligro para otra criatura, si todas somos hijas del mismo Dios?.

Sin embargo, su velocidad era cada vez mayor y los planetas que iban delante de él en esa vertiginosa carrera empezaban a desaparecer, llegado a un determinado punto. El quería observar algo pero no podía ver nada, parecía como si todos los planetas empezaran a ser absorbidos por algo obscuro que se encontraba en esa región del universo. Mientras su nave se acercaba, sus pensamientos ya no pudieron ser controlados, el miedo lo estaba dominando.

¿Cuál sería el final de esa loca carrera?, ¿por qué los aerolitos y los planetas desaparecían de pronto ante sus ojos?, ¿qué era aquello que estaba atrayéndolo y por qué todas las criaturas, estrellas, soles y, tal vez hasta galaxias enteras, corrían sin parar hacia ese rincón del espacio?. Cuando el miedo era ya casi incontrolable, una voz de su interior, majestuosa y serena, habló dentro de él.

- Hijo mío, te aproximas a un hoyo negro, recuerda lo que te he contado acerca de ellos y manténte preparado porque muy pocos pueden salir de esta prueba.

El príncipe intentó serenarse, pero el anuncio de su Padre lo había llenado de inquietud. Empezó a ver que se acercaba hacia eso que no podía percibir, vio que las estrellas que estaban inmediatamente adelante de él se sumergían en esa profunda obscuridad y después desaparecían de su vista. Cuando vio que ya era inevitable su absorción, cerró sus manos y las unió en su pecho y pensó:

- Por ti Padre y en el nombre de Dios.

Sintió un ligero estremecimiento, había cruzado por la obscuridad; se sintió más ligero, su cuerpo parecía extraño, no tenía ya la noción de una nave, se sentía flotar en algo indefinido. Una sensación extraña lo invadía pero no podía ver nada; decidió esperar, aunque, en realidad, no tenía otra opción. Poco a poco, su cuerpo fue adquiriendo peso; poco a poco, sus movimientos se fueron restableciendo; poco a poco, se fue dando cuenta que se encontraba flotando en el espacio. Un fuerte estremecimiento sintió de pronto, cuando una voz, proveniente de todos lados del universo, le dijo:

- Viajero del espacio, abre bien tus ojos y observa las danzas cósmicas de los astros. La voz parecía provenir de arriba y de abajo, de adelante y de atrás, de todas direcciones, y, en ese espacio, se fue formando de pronto una nube y la nube pasó a convertirse en una pantalla gigantesca y, entonces, vio soles gigantescos que giraban vertiginosamente unos alrededor de otros; observó a los gigantescos soles que en su movimiento de rotación desprendían, en todas direcciones, trozos de su propio cuerpo, masas incandescentes que quedaban, después, girando alrededor de él; vio explosiones majestuosas que hacían que grandes lenguas de fuego surcaran el espacio produciendo una fantasía de colores; oía los estruendos y no sabía si lo que estaba observando era una pantalla o en realidad él se encontraba en medio de todo ese escenario.

Luego vio, cómo, las pequeñas porciones arrojadas por el sol se iban enfriando y observó, igualmente, cómo, de esos pequeños astros, ya fríos, empezaban a surgir pequeñas criaturas que se movían sobre su superficie; iban y venían hacia un lado y hacia otro y empezó a ver que esas criaturas peleaban y mataban a sus hermanos y mataban a otras criaturas que convivían con ellas y el príncipe, horrorizado, pensó:

¿Qué es esto?, personas que se matan a sí mismas, criaturas que destruyen a otras simplemente por placer. ¿Qué clase de mundo es éste. Y la voz que provenía de todas direcciones, contestaba:

- Es un mundo en formación.

- Sí, pero ¿qué criaturas serían capaces de matarse unas a otras, sin entender que todos somos iguales y que nuestro destino está en el mismo lugar, en aprender los principios del universo?. Y la voz contestaba:

- Son criaturas que están aprendiendo a vivir.

Y, mientras el diálogo se daba, la imagen crecía y crecía y podía ver a esas pequeñas criaturas que vivían en pequeñas construcciones que ellas mismas hacían y veía cómo, unas, se afanaban tratando de llevar lo necesario para aquellas que vivían junto a ellos y vio que esas criaturas se reproducían y formaban pequeñas colonias que ellos llamaban ciudades y, después veía, que otras extrañas criaturas se dedicaban a destruir a esas ciudades; y luego observaba cómo, la ciudad atacada, igualmente, empezaba a convertirse en atacante y unos y otros peleaban. La lucha era encarnizada, se mataban sin piedad, sin respetar a mujeres o niños; sin respetar las construcciones grandes o las pequeñas. Con mayor detenimiento pudo observar que no todas luchaban, que había unas cuantas que buscaban hacer la paz; observó que algunas deseaban todo para ellas, mientras que otras luchaban por el beneficio colectivo y observó, igualmente, que en algunas regiones había una increible riqueza de seres diferentes, plantas y animales, todos ellos conviviendo en armonía y observó, igualmente, cómo esos mismos seres, las extrañas criaturas que hacían la guerra, igualmente se empeñaban en destruir esos lugares llamados selvas y observó que de sus colonias salían grandes nubes que iban, poco a poco, destruyendo la capa de aire que rodeaba a su planeta y, entonces, el príncipe sintió compasión y dijo:

- ¿Cómo es posible que nadie ayude a esos seres?, ¿cómo es posible que no exista alguien en el universo que les explique cuáles son los principios que rigen la armonía?. Y, la mente que provenía de todas partes le contestó:

- Hay un sinfín de hermanos que lucha por enseñar a esas criaturas el secreto de la armonía y del correcto vivir, pero ellas son sordas y aún no son capaces de escuchar la voz que viene del universo.

- Pero, no puede ser, replicó el príncipe, tiene que haber alguna forma de explicarles que en el universo todo es paz y armonía y que ellos están quebrantándola; tiene que haber alguna forma.

- Y la hay, contestó la voz. Algunos de nosotros hemos tenido que descender a su superficie y nacer entre ellos para poder explicarles cuáles son los principios que rigen en el universo.

- Y ¿qué ha pasado? preguntó el príncipe.

- Observa, contestó la voz.

Y, entonces, la imagen cambió y se observaron tres cruces en un monte, una multitud rodeando a las cruces y una voz que como un lamento se elevaba diciendo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. El príncipe se llenó de indignación y dijo:

- Basta, no es posible que esto pase en una creación en el universo, yo ire ahí y les enseñaré cuáles son los principios que deben regir la vida de todos los planetas. Y la voz que provenía de todas partes, dijo:

- Sea como has dicho. Y un gran estallido obligó al príncipe a cerrar sus ojos, llevó sus manos a sus oídos y todo quedó en calma.

Cuando abrió los ojos se encontraba en una tierra extraña, desértica; él calzaba huaraches, un manto largo y un bastón. Muy cerca de él había una multitud que escuchaba con atención a un hombre que les decía: Bienaventurados los que sufren porque de ellos será el reino de los cielos. Y, entonces, el príncipe descubrió, que, ese ser al que escuchaba, era el mismo que él había visto en la cruz y recordó su diálogo con esa voz que provenía de todas partes y pensó: Ahora tengo la oportunidad de ayudar a este ser a enseñar a esta multitud. Sigilosamente, empezó a escuchar con atención y a observar las reacciones de la multitud ante las palabras de aquel profeta y, en su interior, decía: Ahora sí, todo será diferente, este es el momento en que podremos sacar, este enviado y yo, a este mundo, de las tinieblas.

Buscó entonces entrevistarse con el profeta pero resultaba sumamente difícil hacerlo; cada vez que preguntaba por El, una multitud de fieles y seguidores le decían:

- Hasta el Profeta nadie puede llegar, El irá a ti cuando El lo desee, pero nosotros somos los encargados de protegerlo, ya mucha gente desea su muerte y no te permitiremos acercarte a El, si es su deseo, El irá hasta ti. El príncipe recordó que en el universo todo está conectado y, entonces, mandó un pensamiento hasta la mente del Profeta y le dijo:

- Hermano mío, he venido aquí para ayudarte, yo sé que tu misión es difícil y sé que este mundo necesita mucho de tu ayuda pero aquí estoy, no estás solo. En ese momento, un coro de voces surgió, igualmente, de todas partes del planeta, diciendo:

- Gracias viajero, pero el Profeta nunca ha estado solo, nosotros lo acompañamos y estamos distribuidos en toda la superficie de este planeta, tu ayuda es bien recibida, pero no esperes cambiar el curso de los acontecimientos, porque las plantas toman un tiempo para crecer y dar fruto y las humanidades lo hacen también.

El príncipe se sintió desconcertado, había pensado que el Profeta se encontraba solo y ahora entendía que una misión de tal importancia, no podía ser dejada únicamente sobre los hombros de un ser, tenía que haber muchos y ahora él sentía que su ayuda no era tan importante, sin embargo, pensó:

- Si he venido a ayudar, así lo haré, y justo es que ponga todo mi empeño en ello. ¿En qué podré ayudar? preguntó a ese coro de voces mentales que le habían dado la información anterior y ya no se escuchó el coro, se escuchó la voz del Profeta diciendo:

- Hermano mío, sé que cuando llegaste aquí lo hiciste impulsado por la fuerza de tu amor; mi misión y la misión de todos los que me acompañan es la misma, "redimir a esta humanidad"; tú preguntas en qué puedes ayudar, yo te digo lo siguiente: En el paso de los siglos y de las edades, mis palabras serán tergiversadas muchas veces, mis principios serán complementados al arbitrio de muchas mentes que, queriendo ayudar a sus semejantes, irán degradando las verdades sublimes que hoy les he entregado; la historia cambia el curso de los acontecimientos, por eso, hoy que vienes del futuro, yo te encomiendo la siguiente misión. Revela, para esos que vivirán en el futuro, las siguientes palabras:

"Todo en el universo se mueve bajo el influjo de dos grandes fuerzas, el amor que todo lo une, que todo lo funde, que no es sino armonía, y la justicia, la fuerza que equilibra el amor, para que el universo entero no se funda nuevamente en un sólo átomo de luz. La justicia es la fuerza que mantiene a los astros girando unos alrededor de otros, que mantiene a los átomos en perfecto equilibrio, vibrando, uno, alrededor de otro. La justicia es la fuerza que mantiene a cada creación dentro de su línea de acción sin violar los derechos de los demás. Si por amor los seres se unen, por justicia, lo hacen en equilibrio y en armonía. Si por amor un ser se entrega a otro, por justicia, lo hace en perfecto equilibrio y respeto. Si por amor Dios ha creado a todo el universo, por justicia, le permite que su evolución sea gobernada por leyes. Son el amor y la justicia, las dos grandes fuerzas que regulan la armonía del universo". Ve y comenta esto cuantas veces te lo pregunten porque ésta es la misión que yo te he encomendado. Regresa a tu tiempo, porque, en este momento, nuestra misión está a punto de concluir.

La mente del príncipe percibió, entonces, la misma escena que observara dentro del hoyo negro; pudo ver la imagen del Profeta crucificado y, entonces, supo que sus palabras las había mandado desde la misma cruz. El príncipe sintió que su viaje había sido útil, ahora tenía una misión; se sentó, dejó a un lado el bastón, puso sus manos unidas sobre su pecho y dijo:

- Profeta, te has entregado por amor, yo, por justicia, revelaré tu mensaje a todo aquel que lo solicite, y, en ese momento, un estallido de luz lo envolvió y se vio viajando nuevamente con su nave.

La serena voz de su Padre se hizo presente en su mente. Amor y Justicia, el séptimo principio del universo. Y su nave se perdió en la inmensidad del espacio.

Mis bendiciones quedan en ustedes y me despido para reunirnos en la siguiente sesión.



DOMINGO 31 DE ENERO DE 1993 - 8:00 A.M.
MENSAJE RECIBIDO A TRAVES DEL HERMANO JESUS ALONSO GONZALEZ F.
PRIMERA PARTE Séptima lección - FLORECIMIENTO DEL NIÑO INTERNO.
 

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Florecimiento del niño interno. Lección VI.(Kwan Yin)


Kwan Yin
Florecimiento del niño interno. Lección VI.


Sean bienvenidos hermanos.

Continuemos con la narración del príncipe.

Después de la experiencia que había pasado en aquel mundo extraño y el enfrentamiento que tuvo con el ser de la piedra, el joven príncipe sentía deseos de estar solo, sentía que había muchas lecciones que aún no podía asimilar; sus pensamientos iban y venían tratando de recordar cada instante, cada palabra, cada imagen, de lo que había experimentado. Recordaba la extraña sensación que tuvo cuando vio que podía respirar bajo el agua. Recordó, igualmente, cuando lo sacaron del agua y sintió que se ahogaba y cómo aquel ser lo lanzó al espacio y empezó a volar y volvió a experimentar la dicha inefable de sentirse libre y remontarse por los espacios. Recordó su encuentro con la tormenta y cómo ésta lo precipitó hacia el fondo de un remolino. Trataba de recordar, paso a paso, la conversación que tuvo con aquel ser extraño de la piedra. Yo soy Dios, le había dicho, y no me interesa si tu te alejas o te acercas; si encuentras los 10 principios o si no los encuentras, siempre estarás dentro de mí, siempre serás parte de mí.

Mientras su mente recordaba las imágenes que había visto, una voz resonó en su interior:

“Hijo mío, hasta ahora has caminado por el mundo de los sentidos; el universo que nosotros habitamos está compuesto de dos partes, una de ellas la puedes ver, tocar, sentir, la otra, mora en tu interior. Los principios que hasta ahora has descubierto son aquellos que el universo ha reservado para el mundo de los sentidos; los otros principios no podrás encontrarlos a través de los sentidos, tendrás qué buscar dentro de ti, tendrás que aprender a descubrir ese mundo interior desde donde yo te estoy hablando. Ten presente mis palabras porque tu camino empezará a llevarte por terrenos aún más sorprendentes”. Las palabras callaron, el silencio se hizo en la mente del joven príncipe mientras él trataba de seguir escuchando más, dado que lo que le habían dicho carecía de significado, todavía, para él.

Su viaje siguió sin saber a dónde ir, sin tener algún punto fijo, sin tener prisa, sin estar perdido. De pronto, en su mente, aparecieron nuevamente las palabras que aquel ser le dijera: “No voy a ningún lado, ¿acaso tengo que tener un destino para viajar?”. Recordó que esas palabras le intrigaron y que ahora, ante lo que había escuchado internamente, tomaban un nuevo significado. Si los otros cinco principios se encontraban dentro de él, ¿qué importaba hacia dónde enfilara su nave?, ¿qué importaba si viajaba en una dirección o en otra, si iba hacia delante o hacia atrás?, su camino ahora empezaba a ser interior.

El príncipe se dijo a sí mismo:

Si lo que falta encontrar está dentro de mí, pues, entonces, buscaré en cada rincón de mi cuerpo, en cada rincón de mi mente, hasta encontrarlos, porque una nueva esperanza se ha despertado en mí; siento que he avanzado en el camino y siento que de aquí en adelante el resto deberá ser más sencillo.

Una luz iluminó su nave. Buscando, el príncipe, encontró que su recorrido lo había llevado hasta entrar en contacto con uno de los grandes anillos que rodeaban a un inmenso planeta. La nave se había iluminado con un color ligeramente naranja; encontró entonces, que todas las cosas que veía habían tomado el color naranja, su nave parecía extraña, él mismo se percibía extraño, todo era de color naranja. Poco a poco, el color fue cambiando al seguir la nave su recorrido y una luz azulada iluminó todo el interior de su nave; ahora todo se volvía azul, un azul tenue pero de agradable aspecto a sus ojos. Más adelante todo se tornó verde y, así, fueron transcurriendo color tras color y la mente del príncipe se despertó diciendo:

Yo sé que estos colores que hoy percibo en mi nave no son los reales, yo sé que estos colores están siendo influidos por la luz que proviene del exterior; ahora, debo preguntarme: ¿Cuál será el color real de las cosas que siempre he visto, éste que hoy estoy viendo a través de los anillos de este planeta, o el que siempre he visto y que es probable que también se encuentre influenciado por la luz que percibimos?. ¿Cuál es la verdad?, ¿cuál es la verdad de todas las cosas?. Y su nave atravesó los anillos y siguió viajando por el espacio, pero, en la mente del príncipe, había una pregunta sin respuesta.

Las cosas tal vez no sean como yo las he visto siempre, tal vez una luz de un especial color haya iluminado siempre las cosas haciéndome creer que son del color del que siempre las he visto, pero, cuando esa luz cambia, todo cambia y las cosas permanecen tan desconocidas y misteriosas como antes de haberlas visto. ¿Será así todo en el universo?, ¿será que lo que pasa con los colores de las cosas, también pasa con los olores, y también pasa con las sensaciones que se perciben al tocarlas?. ¿Será que nuestros sentidos nos engañan todo el tiempo y las cosas no son como parecen ser?. Y, entonces, en sus meditaciones, el príncipe cayó en sueños y, en su sueño, él veía que una extraña criatura se paraba frente a él y le decía:

“Vas a ser pequeño, muy pequeño, tu tamaño se reducirá infinitamente y, entonces, empezarás a conocer las cosas” y veía cómo el extraño ser alzaba su mano y él empezaba a reducir su tamaño, sentía que su cuerpo se encogía y se encogía de una manera increíblemente rápida y, de pronto, las cosas que antes percibía como pequeñas resultaban gigantescas ante sus ojos y su tamaño siguió encogiéndose y encogiéndose y vio que las cosas estaban formadas por pequeñas partículas, siempre girando o siempre vibrando; las formas que antes percibía desaparecieron y ante sus ojos se abrió un mundo maravilloso de planetas en movimiento.

Internamente, él sabía que esas partículas formaban el cuerpo de las cosas que él antes podía ver y tocar, pero, ahora, era tan pequeño, que era capaz de percibir a esas partículas, y su tamaño se seguía reduciendo, y las partículas que antes veía vibrar y moverse ahora resultaban tan grandes, que parecían soles y planetas. De pronto se vio parado en uno de ellos, era inmenso como un planeta y veía lunas girar en todas direcciones. Empezó a observar que ese planeta no estaba deshabitado, que había seres parecidos a él y que, en cierta forma, todo le resultaba familiar y él pensó:

Podría haber estado aquí y pensar que era mi planeta, sin embargo, sé que éste es uno de los pequeños corpúsculos que forman las cosas que en mi mundo normal son pequeñas; si no recordara que me he hecho pequeño, podría pensar que es mi mundo. En ese momento, el proceso de empequeñimiento se detuvo y empezó a hacerse grande y más grande y más grande nuevamente; el mundo se encogió, las partículas se hicieron cada vez más pequeñas y de pronto vio al ser que lo había hecho pequeño, siguió creciendo hasta tomar su tamaño normal y el extraño ser le dijo:

“Medita ahora en lo que has visto y piensa cómo transcurre el tiempo para esos seres”. Despertó de su sueño, muy extrañado, y el príncipe se vio en el espejo y vio su cara muy madura, parecía haber envejecido y un chispazo se abrió ante su mente.

Es probable que este mundo, esta nave, este espacio por el que voy viajando, en realidad, sea tan sólo una parte de un mundo infinitamente mayor, ¿cómo saber ahora cuál es mi verdadero mundo, si éste en el que me muevo, el otro en el que acabo de soñar o uno infinitamente grande en donde normalmente vivo y que por algún extraño fenómeno me he encogido hasta vivir en éste?. ¿Cuál es la verdad?. He aprendido que las cosas tal vez no sean del color que siempre las he visto y ahora entiendo que las cosas tal vez no tengan el tamaño que yo siempre había creído que tenían. Su confusión fue creciendo y creciendo, su mente parecía darle vueltas, se sentía profundamente turbado, detuvo la marcha de su nave y dejó que ésta vagara solitaria en el espacio, tomó una posición de meditación y empezó a llamar a su Padre.

Si las cosas no son como parecen ser, si el universo no es como yo creía que era, entonces, ¿quién soy yo?. Esos corpúsculos que vi en mi sueño seguramente también pueden estar dentro de mí, tal vez yo soy un conglomerado de corpúsculos en donde habitan otros seres, soy inmensamente grande e importante para ellos y, sin embargo, tal vez yo también sea tan sólo una parte de otro ser infinitamente mayor. ¿Quién soy?. ¿Quién eres tú, Padre?, atiende mi llamado, mi mente se encuentra confundida; esta nave, los seres a los que he conocido, las experiencias por las que he pasado, son reales o ¿han sido tan solo producto de mi imaginación?, ¿qué significa todo esto?. Pero, su Padre, no respondió.

Extendió su mano el príncipe y clavó su mirada en ella, preguntándose si dentro de su mano no vivirían humanidades enteras. ¿Hasta dónde llegaría esa interminable cadena de creaciones más pequeñas y, ¿hasta dónde llegaría el tamaño del universo, si se pudiera ver con los ojos de un ser gigantesco?. ¿Dónde estoy?, ¿quién soy?.

Sintió que sus ojos se empezaban a nublar de lágrimas, sintió una profunda tristeza, se sintió solo en medio del universo, sintió la importancia que para esos corpúsculos que formaban su cuerpo, para esas humanidades que vivían dentro de él, tenían sus decisiones. Por primera vez sintió, que, tal vez, su inmadurez, su falta de preparación, había afectado la vida de todos esos pequeños seres; sintió una profunda compasión por ellos, pues él no sabía cómo ser Dios para ellos, él no sabía dirigir sus vidas, pues ni él mismo había podido encontrar los 10 principios del universo. Un profundo amor surgió dentro de él hacia su cuerpo, hacia todo ese universo que él mismo llevaba dentro. Una gran energía de amor hacia él mismo y lo que representaba para esas criaturas que vivían dentro de él, surgió de su corazón y empezó a bañar cada rincón de su cuerpo y, entonces, una voz en su interior resonó solemnemente:

“Hijo mío, has encontrado el siguiente principio, tú eres un Dios para ellos, lo que tú decides afecta inevitablemente a tus criaturas. Cada célula de tu cuerpo y cada átomo que forman esas células son criaturas tuyas por las que tendrás qué velar y cuidarlas porque ellas dependen enteramente de ti. Recuerda las luces que viste, recuerda el sueño que tuviste y recuerda que, más allá de esos cuatro principios que aprendiste en tu experiencia anterior, se encuentra un quinto; más allá de lo sólido, más allá de lo líquido, más allá de lo gaseoso, más allá de lo ígneo, está la esencia de las cosas y esa esencia es la misma para todos; esos corpúsculos que hoy viste forman lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y lo ígneo, son las criaturas básicas que forman a todo el universo, recuérdalo siempre, recuerda que estás transportando a un universo dentro de ti, entiéndelo y sé consciente de ello, porque hoy, la luz se ha hecho en ti”.

Y la nave del príncipe reinició su marcha, sin ningún rumbo fijo, sin ninguna prisa.

Hasta aquí mis palabras y les dejo mi bendición. Que así sea.


DOMINGO 24 DE ENERO DE 1993 - 8:00 A.M.
MENSAJE RECIBIDO A TRAVES DEL HERMANO JESUS ALONSO GONZALEZ F.
PRIMERA PARTE Sexta lección - FLORECIMIENTO DEL NIÑO INTERNO.

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Ciegos que guían a otros ciegos

¡YO SOY Saint Germain!
¡Damas y caballeros he venido una vez más a honrar a todos aquellos que trabajan sin cesar en la auto perfección y en hacer todo lo posible para permitir que las energías de la Nueva Era penetren su mundo! ¡He venido hoy para permitirles recordar la época cuando muchos de ustedes estaban encarnados. Y he venido hoy como su Caballero Comandante! Debo recordarles el hecho de que hubo un tiempo en el que existían las órdenes de caballeros. Y debo recordarles que en esa época, así como en el presente, había verdaderos caballeros del Espíritu, listos para sacrificar sus vidas por los ideales. Y había aquellos quienes también usaron armadura y participaron en torneos. Sin embargo sus corazones eran fríos y no conducían la Verdad Divina ni los verdaderos ideales del mundo. En su tiempo también existen los verdaderos caballeros del Espíritu, que están listos para defender sus convicciones en cualquier situación de la vida. Y existen aquellos, quienes aparentan Enseñar, actúan por sus propios fines egoístas y tratan de llamar al rebaño y guiarlo de acuerdo con sus propios intereses. ¿No es una situación muy común en su sociedad? Mucha gente reúne grupos y tratan de guiarlos. Los ciegos guían a los ciegos. Hoy he venido a darles el impulso de la fe y la verdadera dirección a la que son llamados a seguir. Así, tomen como ejemplo el código de los caballeros. Existen los verdaderos ideales por los que hay que luchar y que no pueden traicionar. Y también existen los falsos ideales. Y cuando me dicen que no pueden distinguir, que no son capaces de distinguir si el líder que siguen es un pastor verdadero o falso, se están engañando. ¡Siempre saben la verdad! Sus corazones son el mecanismo más perfecto para hacer distinciones en su mundo. Y cuando no escuchan a su corazón empiezan a escuchar a su mente carnal, que siempre les está diciendo por qué es más conveniente y seguro seguir a alguien. Ahora ustedes deben obtener un concepto más definido de donde están los valores verdaderos y dónde están los falsos. La luna también brilla. Sin embargo brilla con la luz reflejada que irradia el sol. Por lo tanto, existen aquellos que conducen la verdadera Luz Divina a su mundo y existen aquellos que brillan con la luz reflejada. Es tan obvio como lo que ven cuando observan la luna y el sol. Están entrando a la Nueva Era. Y la principal cualidad que deben dominar en la Nueva Era es la cualidad de hacer distinciones. No necesitan ir a conferencias ni seminarios para dominar esta cualidad. Esta cualidad está inherente en todos desde el nacimiento. Todos ustedes en su niñez poseían esta cualidad de distinguir. Pero entonces, cuando entraron en el ambiente de los falsos valores que se apoderaron del mundo, cayeron bajo la influencia del ambiente circundante y empezaron a confiar en su mente carnal, y no en su corazón. Por lo tanto, su tarea es simplemente regresar a los verdaderos valores en sus vidas. El llamado al deber, la dignidad, la devoción, la fe y el amor corresponden a esos valores. Puedo enumerar muchas cualidades verdaderas, pero ustedes están bien conscientes de ellas. Y entonces, cuando se esconden tras los falsos ideales y tratan de seguir a esos falsos líderes, siempre saben en sus almas que están en un camino falso, porque en este caso son guiados por el interés. Tratan de obtener algo para ustedes mismos. No importa lo que sea, una buena relación, una vida cómoda y satisfecha, poder o dinero, satisfacción de sus deseos o antojos. En cualquier caso, es siempre algo que se opone a los valores Divinos y el verdadero Espíritu de la caballerosidad. Estoy consciente de que vivir en su mundo hace casi imposible seguir los valores Divinos, porque su mundo consiste hasta en noventa y nueve por ciento de valores falsos. ¡Pero justo ahora he venido a guiar a aquellos de ustedes que están listos para unirse bajo el estandarte de los Maestros Ascendidos! ¡Precisamente ahora los llamo a unirse bajo nuestro estandarte como su Caballero Comandante! Es muy fácil ganar una victoria cuando el enemigo es débil y poco numeroso. ¡Honor y alabanza a aquellos que, siendo la minoría, ganan victorias! Y ahora llamo justo a aquellos que están listos para sacrificar los beneficios momentáneos y aspiren a los valores eternos e imperecederos. Que están listos para dejar el mundo de las trivialidades de la ilusión y las luces brillantes de los anuncios y los oropeles deslumbrantes que los seducen, y salgan al campo de batalla a defender los verdaderos valores, que incluyen su devoción a la Hermandad y los Maestros y su fe y amor persistentes! ¡Estoy listo para guiar a aquellos, damas y caballeros, que no tienen miedo de dar un paso adelante en defensa de sus ideales ante las fuerzas superiores dominantes del adversario! Por lo tanto, por favor memoricen su código de honor, que en sus primeras líneas dice que no hay nada en su mundo de ilusión que tenga más prioridad y que esté antes que Dios y la obediencia de la Ley Divina. En base a esta declaración, todo el resto será claro para ustedes, y adquirirá un sentido diferente. Y su vida misma es un valor inferior a Dios, y a la obediencia a la Ley Divina, porque al sacrificar su vida por Dios, ustedes adquieren la Vida Eterna. Pero al seguir los intereses momentáneos y las pasiones del mundo de la ilusión, ustedes pierden su alma por siempre. Mi deseo para ustedes es que tomen el camino de defender la Verdad Divina. Justo ahora es el tiempo para que ustedes manifiesten su determinación y sus convicciones ante la cara de las fuerzas de la ilusión, que desvergonzadamente se ríen en sus caras. No creen que todavía haya personas para quienes la prioridad de sus vidas es seguir sus ideales. ¡Los llamo a que sigan sus ideales contra viento y marea! ¡A esto se le llama el verdadero Espíritu de la Caballerosidad! ¡A esto se le llama inmortalidad! ¡Les llamo a entrar en la Vida Eterna!
¡Les llamo a seguirme a mí, su Caballero Comandante!
¡Entramos con dignidad a la Nueva Era : La Era de Acuario!
¡YO SOY Saint Germain! 
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jueves, 30 de junio de 2016

El día y la noche. 2º (Omraam M. Aivanhov)



Omraam M. Aivanhov
El día y la noche. II


Hay un mundo iluminado en el que todo se distingue claramente: formas, colores, dimensiones, distancias, peligros... y hay otro mundo oscuro donde todo esto se difumina en beneficio de otras realidades. 

Y el hombre, que pasa una larga noche en el seno de su madre donde se forma y se prepara para salir al exterior, repite toda su vida esta alternancia: tan pronto despierta y sale de la noche, como se duerme y entra de nuevo en la noche. 
Y si Moisés ha escrito en el Génesis: «Hubo una tarde y hubo una mañana: primer día», se debe a que en el lenguaje esotérico, la tarde, o la noche, precede al día, es decir, a la manifestación.

La manifestación es el día; y la preparación, construcción y formación en la oscuridad y el caos, es la noche. 

La noche precede al día, y las creaciones más importantes se elaboran en la oscuridad. Entonces, ¿cómo se entiende que los Iniciados en la filosofía moral hayan asociado la noche al principio del mal y el día al principio del bien? ¿Por qué las tinieblas han sido siempre el símbolo del Infiemo y la maldad, y la luz el del bien, del Cielo? En realidad todo constituye una sola forma, un aspecto exacto, aunque limitado.

Cuando el sol sale por la mañana, todo se vuelve visible y preciso en el limitado espacio que ilumina: podéis informaros, orientaros, trabajar, calcular e investigar. 

Pero cuando se oculta, todo se difumina, y entonces no distinguís las formas ni los colores, pero veis la inmensidad, el espacio infinito, multitud de estrellas... 
Es tan grande y tan vasto que casi os hace perder la cabeza. Vuestra alma emprende el vuelo, se sumerge en esta inmensidad y se fusiona con otras existencias. 
La paz y la serenidad se apoderan de vosotros, porque ante esta inmensidad lo insignificante desaparece, y finalmente penetráis en la vida universal.

¿Es necesario menospreciar el valor del sol porque haya otros muchos soles en el universo?

No, pero tenemos que aprender el lenguaje de la naturaleza. ¿Cuál es la función del sol? La de individualizarnos, iluminarnos para que podamos estudiar y trabajar en beneficio de nuestra evolución, pues si no existiera sería imposible el hacerlo porque nos perderíamos en la inmensidad. 

El sol es absolutamente indispensable para poder individualizamos y ser conscientes.

El sol, la luna y las estrellas están representados en nosotros mismos. El sol está en nuestra inteligencia en forma de luz, y en nuestros sentimientos en forma de amor. 

En nuestro organismo está representado por el corazón, que es el centro de donde emana y se distribuye por la sangre para alimentar los órganos, a semejanza del Sol que nutre los planetas. Pero el verdadero centro de nuestra vida es el plexo solar, porque de él proviene la vida. Los rusos llaman a este lugar «jivot», que en búlgaro quiere decir «vida». 
Para ellos, «jivot» es toda la región del vientre, estómago y plexo solar. En el Evangelio se dice que cuando el hombre se purifique y se convierta en el Templo de Dios vivo, «de su seno brotarán manantiales de agua viva». El agua viva sale del plexo solar, y de ahí recibe también el niño la vida de la madre a través del cordón umbilical.

Si tomamos el Sol como símbolo del intelecto es porque el intelecto representa para nosotros la facultad capaz de iluminar las cosas, hacémoslas ver y comprender. 

Sin esta luz que proyecta somos ciegos, y si somos ciegos podemos desorientamos y perdemos. 
El intelecto representa en nosotros el sol en forma de entendimiento, comprensión, claridad y sabiduría. 
El intelecto es nuestro sol, pero, de momento, un sol que no siempre nos ilumina correctamente.

¿Qué papel desempeña el intelecto? Al igual que el sol, tiene la propiedad de individualizar las criaturas, separarlas de la colectividad y de la inmensidad, para hacerlas conscientes y capaces de estudiar. Por consiguiente es útil, pero al mismo tiempo, corta nuestros lazos con la verdadera realidad  la inmensidad. 

Podemos decir que destruye la realidad, porque nos la oculta; exactamente igual que el sol, el cual al impedimos abrazar la inmensidad con las otras estrellas, sólo nos permite ver una pequeña porción de tierra.

Por el momento, y tal como se manifiesta en ciertos pensadores, filósofos y hombres de ciencia, el intelecto es un asesino de la realidad. El es quien nos impide ver y comprender lo esencial, y cuanto más se fían de él, más se apartan del cosmos y de la inmensidad. ¿,Eso será así eternamente? No, porque en los proyectos de la Inteligencia cósmica el desarrollo del intelecto sólo es una etapa. Es evidente que la Inteligencia sabe que si el hombre sólo desarrolla el intelecto, se aislará de todo y terminará por volverse materialista, descreído y ateo. 

Pero también sabe que esto será pasajero, pues este intelecto inferior que mantiene sujeto al hombre al aspecto yerto, mecánico y muerto de la naturaleza, está unido al intelecto superior o cuerpo causal.

Recordad el esquema que representa al hombre con sus seis cuerpos: físico, astral, mental inferior, mental superior, búdico y átmico. En el centro se sitúan el cuerpo mental inferior  «manas», como le llaman los teósofos y el mental superior o cuerpo causal; ambos están unidos.

Por esto y gracias a sus actividades, el intelecto inferior terminará un día por despertar al intelecto superior. 

El hombre necesita poseer un intelecto que le permita desarrollarse como individuo y dominar el mundo material. 
Si viviese constantemente sumergido en la vida colectiva y universal, sería incapaz de trabajar en la materia. 
Este es el peligro que acecha a los místicos cuando no saben trabajar en ambas esferas y sólo se entregan al mundo nebuloso y lunar. Evidentemente experimentan algunas alegrías y éxtasis, pero sus trabajos terrestres perecen y también su cuerpo físico. Para poder desarrollarse armónicamente hay que trabajar en los dos planos.

El sol nos impide ver el resto de la creación, la cual, sin embargo, existe; en el universo encontramos incluso soles mucho más grandes y poderosos que el nuestro. 

El sol es necesario e indispensable, y aunque su luz nos impida ver la inmensidad, no hay que reprochárselo, porque este trabajo corresponde al intelecto. 
En un pasado lejano, cuando el intelecto de los seres humanos no estaba desarrollado y su conciencia tampoco estaba despierta en el plano físico, su vida era más bien psíquica, astral, habitaban en medio de los espíritus, se desdoblaban fácilmente y visitaban las regiones invisibles en las que veían las almas de los muertos y se comunicaban con ellas. 
Pero luego, la Inteligencia de la naturaleza decidió desarrollar el intelecto de los seres humanos, y actualmente este intelecto está tan desarrollado que la intuición, la clarividencia y el misticismo han quedado difuminados. Naturalmente algunos han conservado estas creencias, este contacto con las regiones sutiles, pero la mayoría está completamente al margen de todo ello porque trabaja mucho más con el intelecto.

Sin embargo, este intelecto que ahora ensombrece el mundo divino tiene la posibilidad de avanzar y de llegar un día a alcanzar y a unirse con la inteligencia superior, la inteligencia pura y sublime de las causas primeras. 

En este momento preciso, el hombre conocerá al mismo tiempo el mundo objetivo, concreto y material, y el mundo invisible, sutil, espiritual y divino. No hay que eliminar el intelecto porque de entre todas las facultades que Dios nos ha dado, ésta es precisamente la que nos permitirá reencontrarlo. 
Si no tuviéramos esta inteligencia, aunque sea mediocre y limitada, jamás podríamos encontrar nada.

Dios ha dado este intelecto a los seres humanos para que puedan encontrarlo; y no sería difícil si tuvieran un poco de buena voluntad. Tomemos un ejemplo: cuando se ha cometido un crimen, o unos atracadores han desvalijado un banco, la policía acude buscando indicios y tomando las huellas digitales. ¿Por qué? Sencillamente porque está absolutamente convencida de que todo acto, toda obra tiene un autor. Siguiendo el mismo razonamiento, ¿por qué los seres humanos no reconocen que si existe un universo con unas leyes, con un orden, con una armonía, es porque también hay un autor? ¡Ah, no! Cada cosa tiene su autor, pero la naturaleza con los océanos, las montañas, los soles, las constelaciones, y todos los seres vivos,¡no tiene autor...!

Como veis, éste es un razonamiento inconsistente.

No hay que subestimar el intelecto; nunca he querido disminuir su valor, sino sólo explicar cómo se manifiesta por ahora y en qué límites debe permanecer, sin desconocer su rol que es inmenso, pues gracias a él podemos descubrir al Creador, al Señor. Pero hay que obrar con lógica: si creemos que cada crimen tiene un responsable y la naturaleza toda no lo tiene, caemos en un absurdo total. ¡Para ciertas cosas las personas son incrédulas y para otras son de una credulidad impresionante! No creen en el Creador, ni en la Inteligencia cósmica, ni en el mundo divino, ni en la justicia, ni en la bondad, y sin embargo creen que cosecharán frutos sin haber plantado y sembrado nada. Si conociéramos la reencarnación y sus leyes, sabríamos que no hay que esperar, que hay que preparar el terreno para obtener lo que se pide, y que si hubiéramos trabajado en encarnaciones anteriores, tendríamos todo lo que deseamos en la vida.

Como podéis ver, los seres humanos no creen en la Inteligencia divina, pero sí en la estupidez, en el azar y en el absurdo. Algunos materialistas creen que los átomos se han armonizado entre ellos por azar, de manera que han creado cerebros inteligentes. Pero preguntad a un labrador si es el azar quien gobierna la naturaleza: os responderá que no se cosechan higos en las cepas de los viveros, ni ciruelas en los cardos. 

Y si sabe esto, también sabe que la inteligencia produce inteligencia, y el absurdo produce absurdo. Entonces, ¿cómo se entiende que los sabios puedan creer que un azar estúpido, insensato y caótico haya creado un mundo tan inteligentemente organizado? ¡Verdaderamente, es inaudito!


Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza
 

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El día y la noche.1º ( Omraam M. Aivanhov)



Omraam M. Aivanhov
El día y la noche. I


La naturaleza se manifiesta de muchas maneras: mediante el buen tiempo, la lluvia, la niebla, la nieve... La sucesión de estaciones - primavera, verano, otoño e invierno - y los cambios que ello comporta son como un lenguaje que hay que descifrar. Existe el día y la noche, la actividad y el reposo, la vigilia y el sueño; en todos los niveles encontramos las mismas alternancias. 

El día no representa otra cosa que la actividad, y la noche el reposo. Evidentemente, durante la noche, cuando dormimos, también realizamos un trabajo, pero se trata de un trabajo diferente que no tiene lugar en el consciente, sino en otra región que llamamos subconsciente.

Así pues, el día corresponde al consciente y la noche al subconsciente. 

El primero es el despertar y la actividad, y la segunda, el sueño y la pasividad. También podemos decir que el día representa el consumo  pues con la actividad se sobreentiende que hay gasto -, y la noche la recuperación, el restablecimiento. 
El consumo o gasto de energía no dura mucho si no hay una recuperación, es decir, si no restablecemos nuestras fuerzas y recargamos nuestras baterías.

Ahora bien, para recargarse hay que limpiarse y, precisamente, la actividad que realiza durante la noche el subconsciente está ligada a otras muchas, siendo la primera de todas ellas la limpieza:

Ciertos elementos perjudiciales y tóxicos desaparecen a fin de que la vías respiratorias, circulatorias y eliminatorias se liberen y todos los fluidos sanguíneos, nerviosos, etc..., puedan circular de nuevo.

El hombre realiza un gasto considerable de material y energía para estar activo, consciente y vigilante. 

No podéis imaginaros la cantidad de energía que consume el cerebro para mantenerse consciente, así como para permanecer despierto, ¡la energía que precisa, es increíble! Si se agotan las fuerzas y los materiales que le permiten mantenerse despierto, el hombre suele dormirse durante el día para poder recuperar lo que le falta, y a veces le bastan dos o tres minutos para sentirse restablecido y con las baterías recargadas.

El día y la noche los encontramos en todas partes y bajo diferentes formas. ¿Qué son la primavera y el verano? El día. ¿Y el otoño y el invierno? La noche. De noche la naturaleza entra en reposo, acumulando nuevas fuerzas para que la primavera y el verano den otra vez sus frutos.

Por este motivo en los árboles y las plantas la actividad cambia según las estaciones. Durante el otoño e invierno, el trabajo tiene lugar en las raíces y no alcanza al tronco ni a las ramas: el árbol no tiene hojas, flores, ni frutos. Corresponde al trabajo del subconsciente. Mientras que durante la primavera y el verano, la actividad cobra fuerzas y se sitúa más arriba, lo que corresponde al trabajo del consciente. Luego, una vez más, la actividad vuelve a disminuir y así sucesivamente.

Esta alternancia la encontramos en cada mes, en donde también encontramos el día y la noche: durante catorce días la luna crece, lo cual corresponde al día, y luego, durante los otros catorce días, la luna mengua, lo cual corresponde a la noche. Cuando la luna está creciente, la actividad se desplaza hacia lo alto, hacia el cerebro, y el hombre puede permitirse el gastar y producir más, ser más activo y enérgico. 

Cuando la luna está menguante, la actividad se desplaza hacia el vientre, el estómago, y los órganos sexuales; en este momento el hombre ya no es tan poderoso con su cerebro, pero si lo es con el subconsciente, es decir, es más sensual, come más, duerme más...

Así pues, un mes consta de quince días de claridad y quince de oscuridad. También en una jornada hay un día y una noche, e incluso en una hora encontramos el día y la noche. 

El día es la vigilia, la actividad y el consumo de energía, pero de no existir la noche para prepararlo, aquél no existiría. Pongamos un ejemplo: ¿Qué es la gestación? Una noche. 
El niño pasa nueve meses en esta noche: no es consciente, no ve nada, y, al mismo tiempo, tampoco a él le ve nadie, e incluso su propia madre apenas lo siente moverse. 
Como podéis comprobar la existencia es una noche que dura nueve meses y un día que dura noventa años, y en el intervalo habrán otros días y otras noches. Naturalmente todo lo que acabamos de comentar hay que entenderlo simbólicamente.

En el Génesis está escrita: «Hubo una tarde y hubo una mañana: primer día... Hubo una tarde y hubo una mañana: segundo día...» La tarde equivale a la noche y la mañana al día. ¿Por qué el Creador empezó por la noche? Porque no puede haber un día si antes no ha habido una noche. 

El día no prepara nada, sólo consume y malgasta lo que ha sido preparado y amasado durante la noche.

Antes de que aparezca el sol, la luna y las estrellas, se necesita una preparación en la oscuridad, en las tinieblas, en la noche. Según la Ciencia iniciática, la noche prepara la llegada del día, y las tinieblas la de la luz. Observad el carbón: es negro, y esta oscuridad precede a la llama que brotará de él. 

Así pues, en primer lugar existen las tinieblas, y a través de ellas surgirá la luz, pues son aquéllas las que preparan el nacimiento de la luz.

Las tinieblas representan la materia desorganizada, el caos, el trabajo del subconsciente, antes de que surja algo en la conciencia bajo la forma de luz, comprensión, entendimiento. Hay que saber trabajar con estas nociones, y el mejor momento de hacerlo con el subconsciente es cuando el cielo está cubierto y no hay sol. 

Hay días que conseguís tener éxito en vuestro trabajo espiritual con el consciente y con el supraconsciente porque el sol brilla y las condiciones atmosféricas y las corrientes electromagnéticas son favorables. Sin embargo, cuando estas condiciones son diferentes, ya no podéis hacer el mismo trabajo, y entonces tenéis que cambiar de actividad. 
Y puesto que este tiempo nublado y pesado corresponde a la noche, deberéis detener la actividad de vuestro cerebro y descender al plexo solar.

El plexo solar es la sede del subconsciente, mientras que el corazón lo es del consciente. El subconsciente está unido al cosmos, a la inmensidad, y representa el aspecto colectivo; por lo tanto, cuando os sumergís en él entráis en la vida universal, en el océano de la vida universal, os unís y os fusionáis con ella; a través del plexo solar vibráis con la inmensidad. 

Y cuando queréis convertiros en un individuo consciente, libre, separado, ascendéis de nuevo al cerebro. 
El cerebro individualiza a los seres humanos y el plexo solar los hace ingresar en la colectividad; con el plexo solar hacéis el trabajo correspondiente a la noche.

Durante el día os individualizáis, os sentís completamente desligados de los demás, e incluso podéis llegar a oponeros a ellos, a combatirlos. Por el contrario, durante la noche ya no tenéis vida individual, entráis en la vida universal, en la vida cósmica y os fundís con la inmensidad, extrayendo de ella fuerzas para restableceros, exactamente como hacen los peces, que en los mares y en los océanos nadan y se nutren de los materiales disueltos en ellos. Los seres humanos emergen y se sumergen en el océano cósmico, y esta alternancia es lo que llamamos el día y la noche, el consciente y el subconsciente, la vigilia y el sueño.

Los alquimistas comprendieron enseguida que las tinieblas preceden a la luz. Cuando hablan de «la luz salida de las tinieblas», dan por supuesto que es el resultado de un gran trabajo previo que se hace en la oscuridad. 

Y si se puede trabajar en la oscuridad, ello significa que la oscuridad en realidad no existe. Efectivamente, durante la noche reina una luz deslumbrante que los ojos físicos no pueden percibir porque es una luz astral. Lo que resulta tenebroso para algunos es luminoso para otros, y siempre coexisten en el mismo instante la luz y las tinieblas.

Se puede decir que la luz es hija de las tinieblas, porque es el niño que sale del seno de su madre y no a la inversa. 

La luz jamás ha parido la oscuridad porque ésta la rechaza, pero la oscuridad sí ha parido la luz. ¿De qué forma? Eso es un misterio: por medio del movimiento. Sin movimiento la luz no aparece. En primer lugar hay que frotar, golpear, originar un movimiento que produzca calor, y seguidamente este calor será el que se transforme en luz. Transponiendo este concepto al ser humano, puede decirse que la voluntad es la que origina el movimiento, y éste, a su vez, origina el calor, es decir, el amor; después, al intensificarse, el amor resplandece en forma de luz, inteligencia y sabiduría.

En un principio se encuentra la voluntad o el movimiento. 

La voluntad es algo oscuro, son las tinieblas. En ellas hay una actividad que no vemos y que produce calor, que tampoco vemos pero que sentimos. Finalmente, al intensificarse el calor aparece la luz. Este es exactamente el proceso de la creación. Está escrito en el Génesis; «y El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas». El agua representa la materia sobre la cual el Espíritu de Dios iba a trabajar. 
Este movimiento del Espíritu produjo el calor y éste se transformó en luz, como lo demuestran las siguientes palabras:

«¡Que exista la luz! ». Dios ha creado el mundo con la voluntad - el movimiento -, y con el amor y la sabiduría - el calor y la luz -. De la misma forma puede crear el hombre, pues el movimiento se halla en el plexo solar bajo la forma de vida, el calor está en el corazón bajo la forma de amor y la sabiduría en el cerebro bajo la forma de inteligencia. 

Por otra parte, si tenemos en cuenta la trinidad hindú: Brahma, Vishnúy Shiva, vemos que los Rishis de la India que penetraron en las profundidades de la creación, han situado a Brahma - El Creador - en la región del plexo solar, Vishnú - el Conservador - en el corazón, y Shiva - el Destructor - en el cerebro.

Como podéis ver, ¡cuántas materias nos quedan por profundizar!


Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza
 

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El libro de la naturaleza. ( Omraam M. Aivanhov)


El libro de la naturaleza.

Desde tiempos inmemoriales se ha considerado al hombre como un resumen del universo. Ha sido representado en los templos antiguos como la llave capaz de abrir las puertas del Palacio del Gran Rey, porque todo lo que existe en el universo como materia y energía se encuentra, en un grado menor, en el hombre. Por esta razón llamamos al universo «macrocosmos» - gran mundo -, y al hombre «microcosmos» - pequeño mundo -; y Dios es el nombre del Espíritu sublime que ha creado el gran mundo y el pequeño mundo, el que los ha vivificado y mantiene su existencia.

Para vivir y desarrollarse, este microcosmos que es el hombre debe permanecer en contacto y en unión permanente con el macrocosmos, la naturaleza; debe intercambiar incesantemente con ella, y a estos intercambios les llamamos vida.

La vida no es otra cosa que los intercambios ininterrumpidos entre el hombre y la naturaleza. Si éstos son obstaculizados, sobreviene la muerte. Todo lo que comemos, bebemos y respiramos, es la vida de Dios mismo. 
No hay nada en el cosmos que no sea vivificado y animado por el Espíritu divino. Todo vive, todo respira, todo palpita y comulga con esta gran corriente que brota de Dios e inunda el universo, desde las estrellas hasta la más diminuta partícula. San Pablo decía: «Vivimos y nos movemos en Dios, tenemos nuestra existencia en El».

El intercambio es la clave de la vida. 

La salud o la enfermedad, la belleza o la fealdad, la riqueza o la pobreza, la inteligencia o la estupidez, etc..., dependen de la forma en que el hombre realice estos intercambios. Todo es alimento, respiración, intercambios sin fin. Cuando comemos, realizamos intercambios en el mundo físico; cuando experimentamos sentimientos, los realizamos en el mundo astral; y cuando pensamos, los realizamos en el mundo mental. Como consecuencia de la manera de alimentarse, de respirar, etc... muchas personas obstruyen los canales de su organismo; el intercambio normal entre la naturaleza y ellos mismos no puede realizarse correctamente, y en consecuencia caen enfermos. Lo mismo sucede respecto al intelecto y al corazón. 
Si el intelecto y el corazón no reciben pensamientos luminosos y sentimientos cálidos de forma correcta, y si no rechazan los pensamientos y sentimientos negativos como se rechaza la ceniza y los desperdicios, las personas perecen.

Para ser feliz y vivir plenamente, el género humano debe aprender a realizar correctamente los intercambios y, sobre todo, a abrir su corazón a la naturaleza, a sentir que está ligado a ella, que forma parte de ella. Aquél que abre su corazón a esta corriente divina que atraviesa el universo, realiza el intercambio perfecto, despertándose un nuevo intelecto en él, gracias al cual empieza a captar las cuestiones filosóficas más sutiles. Si le preguntamos: «¿Sabe usted que tal filósofo ha escrito lo que usted dice?», No, lo desconoce, pero no es necesario que lo sepa. Lo que verdaderamente conoce es el intercambio, porque lo vive y lo siente. 

Está muy bien decir que tal pensador ha escrito esto o aquello, pero está mucho mejor aportar pruebas extraídas de la propia experiencia. En lugar de leer libros, es preferible unirse con la única fuente verdaderamente inagotable e inmortal: la naturaleza. De ahora en adelante, debemos aprender a extraer citas del gran libro de la naturaleza, en el que todo está inscrito, pues los hombres perecerán, y debido a sus imperfecciones, todos ellos se habrán equivocado de alguna manera, mientras que la naturaleza permanecerá eternamente viva y verídica.

Un gran Maestro, un gran Iniciado es un ser que conoce la estructura del hombre y de la naturaleza, así como los intercambios que debe realizar con ella mediante sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos. 

Por esta causa, los orientales afirman que se aprende más permaneciendo cinco minutos junto a un verdadero Maestro, que veinte años en la mejor universidad del mundo. Al lado de un Maestro se aprende la ciencia de la vida, porque todo gran Maestro lleva con él la verdadera vida.

La gran diferencia entre los estudios que se hacen en la Universidad y los de una Escuela iniciática, es que en la Universidad se aprende todo lo que es externo a la vida, y después de varios años de estudios no se ha producido cambio alguno, manteniéndose las mismas debilidades y las mismas imperfecciones. Naturalmente, quizá nos hayamos convertido en sabios distinguidos, célebres; quizá hayamos aprendido a manipular instrumentos, a hacer citas, a servirnos de la lengua, e incluso a ganar mucho dinero, pero las posibilidades de deformar la mentalidad de los demás también han aumentado. Por el contrario, aquél que estudia la ciencia iniciática experimenta, después de cierto tiempo, una profunda transformación en sí mismo: su discernimiento, su fuerza moral han aumentado, siendo una bendición para los demás.

Estudiar en la Universidad es como analizar un fruto en el laboratorio con la ayuda de procedimientos físicos y químicos; es aprender qué elementos componen la piel, la pulpa, las pepitas, el jugo, pero sin llegar a saborear jamás el fruto, sin llegar a descubrirlo con la ayuda de los instrumentos naturales que Dios ha puesto a nuestra disposición, sin llegar a experimentar los efectos. 

La Ciencia iniciática quizás no os enseñe nada sobre la composición física del fruto, pero os enseñará cómo comerlo, y vosotros, poco después, os daréis cuenta de que todos vuestros engranajes internos se han puesto en actividad, se han vivificado, equilibrado. Entonces podréis lanzaros a estudiar el gran libro de la naturaleza; descubriréis en él los aspectos físicos, químicos, astronómicos, mucho mejor explicados que en las obras de los universitarios, y veréis cómo están ligados entre sí.

Es útil profundizar en ciertas disciplinas, pues cada una de ellas nos revela un aspecto del universo y de la vida, pero debido a la manera que se estudia actualmente, sólo se profundiza en el lado muerto de las cosas. Un día nos daremos cuenta que hay que vivificar las ciencias, es decir, reerncontrarlas en todas las esferas de la existencia. Entonces, por ejemplo, las fórmulas matemáticas, las formas y las propiedades geométricas hablarán otro lenguaje, y descubriremos que nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestros actos están regidos por las mismas leyes. 

Esto es lo que yo considero la verdadera ciencia. De momento conocemos demasiada astronomía, demasiada anatomía, demasiadas matemáticas..., sin unir estas ciencias entre sí, y sobre todo sin unirlas con el hombre, con su vida.

Os daré un ejemplo. Creéis conocer las cuatro operaciones: suma, resta, multiplicación, y división. Pero en realidad no las conocéis en tanto no sepáis que la suma en nosotros es el corazón. Sí, el corazón sólo sabe sumar, siempre añade y, a menudo, lo mezcla todo. El que resta es el intelecto. En cuanto a la multiplicación, es la actividad del alma, y la división la del espíritu.

Considerad al hombre a lo largo de toda su existencia. 

Cuando es muy pequeño lo toca todo, lo coge y se lo lleva a su boca. La infancia es la edad del corazón, de la primera operación, la suma.

Cuando el niño se convierte en un adolescente y su intelecto empieza a manifestarse, rechaza todo lo que es inútil, perjudicial o desagradable: está restando. 

Más tarde, se lanza a la multiplicación, y entonces su vida se llena de mujeres, niños, casas, agencias, adquisiciones de todo tipo... Finalmente, envejece y piensa que pronto se va a ir al otro mundo; entonces hace su testamento, distribuyendo sus bienes entre unos y otros: divide.

Empezamos acumulando, a continuación despreciamos muchas cosas. Lo que es bueno debemos plantarlo para multiplicarlo. Aquél que no sabe plantar los pensamientos y sentimientos, no conoce la verdadera multiplicación. 

Mientras que aquél que sabe plantar, pronto ve como florece la cosecha, y a continuación puede dividir, distribuir los frutos recolectados. En la vida nos enfrentamos continuamente con las cuatro operaciones. Algo se debate en nuestro corazón de que no es sabio ni tiene una posición elevada. A veces multiplicamos lo que es malo y desperdiciamos lo que es bueno. Así pues, debemos comenzar por estudiar las cuatro operaciones dentro de la misma vida. Después podremos abordar las potencias, las raíces cuadradas, los logaritmos... Pero actualmente tenemos que conformarnos con estudiar las cuatro primeras operaciones, pues hasta ahora no hemos aprendido a sumar y a restar correctamente. A veces adicionamos con pillos rematados y otras veces sustraemos de nuestra cabeza un buen pensamiento, un ideal elevado, porque el primero que llega nos dice que con tales ideas, ciertamente, nos moriremos de hambre.

Todo lo que vemos a nuestro alrededor, todo lo que necesitamos para vivir, todo lo que hacemos tiene un sentido muy profundo. Incluso nuestros gestos cotidianos contienen grandes secretos, pero hay que saber descifrarlos. El Maestro Peter Deunov decía: «La naturaleza entretiene a los hombres vulgares, enseña a los discípulos, y sólo desvela sus secretos a los sabios». 

En la naturaleza todo tiene una forma, un contenido y un sentido. La forma es para la gente vulgar, el contenido para los discípulos y el sentido profundo para los sabios, para los Iniciados.

La naturaleza es el gran libro que hay que aprender a leer. 

Es la gran reserva cósmica con la que tenemos que estar en comunicación. ¿Cómo establecer esta conexión? Es muy simple: se trata del secreto del amor.
Si amamos la naturaleza, no para nuestro placer o distracción, sino porque ella es el gran Libro escrito por Dios, brota en nuestro interior un manantial que limpia todas nuestras impurezas, liberando los canales que están obstruidos y provocando un cambio, gracias al cual a1canzaremos la comprensión, el conocimiento. 
Cuando viene el amor, los seres y las cosas se abren como flores. Por eso, si amamos la naturaleza, ella hablará en nosotros, porque también nosotros formamos parte de ella.

Jakob Boehme, un gran místico alemán, era zapatero... 

Sin duda había merecido este privilegio en una encarnación anterior, pero un día fue iluminado súbitamente por una luz tan potente que le pareció insoportable: todos los objetos a su alrededor se habían vuelto luminosos.

Enloquecido, abandonó su casa y huyó al campo, pero en plena naturaleza fue todavía peor porque las piedras, los árboles, las flores, la hierba, todo era luz y ¡él hablaba a través de esta luz!... Muchos clarividentes y místicos han pasado por la misma experiencia y saben que en la naturaleza todo está vivo y lleno de luz.

A medida que cambian nuestras ideas sobre la naturaleza, modificamos nuestro destino. Si pensamos que la naturaleza está muerta, disminuye la vida en nosotros; si pensamos que está viva, todo lo que contiene, piedras, plantas, animales, estrellas..., vivifica nuestro ser y aumenta la fuerza de nuestro espíritu.


Omraam Mikhaël Aïvanhov
Los secretos del libro de la naturaleza
 

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