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viernes, 19 de agosto de 2016
Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO VI Y ULTIMO (LA VIDA PLANETARIA, UN CENTRO EN EL SISTEMA SOLAR).
CAPITULO VI
LA VIDA PLANETARIA, UN CENTRO EN EL SISTEMA SOLAR.
Ahora trataremos de aplicar cualquier conocimiento referente a la vida planetaria, que se manifiesta como un centro del sistema solar. También se estudiará su expresión secundaria a través de los tres centros mayores:
Shamballa, la Jerarquía y la Humanidad.
El concepto fundamental del hilozoísmo constituye la base de toda la enseñanza esotérica sobre el tema de la vida manifestada.
Cada forma está compuesta de muchas formas, y todas compuestas o simples son la expresión de una vida que anima o mora internamente.
La fusión de la vida con la sustancia viviente produce otro aspecto de expresión: la conciencia.
Esta conciencia varía según la receptividad natural de la forma, su grado de evolución y su posición en la gran cadena de la Jerarquía.
Sin embargo, por encima de todo concepto, está el concepto de la vida misma.
Existe hasta donde nos es permitido conocer sólo una Vida, expresándose como Ser, conciencia sensible y apariencia material. Esa Vida Una se conoce a sí misma (si puedo emplear tal término) como la voluntad de ser, la voluntad al bien y la voluntad de saber. Evidentemente constituyen términos y métodos que han sido organizados para impartir una mejor información.
Es también un breve preámbulo de otra afirmación que puede expresarse de la manera siguiente: El Logos planetario, Aquél en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, es la Vida que da forma y anima a este planeta, la Tierra; su vida integra al planeta en una totalidad y fluye por todas las formas grandes o pequeñas que, en conjunto, constituyen la forma planetaria. Mantengan en la imaginación, mediante esa facultad innata de construir símbolos que posee el hombre, el concepto de nuestro planeta como un gran loto compuesto de muchas energías entretejidas, localizadas dentro de la forma mayor del sistema solar, que como sabemos está representado por un loto de doce pétalos.
Este loto, la Tierra, responde a las numerosas energías entrantes, de las cuales me ocupé extensamente en mi libro Astrología Esotérica *.
En el corazón de este vasto mar de energías se encuentra esa Conciencia cósmica a la que damos el nombre de Sanat Kumara, el Señor del Mundo, el Anciano de los Días.
Su Voluntad de Ser trajo Su forma manifestada a la palestra tangible de la vida; Su Voluntad al Bien activa la Ley de Evolución y lleva Su Forma, con las innumerables formas menores de que está compuesta, a la gloria final que sólo Él ve y conoce.
Su conciencia y respuesta sensible a todas las formas, a todos los estados del ser y a todos los posibles impactos y contactos, garantizan el desarrollo de la conciencia de las innumerables vidas que existen dentro o sobre nuestra Tierra.
Este gran Centro de Existencia actúa por medio de un triángulo de energías o a través de centros menores, siendo cada uno llevado a la expresión activa por uno de los tres Rayos o Energías mayores.
El Centro creado por el Rayo de la Voluntad o Poder se denomina Shamballa, y Su mayor actividad consiste en conferir, distribuir y hacer circular el principio fundamental de la vida misma en cada forma retenida dentro del "círculo no se pasa" planetario de la Vida o Logos planetario.
Esta energía es el incentivo dinámico en el corazón de toda forma y la expresión sostenida de la intención de Sanat Kumara, intención que se manifiesta como el propósito planetario, conocido únicamente por Él.
El segundo Centro está creado por el Rayo de Amor-Sabiduría; es la energía fundamental que trajo al ser a todo el universo manifestado, porque es la energía del aspecto constructor.
A ella damos en lo que atañe a la humanidad el nombre de Jerarquía, porque es el factor que controla la gran cadena de la Jerarquía. La actividad principal de este Centro se relaciona con el desenvolvimiento de la conciencia del planeta y, por lo tanto, con todas las formas de vida dentro o sobre el planeta; en ningún sentido está relacionado con el aspecto vida.
La tarea de las "unidades de Energía" que constituyen el personal de este Centro reside en despertar y estimular el sentido de la percepción y de la conciencia, que responde en forma sensible a la vida de todas las formas.
Así como la actividad fundamental en Shamballa y a través de ella podría denominarse la Ciencia de la Vida o vivencia dinámica, también la ciencia fundamental mediante la cual la Jerarquía trabaja, podría denominarse la Ciencia de las Relaciones. Conciencia no sólo es el sentido de identificación o de autopercepción, sino que se refiere también al sentido de relación de este autoreconocimiento, el "Yo", con todos los demás yoes. La conciencia se desarrolla progresivamente, y los Miembros de este segundo Centro, la Jerarquía, tienen una tarea grande e importante que realizar en este ciclo particular del sistema solar específico, la de hacer comprender a los entes de cada reino de la naturaleza, el lugar, la posición, la responsabilidad y las relaciones.
Quizás esto no tenga relación con esas condiciones en que se hallan las unidades de vida, por ejemplo en el reino vegetal o animal; pero un destello de comprensión llegará si recuerdan que la simiente o germen de todos los estados de conciencia está latente en cada forma y los instintos de perpetuación y de maridaje son los campos de mayor fecundidad.
El tercer Centro es el Reino Humano, que fue traído a la existencia por la energía del tercer Rayo de Inteligencia Activa. Su función principal es la creación inteligente; sin embargo posee la actividad secundaria de relacionar los Centros segundo y tercero y asumir progresivamente el control de los reinos subhumanos y relacionarlos entre sí.
Esta función secundaria recién ahora adquiere tal proporción que puede ser reconocida y comprobada. Cada uno de estos tres Centros tiene un Triángulo de Energías o Triángulo Central que los rige y controla. Con relación a Shamballa este triángulo está compuesto por los tres Budas de Actividad, Que representan la Vida consciente e inteligente y la sabiduría y la creación activas, conscientes e inteligentes.
En conexión con la Jerarquía, el Triángulo central está compuesto por el Manu, que representa la amorosa e inteligente vida; por el Cristo que representa la amorosa e inteligente conciencia, y por el Mahachohan que representa la amorosa e inteligente actividad; representando en conjunto todos los aspectos de la vivencia, expresión y acción grupales; estas cualidades se enfocan principalmente a través del Mahachohan, porque Él es el Señor de la Civilización, y la civilización de la humanidad representa el crecimiento y el desarrollo progresivos.
Sólo en la última raza raíz humana aparecerá y actuará, abiertamente sobre nuestro planeta, el esencial Triángulo central en el tercer Centro planetario, la Humanidad.
Los hombres no están todavía preparados para ello, pero las zonas de actividad creadora consciente, de donde surgirá este triángulo de energías personificadas y actuantes, ya están en proceso de preparación. Un aspecto de este futuro triángulo emergerá del campo de los gobiernos mundiales, de la política y de los estadistas, otro de las religiones mundiales y el tercero del campo de la economía y de las finanzas mundiales.
En la actualidad no existen en la Tierra hombres de voluntad, amor e inteligencia espirituales; si surgieran en estos tres campos de expresión, poco podrían hacer, pues el sentido de reconocimiento y responsabilidad no está aún desarrollado; vendrán más tarde; entonces relacionarán el departamento del Manu con el del gobierno mundial, el del Cristo con el de las religiones mundiales y el del Señor de la Civilización con el orden social y financiero.
Esa época llegará con toda seguridad, pero sólo después de la exteriorización de la Jerarquía y de su abierta actuación en el plano físico. Entonces, algunos de los discípulos avanzados de cada uno de los tres departamentos jerárquicos, aparecerán y ensayarán el experimento de esta centralización y personificación de las tres cualidades del Triángulo central.
Así, por acción directa se descubrirá cuándo la humanidad está preparada para realizar el experimento de ser controlada directamente y si ha desarrollado el necesario sentido de responsabilidad responsabilidad que producirá cooperación. Estos tres Centros, por lo tanto, pueden ser representados de la manera siguiente: por un círculo, que representa toda forma de energía, por el triángulo central de energías que contiene las cualidades de los tres rayos menores, y por el punto en el centro que representa la Vida dinámica personificada.
En lo que respecta a Shamballa, ese punto es Sanat Kumara Mismo; cuando llegue el momento propicio (todavía no ha llegado) tendrá Sus Representantes como puntos centrales en la Jerarquía y en la Humanidad.
Para este acontecimiento relativamente lejano, la doctrina o teoría de los Avatares, de los Mediadores o de los Intermediarios, prepara o preparará el camino que permitirá a los hombres pensar en tales términos representativos e incluyentes.
No ha llegado aún el momento para la Jerarquía, en que el Divino Representante establezca su "residencia estatal". Buda aparece todos los años y trae fuerza de Sanat Kumara para la Jerarquía, pero no puede permanecer.
Las "unidades de energía", los Miembros de la Jerarquía, no pueden soportar durante mucho tiempo la poderosa cualidad de la vibración entrante, sino después de una debida preparación grupal y sólo durante breves minutos, sin embargo, el "período de potencia dinámico" se prolonga, durante este siglo, de uno a cinco días; en el próximo siglo se instituirá un período de registro más extenso. Al finalizar la era, los tres Centros mayores estarán en completa, unificada y sintonizada actividad, con Sanat Kumara en Shamballa influyendo e informando a Sus Representantes, en los Centros jerárquicos y humanos; entonces el Triángulo central, en cada Centro, no sólo funcionará activamente, sino que trabajará conjuntamente en estrecha relación, formando simbólicamente la "Estrella de nueve puntas, en continua rotación"; luego, el conjunto de energías de los tres Centros mayores dominará a los otros cuatro, lo cual controlará la manifestación de la Expresión de Vida en todos los reinos de la naturaleza.
Si consideramos la esfera de radiación de estos tres Centros mayores es interesante observar que, en esta época y en el actual ciclo mundial, la radiación más potente y la influencia de mayor alcance es la de la Jerarquía.
Además de "dar vida" a todas las formas sobre y dentro del planeta, la influencia o irradiación de Shamballa es restringida en forma consciente y definida hasta el momento en que la Jerarquía y la Humanidad puedan responder en forma constructiva. Es innecesario decir que se halla presente y evoca respuesta de quienes son capaces de penetrar en su esfera de radiación, pero se considera que aún existen demasiadas formas de expresión que no podrían reaccionar correctamente al trabajo del "Destructor de formas" siendo el aspecto más poderoso de este centro de primer rayo y el que primero se manifiesta, porque su tarea debe ser cumplida antes que puedan funcionar correctamente los otros dos aspectos de su potencia.
El centro llamado humanidad irradia todavía en forma inadecuada debido a que en la actualidad está desarrollado en forma impropia; su esfera de influencia es limitada; aunque los hombres ya comienzan a trabajar externamente en dirección a los reinos subhumanos y a atraer con mayor fuerza el reino de las almas.
Sin embargo, la Jerarquía no tiene restricciones internas, tales como las que consciente y deliberadamente se ha impuesto a sí misma Shamballa o que inconscientemente, se ha impuesto la humanidad; todo lo que impida la radiación jerárquica (si se me permite emplear tal término) provendrá de las formas sobre las cuales haga su impacto aquella irradiación, pero la influencia que sale del Triángulo central de la Jerarquía es única y de gran alcance.
Todo lo que hemos considerado se efectúa dentro del cuerpo etérico del planeta, porque todos estos centros existen sólo etéricamente y no son afectados por el hecho de que las "unidades de energía" de Shamballa o de la Jerarquía puedan estar actuando como vehículos físicos.
Algunas lo están, otras no.
Las Vidas condicionadoras, en ambos Centros, actúan solamente por medios etéricos, manejando y controlando energías; el Centro Humano, con sus "unidades de energía" actúa hoy, en gran parte, en niveles puramente físicos o por medio de ese tipo de sustancia que denominamos "materia"; los hombre trabajan con formas externas, con elementos tangibles y con factores materiales.
Las "unidades", en los demás Centros, trabajan con sustancia y no con materia. Esta distinción es muy importante y vital.
La Jerarquía existe en el plano búdico, el primero de los éteres cósmicos, y opera desde allí impresionando a la materia mental. Shamballa actúa en los niveles de los tres éteres superiores, mientras que la humanidad opera principalmente en los tres mundos del plano físico denso cósmico.
El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo tiene, en dicho plano, "unidades de energía" que pueden trabajar con materia y con sustancia. Existe aquí una diferencia muy interesante y muy pocas veces captada.
Hablando esotéricamente, se aplica la palabra "materia" o material, a todas las formas de los tres mundos; al ser humano común le es difícil comprender que la materia, considerada desde el ángulo espiritual, es el medio por el cual se efectúan los procesos mentales y con el cual se construyen todas las formas mentales; sin embargo, es así; sustancia hablando técnicamente y comprendida esotéricamente es en realidad materia etérica cósmica, o aquello que compone los cuatro planos superiores de nuestros siete planos.
Desde el punto de vista humano, la capacidad de trabajar con sustancia etérica cósmica y en ella, se demuestra ante todo cuando se despierta la mente abstracta y comienza a impresionar a la mente concreta; la intuición es una idea revestida de sustancia etérica, y desde el momento que el hombre responde a esas ideas, comienza a dominar las técnicas del control etérico.
Todo eso constituye, en realidad, un aspecto del gran proceso creador: las ideas que emanan de los niveles búdicos del ser (el primer éter o éter cósmico inferior) deben ser revestidas con materia de los niveles abstractos del plano mental; luego con materia del plano mental concreto; más adelante, con materia de deseos y, finalmente (si aún subsisten), toman forma física. Una idea es verdadera cuando viene de los niveles intuitivos de la conciencia divina. Es observada o captada por el hombre cuyo cuerpo tiene sustancia de la misma cualidad, porque la relación magnética entre el hombre y la idea ha hecho posible su captación. En el gran proceso creador él dará forma a la idea, si puede hacerlo, apareciendo el artista o el humanista creador, ayudando de esta manera a la intención creadora divina.
No obstante, las ideas pueden nacer sin vida y ser abortadas, no llegando a manifestarse.
El estudiante se da cuenta de que los tres Centros principales tienen sus analogías en el cuerpo etérico humano y cada uno de ellos se relaciona con su analogía superior; así pueden ser "impresionados", afectados y despertados por su correspondiente agente superior.
Podría decirse que:
1. La energía proveniente del centro planetario, Shamballa, utiliza el centro coronario, el loto de mil pétalos, cuando el hombre está suficientemente desarrollado.
Dicho centro es el agente de la voluntad divina en la vida del hombre espiritual, actuando a través de la Tríada espiritual. Sólo es activamente útil cuando el antakarana ha sido construido o está en proceso de construcción.
2. La energía proveniente del centro planetario, la Jerarquía, utiliza el centro cardíaco.
Este centro es el agente del amor divino (que manifiesta básicamente la voluntad al bien), actuando a través del alma del aspirante o discípulo individual; esto es posible cuando se logra, en cierta medida, contacto con el alma y el aspirante está en camino de convertirse en una personalidad fusionada con el alma.
3. La energía proveniente del tercer centro planetario, la Humanidad, utiliza el centro laríngeo y actúa a través de la personalidad integrada; únicamente lo utiliza cuando alcanza un grado relativamente elevado de desarrollo evolutivo.
El centro laríngeo sólo se despierta en forma creadora y espiritual cuando la naturaleza inferior ha sido hasta cierto punto subordinada a la aspiración idealista, aspiración que no ha de ser espiritual ni religiosa y por lo tanto restringida, como la considera el pensador ortodoxo, sino que debe ser de naturaleza tan amplia que el hombre integrado constituye su instrumento, lo cual le exigirá que ponga en actividad toda su facultad creadora.
En este sistema solar, el centro cardíaco es el que comúnmente se despierta primero y entra en actividad; apenas hay vida y cierta actividad en ese centro, los otros dos centros mayores comienzan a despertarse. Su analogía se observa en el hecho de que la Jerarquía es el factor mediador entre los centros coronario y laríngeo planetarios y entre Shamballa y la Humanidad. Por esto se hace hincapié en el aspecto corazón, en todas las enseñanzas.
Existen dos centros que se consideran "agentes receptores y distribuidores":
1. El centro ajna, en el entrecejo, especialmente en esta etapa del desarrollo humano, actúa en conexión con los tres centros mayores, como distribuidor de la fuerza del alma y de la energía espiritual, provenientes de los centros cardíaco y laríngeo.
2. El centro plexo solar actúa en conexión con el sacro y con el centro ubicado en la base de la columna vertebral, el centro de la vida, actuando también con todos los centros subsidiarios que están abajo del diafragma, reuniendo y trasmutando sus energías y trasmitiendo al principal centro superior "aquello que ha sido purificado".
Se podría agregar que la voluntad de ser es, desde cierto punto de vista, la energía de la inmortalidad; penetra y actúa a través del centro coronario, mientras que la voluntad de vivir se manifiesta como el instinto, fundamental de autoconservación y está positivamente enfocada en el centro que se encuentra en la base de la columna vertebral, que está relacionado con la personalidad e íntimamente aliado al deseo y por lo tanto al plexo solar; hay una línea directa de energía entre el centro inferior en la columna vertebral y el plexo solar, que aún no ha sido reconocida; la otra está vinculada con el hombre espiritual divino y estrechamente aliada al alma y, por lo tanto, al centro cardíaco.
Le resulta difícil al neófito comprender la complejidad de todas estas relaciones, dificultad que se acrecienta debido a las numerosas y variadas etapas de desarrollo, a las diferenciaciones de rayo y también a los innumerables principios o énfasis puestos sobre los vehículos y sobre los distintos planos y niveles planetarios de conciencia y de existencia.
Al estudiante no se le pide que se ocupe de esto.
Los factores de importancia que debe comprender y sobre los cuales ha de construir el templo de su vida y su actual modo de vivir, son los mismos para cada uno y para todos, no importa el rayo a que pertenezca ni su grado de evolución:
1. El cuerpo etérico del hombre es parte integrante del cuerpo etérico planetario, y responde a la libre distribución de las innumerables energías circulantes.
2. Los tres vehículos periódicos que componen la expresión del ser humano y hace que sea lo que es (la Mónada, el Alma y la Personalidad) están relacionados con los tres centros planetarios: Shamballa, la Jerarquía y la Humanidad y, por lo tanto, con cada uno de los tres centros principales individuales del hombre.
3. Los tres centros del ser humano que se hallan arriba del diafragma (el coronario, el cardíaco y el laríngeo) son órganos receptivos de las energías que proceden de los tres centros planetarios.
4. El centro ajna, entre las cejas, es el agente que distribuye las energías recibidas de los centros coronario, cardíaco y laríngeo. 5. El agente purificador, transmutador y trasmisor de las energías de todos los centros que se hallan abajo del diafragma es el centro plexo solar. Por medio de este centro actúan hoy la mayoría de los seres humanos.
Es el centro que ejerce mayor control, ya sea para la recepción o para la distribución de energía; esto sucederá hasta que el centro cardíaco se despierte y comience a ejercer control sobre la personalidad.
Lógicamente mucho más podría decir sobre el tema de los centros mayores planetarios y humanos, pero ya he dado al lector suficientes elementos para reflexionar (casi diría, para devanarse los sesos).
Es importante tener presente la relación que existe entre:
1. Los centros que se hallan abajo y arriba del diafragma.
2. Los centros mayores.
3. Los centros mayores y los tres planetarios.
Debemos considerar todo esto en términos de energías que circulan y se mueven libremente, distribuyéndose por todo el cuerpo etérico del planeta (y en consecuencia, por todo el cuerpo etérico humano) de acuerdo al propósito esencial de Shamballa y bajo la dirección de la Jerarquía.
El tema de las relaciones es el canon fundamental del proceso evolutivo de desarrollo en el actual segundo sistema solar (formado por tres sistemas), el del Hijo, donde la cualidad del segundo aspecto divino, el Amor, se está perfeccionando.
El hombre participa al principio, inconscientemente, en este proceso de perfeccionamiento durante el extenso ciclo de desarrollo evolutivo, de acuerdo a la Ley de Necesidad; pero cuando se convierte en aspirante y da los primeros pasos en el camino hacia la madurez espiritual, empieza a desempeñar un papel crucial que mantendrá hasta lograr la liberación espiritual y convertirse en un miembro de la Jerarquía, el quinto reino o espiritual, por medio del perfecto servicio en el cuarto reino o humano.
La relación entre los reinos cuarto y quinto aumenta continuamente, proporcionando nuevos poderes y una mayor vivencia vital en la familia humana, lo cual es registrado conscientemente por los miembros más avanzados.
La distribución de energía desde la Jerarquía ofrece una secuencia muy interesante sobre la cual daré breves indicaciones. Como sabemos, la Jerarquía es el Ashrama del Señor de Amor, el Cristo; también sabemos que este principal Ashrama está formado por los siete Ashramas de Rayo; cada uno tiene en su centro a un Chohan o Maestro de sabiduría y cada uno de los siete Ashramas está vinculado a uno o más Ashramas subsidiarios.
Un Ashrama es una fuente de donde emana la impresión jerárquica hacia el mundo.
Sus "energías impulsoras" y sus incitantes fuerzas están dirigidas a expandir la conciencia humana, mediante las vidas magnéticas de los miembros del grupo, a medida que desempeñan sus deberes, obligaciones y responsabilidades en el mundo externo, siendo ayudado también por la constante actividad vibratoria de los miembros del Ashrama que no están en encarnación física, así como también por el pensar unido y claro y la convicción de todo el Ashrama.
Los principiantes, la mayoría de los aspirantes son (aunque no todos), por lo general absorbidos por la idea del Ashrama.
Los discípulos entrenados son absorbidos por el trabajo a realizar, y el Ashrama como Ashrama tiene poca cabida en sus pensamientos; se hallan tan preocupados con la tarea que tienen por delante, con la necesidad de la humanidad y con aquellos a quienes deben servir, que rara vez piensan en el Ashrama o en el Maestro "que está en su centro".
Son parte integrante de la conciencia ashrámica y su ocupación consciente se denomina, en los escritos antiguos, "la emanación de lo que fluye a través de ellos, la enseñanza de la doctrina del corazón, de la verdad misma, radiación de la luz de la vida, llevada por la corriente a la que el no-iniciado da el nombre de "la luz de amor".
Existe un Mántram esotérico que personifica esta actitud –la actitud del discípulo que lucha, en el esfuerzo mancomunado, para vincular la intención jerárquica con la aspiración humana y así acercar a la humanidad a su meta.
La intención de la Jerarquía consiste en aumentar la capacidad del hombre para alcanzar la libertad a fin de actuar con efectividad en esa "vida más abundante" que traerá Cristo y que exige que el espíritu del hombre sea libre libre para acercarse a la divinidad y para escoger el Camino de ese acercamiento.
El Mántram se denomina "La Afirmación del Discípulo". Involucra ciertos internos reconocimientos y aceptaciones, fácilmente percibidas por aquellos cuya intuición está suficientemente despierta; su significado no deberá estar más allá de la capacidad de penetración de cualquier estudiante y pensador sincero y, si ello los atrae, hallarán significado y justificación a su esfuerzo.
Soy un punto de luz dentro de una luz mayor. Soy una corriente de energía amorosa dentro de la corriente de Amor divino.
Soy un punto de fuego del sacrificio, enfocada dentro de la ardiente Voluntad de Dios. Y así permanezco. Soy un camino por el cual los hombres pueden llegar a la realización Soy una fuente de fuerza que les permite permanecer. Soy un haz de luz que ilumina su camino. Y así permanezco.
Permaneciendo así giro Y huello el camino de los hombres Y conozco los caminos de Dios. Y así permanezco. Notas: * Tratado sobre los Siete Rayos, T. III
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miércoles, 17 de agosto de 2016
Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO V (LA NATURALEZA DEL ESPACIO)
CAPITULO V
LA NATURALEZA DEL ESPACIO.
Ciertas amplias generalizaciones respecto al cuerpo etérico pueden ser traídas a colación en este punto.
Su existencia, en relación a todas las formas tangibles y exotéricas, es aceptada hoy por muchas escuelas científicas; sin embargo, la enseñanza original ha sido modificada a fin de que esté de acuerdo a las teorías usuales de la energía y sus formas de expresión.
Hoy, los pensadores reconocen de hecho la naturaleza de la energía (empleo los términos "de hecho" premeditadamente); la energía es ya considerada como todo lo que ES; la manifestación es manifestación de un mar de energías, con algunas de las cuales se construyen las formas, otras constituyen el medio en que viven, se mueven y tienen su ser dichas formas, y aun otras animan tanto a las formas como a su medio ambiente sustancial.
Debe recordarse también que las formas existen dentro de las formas, tal es la base del simbolismo representado en las esferas de marfil talladas por los artífices chinos, donde una bola está dentro de otra, primorosamente talladas, aunque libres y sin embargo confinadas.
Un ejemplo lo tenemos en nosotros mismos, cuando nos hallamos en una habitación, somos una forma dentro de otra forma; esa habitación es una forma dentro de otra que es la casa, y ésta a su vez es similar a otras casas, colocadas unas sobre otras o al lado de otras, y juntas constituyen una forma mayor.
Sin embargo, estas diversas formas están compuestas de sustancia tangible que al ser coordinadas y reunidas por algún canon o idea reconocida en la mente de algún pensador crea una forma material.
Esta sustancia intangible está compuesta de energías vivientes que vibran en estrecha relación; no obstante, tiene su propia cualidad y vida cualificada.
Gran parte de esto fue considerado en Tratado sobre Fuego Cósmico y sería de utilidad volver a releerlo.
No lo repetiré aquí porque trato de encararlo de otra manera. Sería útil señalar que todo el universo es etérico y vital por naturaleza, y de una extensión que excede las cifras astronómicas, y está fuera de la comprensión de la mente más aguda de la época, si esta afirmación tiene sentido.
Esta extensión no es calculable ni siquiera en términos de años luz; dicha zona etérico cósmica es campo de incontables energías y base de todas las computaciones astrológicas; es el escenario de todos los ciclos históricos cósmicos, del sistema y planetarios y está relacionada con las constelaciones, los mundos de los soles, las estrellas más distantes y los numerosos universos conocidos, como también con nuestro propio sistema solar, los innumerables planetas y con este planeta sobre el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, así como también con la forma más ínfima de vida, conocida por la ciencia y comprendida por ese término sin sentido: "átomo".
Todo existe en el Espacio, el cual es etérico por naturaleza, y según dice la ciencia esotérica, el Espacio es una Entidad.
La gloria del hombre reside en el hecho de que es consciente del Espacio y puede imaginar dicho espacio como el campo de la actividad viviente divina, plena de formas inteligentes y activas, cada una ubicada en el cuerpo etérico de esta Entidad desconocida, y todas relacionadas mutuamente por medio del poder, que no sólo mantiene su existencia sino que conserva su posición en relación con las demás; cada una de estas formas diferenciadas posee, no obstante, su propia vida diferenciada, su propia y excepcional cualidad o colorido integral y su propia específica y peculiar forma de conciencia.
El cuerpo etérico vasto y desconocido, en cuanto a su extensión es de naturaleza ilimitada, y de capacidad estática, hablando comparativamente; conserva una forma fija de la que nada sabemos, la forma etérica de la Entidad desconocida.
A esta forma la ciencia esotérica da el nombre de ESPACIO; es la zona fija donde toda forma, desde un universo hasta un átomo, encuentra su ubicación.
Hablamos a veces de un universo en expansión, queriendo significar, en realidad, que es una conciencia que se expande, porque este cuerpo etérico de la Entidad llamada Espacio, es el receptor de muchos tipos de energía penetrante que produce formas, siendo también el campo de la actividad inteligente de las Vidas que moran internamente en el universo, en las numerosas constelaciones, en las distantes estrellas, en nuestro sistema solar, en los planetas que se hallan dentro del sistema y en todo lo que constituye la suma total de estas formas separadas y vivientes.
El factor que las relaciona no es más que la conciencia, y el campo de percepción consciente es creado mediante la interacción de todas las formas vivientes inteligentes, dentro de la zona del cuerpo etérico de esa gran Vida que llamamos ESPACIO.
Cada forma dentro del cuerpo etérico es como un centro en un planeta o en un cuerpo humano, y esta semejanza basada sobre lo que he dado aquí respecto a los centros humanos es correcta y puede ser comprobada.
Cada forma puesto que constituye una zona compuesta de vidas sustanciales o átomos es un centro dentro del cuerpo etérico de la forma, de la cual es parte integrante.
Como base de existencia tiene un punto dinámico viviente que integra la forma y mantiene su ser esencial.
Esta forma o centro grande o pequeño, un hombre o un átomo de sustancia está relacionada con todas las otras formas y energías que se expresan en el espacio circundante, siendo automáticamente receptiva para unas y rechazando a otras, por el proceso de no reconocimiento.
Trasmite o retrasmite las energías que irradian de otras formas y a su vez se convierte en un agente de impresión; por lo tanto podrá verse dónde se unen y fusionan las verdades diferenciadas, obligándonos a usar los mismos términos para expresar las mismas verdades o ideas.
Además, cada punto de vida dentro de un centro tiene su propia esfera de radiación o su propio y creciente campo de influencia, campo que depende necesariamente del tipo y de la naturaleza de la Conciencia que mora en él.
Esta interacción magnética, entre los numerosos y extensos centros de energía del espacio, es la base de todas las relaciones astronómicas entre universos, sistemas solares y planetas.
Sin embargo, recuérdese que el aspecto CONCIENCIA hace que la forma sea magnética, receptiva, repulsiva y trasmutadora; esta conciencia difiere de acuerdo a la naturaleza de la entidad que da forma o actúa a través de un centro, grande o pequeño.
Recuerden también que aquello que fluye por todos los centros y anima la totalidad del espacio es la vida de una Entidad; es la misma vida que existe en todas las formas, limitada en tiempo y espacio por la intención, el deseo, la forma y la cualidad de la conciencia moradora; los tipos de conciencia son numerosos y diversos, pero la vida es siempre la misma e indivisible, pues es la VIDA UNA.
La esfera de radiación está condicionada siempre por el punto de evolución de la vida dentro de la forma; la vida misma es el factor que correlaciona, integra y relaciona un centro con otro y establece contacto; la vivencia es la base de toda relación aunque esto no sea inmediatamente evidente para el lector; la conciencia cualifica el contacto y colora la radiación.
Aquí veremos nuevamente la misma triplicidad fundamental, a la que di los nombres de Vida, Cualidad y Apariencia en un libro anterior. (1) En consecuencia una forma es un centro de vida dentro de algún aspecto del cuerpo etérico de la Entidad llamada Espacio, en lo que respecta a una existencia animada y viviente, como la de un planeta.
Lo mismo ocurre con todas las formas menores, como las que existen sobre y dentro de un plano.
Este centro contiene en sí un punto de vida relacionado con todas las energías que lo rodean; posee su propia esfera de radiación o influencia, que depende de la naturaleza o fuerza de su conciencia y del factor dinámico condicionador de la entidad que anima su vida mental.
Estos puntos merecen una cuidadosa consideración. Finalmente, cada centro posee su triángulo central de energías; una de ellas expresa la vida animadora de la forma; otra, la cualidad de su conciencia; mientras la tercera vida integrante y dinámica que mantiene unida la forma y la conciencia en una vivencia expresiva condiciona la radiación de la forma, su sensibilidad o insensibilidad, a la energía circundante, a la naturaleza general de la vida que le da forma, más su capacidad creadora.
Gran parte de lo que he dado aquí sirve para dilucidar lo que he escrito sobre astrología esotérica; (2) les dará la clave de esa ciencia de relaciones, clave esencial de la astrología, y también de la ciencia de Laya Yoga.
Esta última ciencia (afortunadamente para la raza aria) ha caído en desuso desde los últimos días de la Atlántida; sin embargo, será restaurada y utilizada en una vuelta más alta de la espiral, durante los próximos quinientos años, cuando sea correctamente interpretada y debidamente restaurada; no se pondrá el énfasis sobre la naturaleza del centro involucrado sino sobre la cualidad de la conciencia, que caracteriza a cualquier centro, que necesariamente condicionará su esfera de radiación.
De acuerdo a la gran Ley de Correspondencia o Analogía, el estudiante puede aplicar, todo lo que he dado aquí, a cada forma de vida: a un universo, a un sistema solar, a un planeta, a un ser humano o cualquier forma subhumana, y al átomo más insignificante de sustancia (¡y todo lo que para ustedes signifique este último término!)
Notas: (1) Tratado sobre los Siete Rayos. T. I. (2) Tratado sobre los Siete Rayos. T. III – El Destino de las Naciones.
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Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO IV (LOS CENTROS Y LA PERSONALIDAD)
CAPITULO IV
LOS CENTROS Y LA PERSONALIDAD
Consideraré ahora los centros, como factores que controlan la vida de la personalidad en los tres mundos y su mutua relación, estudiando el tema desde el punto de vista de su relación con uno de los tres centros mayores planetarios Shamballa, la Jerarquía y la Humanidad en conexión con:
1. El Punto en el Centro.
2. Las Energías Relacionadas.
3. La Esfera de Radiación.
4. El Triángulo de Energía.
El tema es sumamente abstracto; la siguiente afirmación fundamental servirá para esclarecerlo parcialmente; esta afirmación ha sido expresada pocas veces.
La expondré con la máxima sencillez: Los centros que están debajo del diafragma, por ejemplo el plexo solar, el sacro y el centro de la base de la columna vertebral, son controlados por los cuatro éteres del plano físico planetario; los centros que están arriba del diafragma, el cardíaco, el laríngeo, el ajna y el coronario, son controlados por los cuatro éteres cósmicos a los que damos los nombres de energías de los planos búdico, átmico, monádico y logoico, respectivamente.
Esta afirmación encierra un sentido nuevo; crea una relación fundamental, haciendo factible el hecho de que así "como es arriba así es abajo". Reflexionen sobre esto. Tiene serias implicaciones.
Los centros que se encuentran debajo del diafragma durante el proceso evolutivo están controlados por los éteres primero, segundo y tercero, contando de abajo arriba; cuando la evolución ha llevado al aspirante al punto de integración personal, entonces las energías del plano más elevado, el atómico-etérico, pueden controlar y controlan.
Cuando ello ocurre, existe la posibilidad de que las energías de los planos etérico cósmicos activen, a su máxima expresión, los centros que se hallan arriba del diafragma. Esto sucede en el Sendero del Discipulado y en el de la Iniciación.
Este interesante proceso de transferencia de energías tiene varios nombres, tales como "sustitución de radiación", "aunamiento energetizante" y "luz inspiradora de energía reflejada".
Estos términos son ensayos que tienden a expresar en palabras, si bien bastante inadecuadas, lo que sucede cuando las energías superiores son sustituidas por las inferiores; cuando la "atracción" magnética de las energías espirituales eleva y absorbe a las inferiores, relacionadas principalmente con la vida de la personalidad, y cuando la luz reflejada de la Tríada espiritual y de la Gloria monádica son trasferidas a los centros superiores de energía del último vehículo empleado por el ser humano desarrollado.
Poco se ha dado hasta ahora sobre la relación existente entre los cuatro éteres físicos y los cuatro cósmicos; sin embargo, y el proceso iniciático lo revela, existe una relación directa entre ellos, y produce también significativos cambios en los vehículos de la humanidad. Además, existe una relación directa entre los cuatro aspectos del Karma (Ley de Causa y Efecto) y los cuatro éteres físicos, lo mismo que en los cuatro éteres cósmicos; más adelante, esta relación constituirá la base de una nueva ciencia esotérica. En consecuencia, el estudiante debe tratar de captar todo lo referente a la energía, sus fuentes emanantes, su método de transferencia o sus procesos de transición y su anclaje en el cuerpo planetario o en el cuerpo físico del individuo. Trataremos algunas de estas ideas, sentando la base para una futura investigación, pero poco puede decirse que sea de utilidad inmediata para el estudiante individual.
Resulta relativamente fácil enumerar los cuatro éteres cósmicos y clasificar los cuatro éteres del plano físico, tal como los conocemos, y luego afirmar que la persona común está controlada por los centros que se hallan abajo del diafragma, los cuales responden a los éteres del plano físico cuando trasmiten energías desde los tres mundos de la evolución humana, y que los iniciados responden a los éteres cósmicos cuando actúan y despiertan los centros que se hallan arriba del diafragma. Debe recordarse al mismo tiempo que los siete centros en el vehículo etérico del hombre están compuestos de éteres físicos, pero en el Sendero del Discipulado se convierten en vehículos de los éteres cósmicos.
Para retener esta imagen mental con claridad, sería bueno estudiar brevemente los cuatro aspectos de los centros enumerados anteriormente, o esa totalidad que ellos presentan al ojo del vidente, a saber:
1. El Punto en el Centro. La "joya en el loto", para usar el término oriental antiguo, es el punto de vida por medio del cual la Mónada se ancla en el plano físico y por lo tanto el principio vida de todos los vehículos transitorios desarrollados, no desarrollados o en proceso de desarrollo.
Este punto de vida contiene en sí todas las posibilidades, potencialidades, experiencias y actividades vibratorias. Personifica la voluntad de ser, la cualidad de atracción magnética (comúnmente denominada amor) y la inteligencia activa que lleva la vivencia y el amor a su máxima expresión. La afirmación o definición antedicha es de gran importancia. Este punto en el centro constituye, en realidad, todo lo que ES y los otros tres aspectos de la vida tal como han sido enumerados son simples indicios de su existencia. Es aquello que puede retraerse a su Fuente de origen o recubrirse de una capa tras otra de sustancia; es la causa del retorno del así denominado Eterno Peregrino al Hogar del Padre, después de muchos eones de experiencia, y también aquello que permite experimentar y conduce a la eventual experiencia y a la expresión final. Además, es aquello que los otros tres aspectos defienden y los siete principios (manifestándose como vehículos) protegen. Existen siete de estos "puntos" o "joyas" que expresan la naturaleza séptuple de la conciencia, y son llevados cada uno a una expresión vital; los siete subrayos del rayo monádico dominante se manifiestan también en la misma forma, de manera que cada discípulo iniciado, a su debido tiempo, es un Hijo de Dios en plena y externa gloria.
Llega el momento en que el cuerpo etérico individual está sumergido o se pierde de vista en la luz que emana de estos siete puntos; está matizado por la luz de la "joya en el loto" situada en la cabeza, el loto de mil pétalos.
Entonces los centros se relacionan entre sí mediante una línea de fuego viviente, y cada uno se expresa plenamente en forma divina.
En el pasado, los instructores han tratado de "aniquilar" los centros que se hallan abajo del diafragma, o transferir sus energías a los centros superiores correspondientes.
Esto ya lo he insinuado en otros artículos e instrucciones, pues es el modo más exacto para impartir la verdad esencial.
Estos métodos de expresión son sólo frases simbólicas y exactas, dentro de ese simbolismo; sin embargo, al finalizar el proceso evolutivo cada uno de los centros del cuerpo etérico, sin excepción, son una vívida, vibrante y hermosa expresión de la energía básica que siempre ha tratado de utilizarlos, siendo no obstante energías consagradas a vivir la vida divina y no la vida material; son límpidas, puras y radiantes, y su punto céntrico de luz es de tal fulgor que el ojo físico del hombre apenas puede registrarlo. A esta altura debe recordarse que aunque hay siete puntos, uno en el centro de cada loto, sólo existen tres tipos de "joyas en el loto", porque la Mónada expresa únicamente los tres aspectos mayores de la divinidad, los tres rayos mayores.
2. Las Energías Relacionadas. Esta expresión se refiere a lo que se denomina los "pétalos" del loto; no consideraré las diferenciaciones de las distintas energías; los escritores orientales y occidentales han puesto demasiado énfasis sobre ello; hay excesiva curiosidad por saber el número de pétalos de cualquier centro, su distribución, color y cualidad.
Si esto les interesa, pueden indagar en los libros clásicos, pero recuerden que la exactitud de la información no puede ser probada, siendo su utilidad, por lo tanto, muy problemática. Escribo esto para los verdaderos estudiantes y para quienes tratan de vivir la vida del espíritu; la información que buscan los teóricos ha sido dada por mí y por muchos otros exponentes de los tecnicismos de la Sabiduría Eterna.
Quiero señalar que así como el punto en el centro es el punto de vida y el inmutable, perenne y ETERNO UNO, así las energías o pétalos relacionados indican el estado de conciencia que ese ETERNO UNO, en un punto determinado en tiempo y espacio, puede expresar.
Éste puede ser el estado de conciencia relativamente subdesarrollado del salvaje, la conciencia del hombre común, la conciencia altamente desarrollada del iniciado hasta el tercer grado o la percepción de mayor vibración del iniciado de grados más elevados.
Ello siempre tiene que ver con la CONCIENCIA; sólo el punto en el centro tiene que ver con el aspecto vida o primer aspecto; los pétalos se refieren al aspecto conciencia o segundo aspecto, debiendo tenerse esto muy en cuenta.
El estado de conciencia se revela por el volumen, el color y la actividad de las energías que componen los pétalos del loto; su desarrollo y desenvolvimiento está condicionado por los rayos regentes, lo mismo que por la edad y la extensión de la expresión del alma.
El alcance y la naturaleza del relativo "fulgor" está condicionado por el punto de enfoque en cualquier vida particular y por la tendencia de los pensamientos del alma encarnada; aquí debe recordarse que "la energía sigue al pensamiento".
El foco natural o punto de polarización puede ser definidamente contrarrestado por la línea de pensamiento del hombre, sea cual fuere, o porque vive consciente o inconscientemente la vida cotidiana.
Un ejemplo de ello lo tenemos en el hecho de que el enfoque natural del discípulo puede ser el plexo solar, pero, debido a su pensamiento firme e invariable, la energía que maneja puede ser dirigida a uno de los centros que está arriba del diafragma, produciendo así un atrofiamiento temporario de ese centro que se halla debajo, con el consiguiente estímulo de aquello que está sobre esa línea divisoria. De esta manera se producen los cambios necesarios.
Cuando el ciclo de evolución llega a su término y el discípulo iniciado se aproxima a su meta, las energías son vibrantes, están activas y en completo desarrollo; entonces son utilizadas conscientemente como aspectos esenciales del mecanismo de contacto del iniciado.
Esto se olvida con frecuencia, pues el estudiante piensa exclusivamente en los centros como expresiones de su natural desarrollo, siendo ello de importancia secundaria.
Los centros son, en realidad, puntos focales, mediante los cuales la energía puede ser distribuida y dirigida hábilmente, a fin de producir el impacto necesario sobre aquellos centros o individuos que el discípulo trata de ayudar.
Dichos impactos pueden ser estimulados o vitalizados, según la necesidad, o premeditadamente destructivos, ayudando a liberar la sustancia o materia de quien se desea beneficiar.
Ha llegado el momento de que los estudiantes presten atención al servicio dado por los centros y de enfocar y emplear la energía para servir.
Aquí se halla involucrado el conocimiento del número de pétalos que forman un centro, porque ello indica el número de energías disponibles para el servicio, es decir, dos, doce, dieciséis energías, etc.
Poca atención se ha prestado a este punto tan importante que representa el empleo práctico del nuevo ocultismo en la Nueva Era venidera.
Los símbolos orientales, frecuentemente sobrepuestos en las ilustraciones que representan los centros, deberían ser suprimidos, pues no son de verdadera utilidad para la mente occidental.
3. La Esfera de Radiación.
Evidentemente concierne al radio de influencia o al efecto vibratorio externo de los centros, a medida que gradual y lentamente entran en actividad.
Dichos centros o sus vibraciones son en realidad lo que crea o constituye el aura del ser humano, aunque esa aura se confunde frecuentemente con la de la salud.
En vez de la palabra "frecuentemente" casi diría "generalmente", pues sería más correcto.
El cuerpo etérico manifiesta y condiciona el aura; se supone que demuestra lo que la personalidad es, emocional y mentalmente, indicando a su vez el control que ejerce el alma. Ésta no es una premisa falsa, y quisiera que la recuerden; sin embargo tiene poca importancia, pues el aura indica, en realidad, los centros del sujeto. Por el estudio del aura pueden comprobarse ciertas cosas:
a. Si el desarrollo se efectúa arriba o abajo del diafragma.
b. Si los centros están o no desarrollados.
c. Si la naturaleza de los rayos controladores es suficientemente clara.
d. Si el punto en el centro y los pétalos del loto están controlados, o si se está logrando el equilibrio.
e. Si la personalidad se exterioriza y se halla por esto en estado de vivencia, o si se produce un retraimiento debido a la introspección y autocentralización, o si la muerte viene lentamente.
f. Si la personalidad o el alma ejercen control, o si existe una lucha entre ambas. Podemos ver, por lo tanto, todo lo que el aura puede revelar al individuo que posee la capacidad de interpretarla con exactitud, y el reconocimiento que ustedes deben tener por el hecho de que tal capacidad es muy rara y sólo la posee un Iniciado o un Maestro, cuya naturaleza es AMOR.
La "esfera de radiación" es un poderoso instrumento para el servicio, y el alcance y pureza de su contacto deberían ser cultivados por el discípulo dedicado.
Existe una verdadera enseñanza esotérica expuesta en El Nuevo Testamento que "la sombra de Pedro curaba al pasar".
Su aura era de tal naturaleza que ejercía un efecto benéfico en cualquier lugar y a cualquiera que tocara o se pusiera en contacto con él.
El control que ejercía el Cristo sobre Su aura era tal que "sabía cuando la virtud salía de Él"; también sabía cuándo las energías curativas afluían a través de uno de Sus centros hacia una persona o grupo de personas necesitadas.
Esta aura, su poder de atracción y su estabilidad mantiene unido a un grupo y hace que un auditorio siga escuchando y también que un individuo sea un factor importante en un determinado aspecto de acercamiento a sus semejantes.
La "esfera de radiación" es establecida fácilmente por quienes investigan y observan el efecto de la radiación en las personas, en la comunidad o en el medio ambiente.
Una persona muy emotiva, que actúa a través de un plexo solar super desarrollado e incontrolado, puede destruir un hogar o una institución.
Doy esto como ilustración.
Una vida creadora y radiante, que utiliza conscientemente los centros cardíaco y laríngeo, puede inspirar a centenares de personas. Estos puntos son dignos de cuidadosa consideración. No obstante debe recordarse que estos centros se activan por el cultivo de ciertas virtudes principales, y no por la meditación o concentración sobre los centros; son llevados automáticamente a la necesaria condición irradiante por medio del correcto vivir, los pensamientos elevados y la actividad amorosa.
Estas virtudes podrán parecer tontas y desprovistas de interés, pero son sumamente poderosas y científicamente eficaces para llevar los centros a la deseada actividad irradiante.
Cuando la tarea está terminada y todos los centros son esferas vivientes de actividad irradiante externa, cada centro penetra en la órbita del otro, de tal manera que el iniciado se convierte en un centro de luz viviente y no en un conglomerado de siete centros irradiantes.
Reflexionen sobre esto.
4. El Triángulo Central de Energías. Representa en forma inequívoca los tres rayos que condicionan los "vehículos periódicos" del hombre, como lo expresa H. P. B.
Son: el rayo monádico, el del alma y el de la personalidad.
El observador y atento Maestro sabe cuál es el rayo que controla, siendo esto imposible para aquel cuyo grado es inferior al de Maestro.
Los discípulos y observadores deben hacer sus propias conclusiones respecto a la "naturaleza de la esfera de irradiación".
A esta altura puede cometerse un error, lo cual no le ocurriría a un Maestro; debe recordarse, sin embargo, que hasta la sexta Iniciación, la de la Decisión, "la Mónada guarda dos secretos pero pierde tres, cuando ejerce control y el alma desaparece". No puedo explicar esto más detalladamente.
He aquí una presentación nueva de los centros.
Como pueden ver, es de gran valor para los estudiantes, pues no está verdaderamente de acuerdo con la información dada en ciertos libros esotéricos.
La comprensión de lo que he dicho conducirá al estudiante sincero a adoptar una actitud más práctica respecto a los centros, y también a realizar un esfuerzo persistente para procurar que su esfera de actividad irradiante sea de mayor utilidad para sus semejantes.
La razón de esto consiste en que su actitud expresará la cualidad del espíritu subjetivo y no la cualidad hasta ahora prevaleciente de la materia objetiva.
Recuerden que el cuerpo etérico es material y sustancial y, por lo tanto, parte integrante del plano físico; no olviden que ante todo está destinado a contener en sí las energías de los planos emocional y mental durante la etapa experimental inconsciente de la encarnación; también está destinado a contener las triples energías del alma durante la etapa en que se adquiere experiencia conscientemente; además, a medida que se va construyendo el antakarana, debe contener las energías de la Mónada durante la etapa en que se expresa conscientemente la divinidad. ¿Pueden por lo tanto ver aquí la belleza del proceso espiritual y la ayuda planeada, proporcionada a los hijos de los hombres en todas las etapas de su retorno al centro del cual originaron?
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Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO 3 (LOS CENTROS PLANETARIOS Y HUMANOS)
CAPITULO III
LOS CENTROS PLANETARIOS Y HUMANOS
Existe un factor relacionado con el cuerpo etérico, que se menciona muy pocas veces, debido a que toda información sobre el mismo sería inútil.
Lo expondré en forma ordenada, comenzando por los puntos ya mencionados pero que repetiré aquí para mayor claridad y los clasificaré en su debida correlación:
1. El Logos planetario actúa mediante tres centros mayores:
a. El Centro donde la voluntad de Dios es conocida: Shamballa. b. El Centro donde el amor de Dios es manifestado:
la Jerarquía.
c. El Centro donde la inteligencia de Dios origina el proceso evolutivo: la Humanidad
2. Los tres centros mayores humanos y planetarios existen en sustancia etérica y pueden producir o no, analogías físicas.
Los Maestros, por ejemplo, no trabajan por medio de un vehículo físico, no obstante, poseen vehículo etérico, compuesto de sustancia de los niveles etérico cósmicos –búdico, átmico, monádico y logoico– constituyendo estos niveles los cuatro éteres cósmicos, analogía superior de nuestros planos etéricos; estos planos superiores constituyen los cuatro niveles del plano físico cósmico.
Hasta que los Maestros no eligen uno de los Siete Senderos del Destino Final en la Sexta Iniciación, la de la Decisión, actúan en Sus cuerpos etéricos cósmicos.
Estos tres centros mayores de energía están íntimamente relacionados entre sí, y el discípulo, mediante sus centros mayores individuales (coronario, cardíaco y laríngeo)
están en relación con los tres centros planetarios.
Quisiera que reflexionen sobre esto, pues tiene valor práctico.
3. La Mónada, como ya se sabe, se encuentra en el segundo nivel etérico cósmico, llamado plano monádico.
Cuando se ha construido el antakarana, entonces la sustancia etérica cósmica puede ser gradualmente sustituida por la sustancia etérica común y familiar que "sustenta" el cuerpo físico del hombre.
4. El Rayo en que se encuentra la Mónada –uno de los tres mayores y por lo tanto conectado con uno de los tres centros mayores– condiciona:
a. La absorción del discípulo en uno de los tres sectores del trabajo jerárquico; por ejemplo, un alma de primer rayo entrará normalmente en un Ashrama como el del Maestro M., en el departamento del Manu; un discípulo de segundo rayo pasará a un Ashrama de segundo rayo, por ejemplo, el mío (D.K.) o el del Maestro K.H. que pertenece al sector del Cristo; un alma de tercer rayo será absorbida en uno de los Ashramas (existen muchos) dirigido por el Señor de la Civilización, el Maestro R.b.
Todos aquellos que encarnan en uno de los Rayos de Atributo cuarto, quinto, sexto y séptimo llegan finalmente a pertenecer a uno de los tres Rayos de Aspecto mayores.
El cambio de enfoque se produce cuando el cuerpo etérico contiene suficiente sustancia adecuada de éteres cósmicos superiores, sustancia búdica; esto es fundamental para todos y en todos los Rayos, porque al final de la era, cuando los vehículos etéricos del iniciado se compongan de sustancia etérica cósmica, estos tres rayos se trasformarán en dos, y más tarde se producirá otra absorción en el segundo Rayo de Amor Sabiduría, el de nuestro actual sistema solar.
Por lo tanto se observará que cuando las distintas energías llegan a apropiarse y utilizarse, se convierten en factores condicionadores y su sustancia, o mejor dicho la presencia de ciertas energías en el cuerpo etérico de la personalidad, son esenciales antes de poder recibir ciertas iniciaciones.
El tema es demasiado complejo para desarrollarlo aquí, pero quisiera que consideren con cuidado las diferentes afirmaciones que he hecho, y busquen luego la luz dentro de ustedes.
Los rayos son las siete emanaciones de los "siete Espíritus ante el trono de Dios"; Sus emanaciones proceden del nivel monádico de percepción o del segundo plano etérico cósmico. En cierto sentido se podría afirmar que estas siete grandes y vivientes Energías constituyen en su totalidad el vehículo etérico del Logos planetario.
Podría decirse también que los procesos evolutivos constituyen procesos de eliminación de la sustancia física que se encuentra entre el cuerpo físico denso y el cuerpo astral sensorio, sustituyéndola con sustancia de los cuatro planos superiores, los cuatro éteres cósmicos.
Hablando en sentido físico, esta sustitución etérica permite al hombre pasar sucesivamente las cinco iniciaciones, que lo trasforman en un Maestro de Sabiduría.
La primera iniciación concierne exclusivamente al alma del hombre; una vez lograda, penetra una cantidad de energía búdica, llevándose a cabo la transferencia de los éteres superiores, que son sustituidos por los inferiores.
Como es de imaginar, esto produce conflicto; el cuerpo etérico de la persona rechaza el éter superior, produciéndose así las crisis en la vida del iniciado.
El progreso y la iniciación nos han sido presentados como elementos para formar el carácter y servir a la humanidad. Este acercamiento produce también conflicto, entonces la personalidad lucha contra el alma.
Pero paralelamente a este bien conocido conflicto se libra otra batalla entre los éteres que componen el cuerpo etérico del discípulo y los éteres superiores descendentes.
El hombre no es muy consciente de esto, pero la lucha es muy real, afecta principalmente la salud del cuerpo físico, y tiene lugar en cinco etapas naturales denominadas iniciaciones.
El simbolismo del Cetro de Iniciación enseña (durante el proceso iniciático) que dicho Cetro, dirigido por el Cristo o el Señor del Mundo, según el caso, es utilizado para estabilizar los éteres superiores dentro de la personalidad mediante un acceso de energía aplicada, que permite al iniciado retener aquello que desciende, pues "así como es arriba es abajo". Se ha de considerar al cuerpo etérico desde tres ángulos:
1. Como el mecanismo que se exterioriza por medio de los nadis, o ese sutil sistema de líneas de fuerza relacionadas, que a su vez se exteriorizan a través del sistema nervioso físico.
2. Como trasmisor de los distintos tipos de energía, procedentes de muy diversas fuentes; dichas energías afluyen a través (ambos términos son inadecuados) de las líneas de fuerza que subyacen en los nadis o a lo largo de ellos.
Anteriormente empleé la palabra "tubos", dando así la idea de una red de tubos a través de los cuales pueden pasar las energías trasmitidas; éste es un ejemplo en que la palabra es completamente inapropiada y desorientadora.
3. Estas energías –de acuerdo a su fuente de origen, cualidad, y propósito– crean siete centros mayores que condicionan los múltiples centros subsidiarios menores, exteriorizándose finalmente por medio de las siete glándulas mayores del sistema endocrino.
He dicho anteriormente que las energías que se cruzan en el cuerpo etérico del planeta forman en la actualidad una red de cuadrados. Cuando el proceso creador se complete y la evolución haya terminado su trabajo, estos cuadrados se convertirán en una red de triángulos.
Lógicamente hablo en forma simbólica.
En el Libro de las Revelaciones, dictado hace 1900 años por el discípulo conocido hoy como el Maestro Hilarión, se hace referencia a la "ciudad cuadrada".
El vehículo etérico del planeta fue heredado de un sistema solar anterior, con el propósito e intención de trasformarlo en una red de triángulos en el actual sistema solar.
En la próxima triplicidad de sistemas solares (el tercero y último), donde la voluntad de Dios se lleva a cabo, el cuerpo etérico comenzará siendo una red de triángulos que se trasformará en una red de círculos entrelazados, indicando que ha culminado el entrelazamiento de las relaciones.
En el sistema actual, en lo que se refiere al cuerpo etérico, el resultado de la evolución será el contacto establecido entre los tres puntos de cada triángulo, formando así un nónuple contacto y una nónuple afluencia de energía.
Esto concuerda con el hecho de que el nueve es el número de la Iniciación, y cuando el número indicado de discípulos haya pasado las nueve iniciaciones posibles, se completará la formación triangular del cuerpo etérico planetario.
La idea puede ser representada simbólicamente por el diagrama incluido, que ilustra la formación triangular y el sistema de acrecentamiento o progresión y expansión duales de la red, porque comenzado desde el triángulo inicial quedan sólo dos puntos para los procesos de extensión.
El triángulo inicial fue formado por Sanat Kumara, y a las tres energías que circulan por el mismo las denominamos los tres Rayos de Aspecto mayores.
Los cuatro Rayos de Atributo forman sus propios triángulos y, en forma paradójica, son responsables de los "cuadrados", a través de los cuales pasan todas sus energías en esta época.
Así se inició el trabajo de transformación del cuerpo etérico heredado, y esto ha continuado desde entonces. En el cuerpo etérico del ser humano se repite el mismo proceso en el triángulo de energías creado por la relación que existe entre la mónada, el alma y la personalidad.
Al hombre le resulta casi imposible dibujar o representar gráficamente la red de triángulos y ver simultáneamente cómo se convierten en círculos, en el cuerpo etérico de la esfera planetaria, debido a que el cuerpo etérico está en constante movimiento ] y en incesante trasformación y las energías que lo componen circulan y cambian constantemente.
Sería conveniente recordar que el cambio se produce en el mecanismo, y la trasformación del cuadrado en triángulo no se refiere a las energías trasmitidas o a los diferentes centros, sino que para las energías es mucho más fácil fluir por la formación triangular del cuerpo etérico, que –como sucede ahora– a través de un cuadrado o una red de ellos.
Comprendo que lo que estoy comunicándoles, puede parecerles muy inverosímil y sin sentido, y lógicamente no hay forma viable de probarles la naturaleza real de este sistema de intercomunicación, donde puedan verificar lo que digo; pero tampoco existe un modo de comprobar la existencia real de Sanat Kumara y, sin embargo, desde la noche misma de los tiempos, ha sido proclamada su existencia por la Jerarquía y aceptada por millones de seres.
Todo ser humano cree mucho más de lo que puede comprobar o demostrar. Los centros son, en realidad, "puntos de intersección" de energías, donde el cuerpo etérico posee siete triángulos y puntos que han sido trasformados. Desde el punto de vista de Shamballa los centros del hombre se asemejan a un triángulo con un punto en el centro.
Desde el ángulo de la Jerarquía, las condiciones son algo diferentes: los siete centros se representan como lotos, con un número variado de pétalos; sin embargo, siempre contiene, está presente y se entrevé un triángulo, en el corazón del loto; siempre hay un triángulo con un punto de comunicación, y a éste se lo denomina la "joya en el loto".
El grabado es una representación simbólica del loto, y debería estudiarse cuidadosamente.
El círculo condiciona la personalidad del hombre; esta influencia emana del loto y establece una interacción.
El alma condiciona el loto que, a su vez, condiciona la "esfera de influencia en el aura del loto", llegando así hasta la vida de la personalidad y condicionándola.
El triángulo se halla condicionado por la Tríada espiritual, siempre que el antakarana esté construido o en proceso de construcción, que a su vez, primeramente inspira o enciende al alma y finalmente la destruye. El punto del centro indica la vida monádica, en primer lugar como expresión inferior de vida y vitalidad física y por último, como "punto de sensibilidad". Por lo tanto tenemos:
1. El Punto en el centro, índice de la vida monádica.
2. Las energías que se relacionan con el loto egoico, condicionadas por el alma.
3. La esfera de radiación, la influencia emanante del loto, condicionando a la personalidad.
4. El triángulo de energía, condicionado por la Tríada espiritual. La antedicha enseñanza sobre el cuerpo etérico no es extensa, pero contiene muchas cosas que son relativamente nuevas y proporcionan un gran material de estudio.
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martes, 16 de agosto de 2016
EL PODER DEL PENSAMIENTO SU DOMINIO Y CULTURA DE ANNIE BESANT- Capitulo 3 SEGUNDO ESCRITO (TRASMISION DEL PENSAMIENTO)
CAPITULO 3 (SEGUNDO ESCRITO)
TRASMISION DEL PENSAMIENTO
NATURALEZA DE LA MEMORIA
Cuando se establece una relación entre el placer y un objeto determinado, surge el deseo definido de obtener de nuevo ese objeto y repetir el placer. El cuerpo mental, estimulado repite prontamente la imagen del objeto; pues debido a la ley general de que la energía fluye de la dirección de la resistencia menor, la materia del cuerpo mental se moldea muy fácilmente a la forma que con frecuencia se ha tomado ya; esta tendencia a repetir las vibraciones principales, cuando actúa en ellas la energía, es debida a Tamas , a la inercia de la materia, y es el germen de la Memoria.
Las moléculas de la materia que se han agrupado, se separan lentamente al actuar en ellas otras energías, pero retienen durante un tiempo considerable la tendencia a asumir de nuevo su mutua relación; si reciben un impulso propio para agruparlos, inmediatamente vuelven a asumir su anterior posesión. Además cuando el conocedor ha vibrado de un modo particular, ese poder de vibración permanece en él, y en el caso del objeto que ocasiona el placer, el deseo por el objeto pone en libertad ese poder, lo impulsa fuera, por decirlo así, proporcionando de este modo el estimulo necesario al cuerpo mental.
La imagen que así se produce es reconocida por el conocedor, y la atracción del placer le hace reproducir también la imagen del mismo.
El objeto y el placer son relacionados por la experiencia, y cuando se forma la serie de vibraciones que componen la imagen, surge también la serie de vibraciones que constituye el placer, y éste vuelve a gustarse en ausencia del objeto.
Esto es la memoria en su forma más sencilla: una vibración, por sí misma iniciada, de igual naturaleza que la que causó el placer, y que reproduce a éste.
Estas imágenes son menos pasivas, y por tanto menos vividas para el conocedor parcialmente desarrollado, que las causas por el contacto con un objeto externo, porque las pesadas vibraciones físicas prestan mucha energía a las imágenes mentales y de deseos, pero fundamentalmente las vibraciones son materia mental, por el conocedor, de objetos que anteriormente han sido experimentados.
Esta reflexión puede repetirse - y se repite - una y otra vez en materia cada vez más sutil, sin relación con ningún conocedor separado, y en su totalidad son el contenido parcial de la memoria de Ishvara .
Estas imágenes de imágenes pueden ser alcanzadas por cualquier conocedor separado en proporción a lo que haya desarrollado en si mismo el "poder de vibración" antes mencionado; lo mismo que en la telegrafía sin hilos, una serie de vibraciones que constituye un mensaje puede ser recogida por un receptor apropiado, esto es, por un receptor capaz de reproducirlas, así también una potencia vibratoria latente en un conocedor, puede hacerse activa por una vibración que le sea semejante, de entre aquellas imágenes cósmicas.
Estas, en el plano akashico , forman los "anales akashicos" de que se habla a menudo en la literatura teosófica, y perduran lo que la vida del sistema.
El conjunto de las tres cualidades es el Universo manifestado o existencia condicionada.
Estas tres cualidades o modos (gunas), de que participa el sujeto de los Vedas, son:
Sattva (luz, verdad, estabilidad, placer), Rajas (pasión, deseo, dolor), y Tamas (ignorancia, tinieblas, indiferencia).
Bbagavad Gita, pág. 59.
Y para más detalles véanse los capítulos XIV, XV y XVIII de la misma obra. En sánscrito: el Espíritu divino que mora en el hombre. Bhagavad Gita, pág. 233 8 Aaha, sinónimo del Eter de los griegos, es la substancia plástica primordial, sutilísima, de la cual es evolucionado el Cosmos.
Dicha substancia constituye los "anales akashicos", el registro kármico donde quedan eternamente grabados toda clase de actos y pensamientos. Para más explicaciones véase "Anales Akashicos", pág. 171 a la 205 del libro del Leadbeater titulado: "Clarividencia y Clariaudiencia", publicado en español por la "Biblioteca Orientalista" de Barcelona.
MEMORIA Y ANTICIPACIÓN
Volvamos a nuestro conocedor no desarrollado.
Cuando la memoria principia a funcionar, la anticipación le sigue pronto, pues la anticipación no es más que la memoria lanzada hacia adelante.
Cuando la memoria hace volver a gustar un placer experimentado anteriormente, el deseo busca volver a asir el objeto que causó el placer, y cuando se piensa en este goce como el resultado de encontrar ese objeto en el mundo externo y gozar de él, tenemos la anticipación.
El conocedor detiene su pensamiento en la imagen del objeto y en la imagen del placer, relacionándolos entre si; si a esta contemplación añade el elemento del tiempo, del pasado y del futuro, se le da entonces dos nombres: la contemplación más la idea del pasado es memoria; la contemplación más la idea del futuro es anticipación.
A medida que estudiamos estas imágenes, principiamos a comprender toda la fuerza del aforismo de Patanjali que para la práctica del Yoga el hombre debe suspender las "modificaciones del principio pensante".
Considerado desde el punto de vista de la ciencia oculta, cada contacto con el No-Yo modifica el cuerpo mental.
Parte de la materia de que este cuerpo está compuesto se combina como un cuadro o imagen del objeto externo.
Cuando se establecen relaciones entre estas imágenes, es pensamiento considerado desde el lado de la forma. Correspondiendo con éste existen vibraciones en el conocedor mismo; y estas modificaciones dentro de él son pensamiento considerado desde el lado de la vida.
No hay que olvidar que el establecer estas relaciones es la función especial del conocedor, lo que él añade a las imágenes, y que este aditamento cambia las imágenes en pensamientos.
Las imágenes en el cuerpo mental se parecen mucho en su carácter a las impresiones que en una placa sensitiva hacen las hondas etéreas que se hallan fuera de la luz del espectro y que actúan químicamente en las sales de plata, volviendo a combinar la materia sobre la placa sensible, de suerte que se forman en ella imágenes de los objetos a que ha sido expuesta. Asimismo sucede en la placa sensible que llamamos cuerpo mental: los materiales se vuelven a combinar como una imagen de los objetos con que se ha puesto en contacto.
El conocedor percibe estas imágenes por medio de sus propias vibraciones respondientes, las estudia y después de cierto tiempo principia a arreglarlas y modificarlas por las vibraciones que desde si mismo lanza sobre ellas.
Con arreglo a la ley de que hemos hablado, de que la energía sigue la línea de menor resistencia, reforma una y otra vez las mismas imágenes; y mientras se concreta a esta simple reproducción, con la sola adición del elemento del tiempo, tendremos, como ya se ha dicho, la memoria y la anticipación. El pensar concreto es, después de todo, sólo una repetición, en materia más sutil, de las experiencias diarias, con la diferencia de que el conocedor puede detener y cambiar su secuencia, repetirlas, apresurarlas o hacerlas más lentas, según quiere. Puede detenerse en una imagen, cobijarla, mantenerse en ella, y así puede obtener de tal repetido examen de las experiencias, mucho de lo que no advirtió al pasar por ellas, sujeto al incesante movimiento de la rueda del tiempo.
Dentro de sus propios dominios puede disponer de su tiempo en lo que a la medida del mismo concierne, como hace Ishvara, el Logos, para sus mundos; sólo que no puede escapar a la esencia del tiempo hasta que pueda alcanzar la conciencia Ishvárica, libertándose de los lazos de la materia del mundo.
RECEPTIVIDAD DEL YO PARA EL NO-YO
El primer requisito para el pensar competente es una observación atenta y exacta.
El Yo, como conocedor, debe observar al No-Yo con atención y exactitud, si éste ha de convertirse en lo conocido y fundirse así en el Yo. El segundo requisito es la receptividad y tenacidad en el cuerpo mental, la facultad de ceder pronto a las impresiones y retenerlas una vez hechas.
En proporción de la atención y exactitud de la observación del conocedor y de la receptividad y tenacidad de su cuerpo mental, se hallará la rapidez de su evolución y la celeridad con que sus potencias latentes se convierten en poderes activos.
Si el conocedor no ha observado con exactitud la imagen de pensamiento, o si el cuerpo mental, falto de desarrollo, sólo ha sido sensible a las vibraciones más fuertes de un objeto externo, y por consiguiente, sólo ha reflejado una reproducción imperfecta, el material para el pensamiento es impropio y erróneo. Sólo se ha obtenido en un principio el bosquejo general, quedando los detalles borrosos y hasta faltando del todo. A medida que desarrollamos nuestras facultades, a medida que introducimos una materia más sutil en el cuerpo mental, veremos que podemos recibir del mismo objeto externo mucho más de lo que recibíamos en los tiempos de menor desarrollo, encontrando así mucho más en un objeto que lo que antes encontrábamos. Pongamos a dos hombres en un campo en presencia de una espléndida puesta de sol.
Supongamos que uno de ellos es un campesino poco desarrollado, que no tiene la costumbre de observar la Naturaleza sino en lo que concierne a sus cosechas; que sólo ha mirado al cielo para saber si promete lluvia o sol, sin importarle nada su aspecto sino en lo que hace referencia a su modo de ganarse la vida o a su empleo.
Supongamos que el otro es un artista, un pintor de genio, lleno de amor por lo hermoso y educado a ver y a gozar de cada matiz y tono de color. Los cuerpos físico, astral y mental del campesino, están todos en presencia de esta brillante puesta de sol, y todas las vibraciones que produce actúan sobre los vehículos de su conciencia; ve diferentes colores en el cielo y observa que hay mucho rojo que promete un hermoso tiempo para el día siguiente, bueno o malo para su cosecha, según sea el caso. Esto es todo lo que saca de ello.
Los cuerpos físico, astral y mental del pintor están todos expuestos exactamente a las mismas pulsaciones que los del campesino; pero ¡cuán diferente es el resultado! El material más sutil de sus cuerpos reproduce un millón de vibraciones demasiado rápidas y sutiles que no conmueven el material más grosero del otro. Por consiguiente, su imagen de la puesta del sol es muy diferente de la imagen producida en el campesino. Los tonos delicados de color, el matiz que se desvanece en otro matiz, el azul y rosa transparentes, y el verde mar pálido iluminado de reflejos dorados con franjas de púrpura real, todos son gustados con detenido placer, con éxtasis de goce senciente; despiértanse delicadas emociones, el amor y la admiración cámbianse en reverencia y alegría de que existan tales cosas; surgen las ideas de carácter más inspirado, a medida que el cuerpo mental se modifica bajo las vibraciones que actúan en él en el plano mental, del aspecto mental de la puesta de sol. La diferencia de las imágenes no es debida a una causa externa, sino a una receptividad interna.
No depende de lo externo, sino de la capacidad de responder. No está en el No-Yo, sino en el Yo y sus envolturas.
Con arreglo a estas diferencias es el resultado que se produce. ¡Cuán poco fluye en el primero! ¡Cuánto fluye en el segundo! Aquí vemos con evidencia sorprendente el significado de la evolución del conocedor. Alrededor nuestro puede haber un universo de hermosura; sus hondas actúan sobre nosotros de todos lados, y, sin embargo, puede ser como si no existieran. Todo lo que está en la mente de Ishvara, el Logos de nuestro sistema, está actuando sobre nosotros y sobre nuestros cuerpos ahora. Lo que de ello podemos recibir marca el grado de nuestra evolución. Lo que hace falta para el desarrollo no es un cambio fuera de nosotros, sino un cambio dentro de nosotros. Todo nos ha sido ya dado; pero tenemos que desarrollar la capacidad para recibir.
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