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viernes, 24 de junio de 2016
Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret a Sus apóstoles y discípulos Parte.XVI
Cristo
Las grandes enseñanzas cósmicas. Parte XVI.
LAS GRANDES ENSEÑANZAS CÓSMICAS DE JESÚS DE NAZARET A SUS APÓSTOLES Y DISCÍPULOS QUE PODÍAN CAPTARLAS
Parte XVI.
Más enseñanzas para autorreconocerse:
Exige de ti siempre el máximo, no lo fácil de alcanzar; entonces conocerás el potencial de fuerzas de tu alma.
Exhórtate a ti mismo una y otra vez, llamándote una y otra vez a ti mismo la atención sobre cómo quieres ser.
Si por tanto te llamas a ti mismo la atención, sabes cómo quieres ser. Compórtate así –entonces se manifestará en ti el Yo divino eterno que tú eres, en la eternidad, como ser de la eternidad.
El alma en el hombre, en la Tierra es sólo huésped. El alma se ha hecho hombre para desarrollar el tesoro interno y hacer lo bueno. Lo bueno viene a través de hombres –igualmente lo malo.
El hombre bueno, que vive en Mí, el Cristo, da buenos frutos. El hombre lleno de vicios, que se ha vendido a la oscuridad, trae lo oscuro al mundo.
Dichosos los que traen lo bueno, a través de los cuales viene lo bueno al mundo. ¡Ay de aquéllos a través de los cuales viene lo oscuro al mundo! Los unos van a la luz –los otros sufren en las tinieblas.
Sabed y sentid en vuestros corazones: cuanto más améis a Dios, tanto más os dará Dios. Cuanto más alegres distribuyáis los dones del amor, tanto más recibiréis de Dios. Solamente recibe el desinteresado, porque da a otros desinteresadamente. Quien da desinteresadamente, toma y da del eterno SER, del silencio infinito, que es Dios. Así se vuelve más silencioso y consciente de Dios, pues sabe que Dios da, al que da desinteresadamente a otros los dones del tesoro de su realización.
Yo, Cristo, Soy la llave para ser desinteresado, la llave del SER. Yo, Cristo, Soy la llave del portal de la vida. Todos los iluminados entran a través de Mí en el eterno SER, pues Yo Soy la luz del alma, la verdad y la vida.
Tal como Yo sirvo a todos –almas, hombres, animales, plantas y piedras–, también tenéis que servir vosotros desinteresadamente a todos los que están a vuestro alrededor: hombres, animales, plantas y piedras.
El amor desinteresado sirviente es la entrega interna. Inflama el corazón y alegra el alma; late en cada palabra desinteresada y en cada acto desinteresado. Hace al alma ligera y libre, y agiliza la forma de andar, porque alma y hombre personifican la ley del Universo.
Lo que hagáis, hacedlo desde el Espíritu, pues solamente las obras desinteresadas se hacen en y con Dios.
Aunque creáis que vuestra obra es buena, examinaos y ved si la habéis hecho desde el Espíritu, es decir desinteresadamente. Si la habéis hecho con la vista puesta en vuestro yo humano y en vuestro propio bien, puede tener repercusiones opuestas. Tarde o temprano tendréis que sufrir bajo ellas.
Por eso vivid desde el Espíritu y acordaos de la luz interna, que es vuestro ayudante y consejero, Cristo: Yo en vosotros, vosotros en Mí; Yo en ti, tú en Mí.
El verdadero sabio vive en Dios, y Dios vive a través de él. Lo que da, no lo da él –Dios lo da por medio de él–. Lo que hace, no lo hace él –Dios lo hace por medio de él.
El habla, pero no habla él –Dios habla por medio de él–. El trabaja, pero no trabaja él, porque Dios trabaja por medio de él.
El verdadero sabio vive en el mundo para el mundo divino y sólo es transformador del amor desinteresado, de la fuerza interna –él es donación desinteresada–. Por eso no es él quien habla ni actúa, sino Dios por medio de él.
Guarda lo bueno, el SER, como la joya de lo más interno de ti; entonces permanecerás también en lo más interno de ti y hablarás el lenguaje de lo más interno, la verdad.
Quien sólo fue engendrado por hombres, es decir por lo humano, como alma regresará también una y otra vez a los hombres y nacerá de hombres, de lo humano, y hablará el lenguaje de los hombres –hasta que aspire al nacimiento, Dios, al lugar de nacimiento único que es el SER–. Entonces regresará a Dios y vivirá eternamente en El, la corriente del SER; entonces también hablará el lenguaje del SER, por ser nuevamente el SER que ha tomado forma, en el que se mueve.
¡Habla el lenguaje del SER!
Nada está fuera de ti. No lo está la flor, la hierba, la planta, la piedra, el mineral –tú eres el SER, la flor, la hierba, la planta, la piedra y el mineral, porque tú estás como esencia en todo y todo está como esencia en ti.
Allí adonde vayas, donde estés, donde te halles –¡forma parte del templo eterno!; mantén el orden del templo; entonces también serás justo y alcanzarás justicia.
Ten presente:
Lo que no percibes en lo más interno de ti, en tu verdadero SER, tampoco lo has desarrollado aún en lo más interno de ti.
Lo que no está vivo en ti, tampoco lo captas ni lo ves en profundidad. Si tu prójimo no está vivo en ti, tampoco tienes acceso a tu prójimo ni tienes comunicación con Dios.
Examínate a ti mismo: cómo hablas muestra si estás en ti o si sólo hablas desde tu yo, la superficie.
Toma los alimentos en Dios. Tal como el bocado y la bebida entran en ti, actúan en ti e irradian desde ti.
Quien santifica el bocado y la bebida, mantiene viva la consciencia de la comida y de la bebida, consciencia que entonces entra en el alma como esencia y fuerza. La comida y la bebida no fortalecen entonces solamente el cuerpo, sino alma y cuerpo.
Acompaña con tu consciencia cada bocado y cada sorbo de la bebida en su camino dentro del cuerpo.
Las sensaciones, pensamientos y palabras que das a los alimentos y bebidas en su camino dentro del cuerpo, obran correspondientemente en alma y cuerpo.
Todo es energía; también la comida y la bebida son energía. Cómo sientes y piensas: con estas fuerzas magnetizas el alimento y la bebida; esto les das también para su camino dentro del cuerpo.
Permanece por tanto en lo más interno de tu templo también al tomar los alimentos, pues también la comida y la bebida forman parte del orden del templo, de la ley del templo.
Cada aspecto de la consciencia es igual al estado de consciencia. Tiene en sí la totalidad y se habla también a sí mismo correspondientemente al grado de consciencia.
También los frutos y la bebida –cada alimento– son consciencia y hablan el lenguaje de su grado de consciencia. Es decir, están en comunicación con la corriente en la que se mueven y tienen su existencia.
Tal como tú, el hombre, te comportas respecto al alimento y a la bebida, son las repercusiones en ti y en tu vida. Todo es vibración, que se manifiesta en ti y en tu vida, y que también te marca.
Mis palabras son Espíritu y vida. El que está madurando espiritualmente, que aspira a la luz, a Mí, se vuelve más sensitivo, más permeable para la vida interna. Reconociendo la vida, ya no tomará alimento muerto. Tampoco comerá glotonamente ni consumirá grandes cantidades de alimento.
El que está madurando espiritualmente, vive de dentro hacia fuera. Correspondientemente escogerá sus alimentos, de forma que su cuerpo físico reciba lo que necesita para vivir, pero no más que esto.
El hombre espiritual no vivirá voluptuosamente. Dará a su cuerpo lo que éste necesite. No lo llenará.
Comprended: muchos creen que si ayunan y se mortifican se acercarán más pronto a Dios. Esto es un error del entendimiento.
El crecimiento espiritual no va acompañado de un régimen alimenticio con ayuno o mortificación. Tampoco son precisas determinadas formas de oración. Lo importante es que el hombre viva desde el Espíritu; pues entonces todo se ordena por sí mismo, no hacen falta reglas –hace falta una vida consecuente, caminando el hombre cada vez más hacia adentro hasta el manantial de la vida, para tomar y dar del manantial del SER.
No se trata del bien corporal, sino de la actitud espiritual, de lo que hacéis o no hacéis.
Examinad por tanto si lo que queréis hacer corresponde a lo más interno de vosotros y sirve a vuestro crecimiento espiritual. Sed por tanto honestos con vosotros mismos. No hagáis nada que se oponga a la verdad eterna, al eterno SER, pues a Dios nada Le es oculto. Algún día lo que hayáis ocultado se hará manifiesto y vosotros mismos tendréis que ver si vuestra forma de pensar y obrar fue honrada y sincera.
Mientras dirijáis vuestras miradas a cosas terrenales, no habréis entrado en el Reino de Dios y edificaréis sobre un reino externo que es irreal.
Cuando pidáis por la sanación del cuerpo, el ayuno externo sólo puede ser saludable si al mismo tiempo dejáis de lado vuestros pensamientos humanos –lo que hayáis reconocido de humano–, volviéndoos así libres para la irradiación de la luz.
Cuando aprecies lo más sagrado en todo, conservándolo en ti como tesoro y vida y dejándolo obrar a través de ti, te sentarás a comer a la mesa del Señor en el lugar más sagrado.
Permanece por tanto en cada situación, en todo lo que hagas –también al tomar el alimento– en lo más interno de tu templo; pues el templo de lo más interno de ti está erigido con la esencia de todos tus semejantes y con la esencia de los reinos de la naturaleza.
Lo divino en tu prójimo, y toda fuerza en el mineral, en la piedra, en la planta, en el animal, es una piedra de edificación de tu templo interno, en el que habita el Santísimo.
Si falta una piedra de edificación de tu templo, estás desavenido con hombres o con ámbitos de la naturaleza. Entonces también tu templo es imperfecto. Esto significa que no estás en la ley de Dios ni eres la ley de Dios. Entonces tampoco puedes entrar en lo más sagrado de ti, para habitar allí.
Entonces tampoco te sentarás a la mesa del Señor, sino a la mesa de los hombres que –al igual que tú– toman descuidadamente la vida, los dones de Dios. Entonces vas errante y eres una oveja descarriada que se deja desorientar, ya que es ciega y a menudo mantenida ciega porque es adicta a ciegos que la llevan a un templo erigido por manos humanas.
En cambio, si estás dispuesto a erigir, purificar y terminar de construir tu templo interno mediante una vida en Dios, también te alzarás y verás claro.
En la medida en que perfecciones tu templo interno, mantendrás el orden del templo y hallarás entrada al templo interno.
Si tu templo es perfecto, tú eres uno con todos los hombres y seres, con todo lo que es. Entonces también eres uno con el Universo y sus leyes, y habitas asimismo en lo más sagrado, porque tú estás en el Universo y éste en ti y vosotros sois de eternidad a eternidad.
El Reino de Dios es el reino interno. Sólo puedes percibirlo con los ojos internos y sólo puedes oír con los oídos internos lo que las leyes internas te dicen.
El verdadero SER, tu herencia, solamente puedes oírlo en el interior. El te habla y habla contigo, porque Yo Soy el «Yo Soy» y tú eres el Yo Soy. Por eso tú eres Yo y Yo Soy tú, y donde tú estás estoy Yo, y donde Yo estoy estás tú, porque todos y todo están en ti –tú y Yo como unidad en todo.
Tú y Yo –la fusión de ambos en el Yo Soy– lo puedes experimentar solamente en lo más interno de tu templo, en lo más sagrado donde está todo –el Tú en el Yo y el Yo en el Tú–. No hay nada en lo que no estemos Tú y Yo como unidad, porque Dios es el Tú y el Yo, la consciencia de la unidad. Dios es el Tú; tú eres el ser divino. Cuando has captado esto, no buscas a tu prójimo –no le llamas–. El está presente –¡en ti!–. Estés donde estés, él está contigo, porque él está en ti –el Tú y el Yo fundidos en el Tú, en la Ley, Dios, el Yo Soy en ti.
El Tú de Dios es la dualidad. En Dios dos llegan a ser uno. Todos los números desembocan en el Uno, en el SER-Uno, porque Dios une todo y a todos y todos los seres son imagen y semejanza del Uno, de Dios.
Tú eres Mi pensamiento, el pensamiento del Padre universal, la Ley. El Mi es tuyo; pues el Eterno, que Yo Soy, y tú, somos uno.
Tú, el que es puro, hablas el Yo divino, porque tú eres el Yo divino. Por eso te hablas a ti mismo, y en todo y en todos te diriges al Yo divino, a ti en el prójimo y en todas las cosas, acontecimientos y sucesos.
La palabra del que es puro es el Yo divino, que está en todo. La Ley se habla a sí misma y se crea a su vez a sí misma, porque todo está en todo –ella es siempre la totalidad.
Tú hablas en todo a la totalidad, y en cada faceta de la verdad, de nuevo a la totalidad. La irradiación de consciencia correspondiente, la faceta, te contesta en ti, y tú por tu parte también percibes la totalidad en ti.
No te hace falta preguntar por el estado de consciencia. Dirígete siempre a la totalidad, porque en lo más pequeño está lo grande y en lo grande lo más pequeño.
Desde allí hacia donde está irradiando el pensamiento de la Ley, irradia él a su vez a la Ley.
Lo que contiene el pensamiento de la Ley, ya se ha cumplido en ti, porque la ley eterna es igual a cumplimiento.
El pensamiento de la Ley no puede ser destruido o desviado. Al emitirse ya se ha cumplido en ti.
En el mundo exterior el pensamiento de la Ley se cumple, conforme a la ley del libre albedrío, cuando halla entrada al corazón del hombre.
Sin embargo, el pensamiento de la Ley no conoce impedimentos. El irradia a través de toda condensación y todo impedimento, y espera hasta que es recibido. El sigue el camino del cumplimiento también a nivel externo, porque él es una parte de la ley eterna que se encuentra en lo más interno del hombre.
El pensamiento de la Ley no conoce el tiempo; él es la Ley y es intemporal. El camino hacia el hombre hasta el exterior, puede significar, para el hombre, un retraso, porque el pensamiento de la Ley conoce el instante para actuar y permanece como cumplido en el aura del hombre hasta que halla entrada.
En la sensación legítima y en el pensamiento legítimo no hay ningún retroceso ni disolución de la sensación o del pensamiento, porque ellos son la ley eterna, la fuerza universal.
Yo, Cristo, siendo Jesús de Nazaret, enseñé las leyes eternas sagradas a algunos apóstoles y discípulos que podían captarlas. A pesar de sus conocimientos espirituales, una y otra vez tuve que pararlos cuando estaban a punto de caer en lo humano, en la realidad engañosa, y explicarles una y otra vez el pensamiento sagrado –el Yo divino eterno–, que ellos dejaban salir una y otra vez de su más profundo interior porque les parecían más cercanas las falsas apariencias, la realidad engañosa, el pensamiento humano.
Les hablé con palabras como éstas:
La palabra sagrada, que es la fuerza de Dios y que ha nacido en vosotros, solamente podéis envolverla con el yo humano –que se forma en el consciente y en el subconsciente– si no la conserváis en vosotros como Yo divino verdadero, si a pesar de lo que sabéis la sacáis de vuestro más profundo interior mediante la duda, los miedos o la impaciencia.
El núcleo de los pensamientos y palabras humanos es la palabra de Dios. Ella sigue siendo divina. La envoltura, sin embargo, se orienta contra vosotros y se convierte en carga para vosotros.
Cada sensación legítima y cada pensamiento legítimo parten de la fuerza eterna, Dios, y de la comunicación con Dios. Aunque estén envueltos por el yo humano, el núcleo –la vida– permanece en Dios.
La Ley, Dios, es: emitir y recibir. La ley eterna se emite a sí misma y se recibe a sí misma. Por eso ninguna energía se pierde. Por tanto la ley eterna se habla a sí misma, y la respuesta es a su vez la ley, el Yo divino, porque todo es Su ley y todas las formas de vida puras son la ley y todas ellas tienen su existencia en la ley fluente.
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Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret a Sus apóstoles y discípulos Parte.XV
Cristo
Las grandes enseñanzas cósmicas. Parte XV.
Quien acusa a su prójimo de falsedad y mentira, sin poder demostrar esta afirmación, da testimonio de sí mismo, de que está en el borde de la corriente y que arroja piedras a aquél –y así se apedrea a sí mismo, pues su prójimo, al que él acusa, es en su interior una parte de él.
Quien sólo está en la orilla de la corriente, cree que ella es la realidad, porque no conoce la corriente. Quien se comporta así, da por sí mismo testimonio de lo que él todavía es.
Quien habla la palabra, el Yo Soy, ve en profundidad la verdad y la falsedad. Da aclaraciones, rectifica y luego sigue su camino, pues sabe esto: quien cambia y se consagra a Dios, sigue el camino que conduce a la libertad. Pero quien no cambia, va por el camino pedregoso que lleva al sufrimiento, para, a través del sufrimiento, que es igual al pecado, despertar a la verdad, a fin de poder entrar entonces en la verdad.
Si no os cansáis de buscar la verdad, os encontraréis a vosotros, reconociendo vuestros errores y debilidades y purificándolos a tiempo, antes de que os sobrevenga el sufrimiento. Por eso nunca os canséis de buscar, o de otro modo tendréis que sufrir vuestros aspectos pecaminosos.
Quien no desea mirarse a sí mismo, mira siempre hacia su prójimo. Es de la opinión de que él es el bueno y el prójimo el malo. De esta forma de comportarse surge el sabelotodo, que es de la opinión de que puede conducir los procesos del Universo, ya que se tiene a sí mismo por omnisapiente.
Comprended: el necio ”lo sabe todo mejor”. Si el prójimo se dirige a él con su necedad, se pelean dos necios. A ambos les falta la sabiduría.
Lo opuesto a la verdad es la necedad; en ésta se ocupan muchísimos.
Si el alma va, siendo necia, a los mundos que ella misma ha determinado con su necedad, a su alrededor hay solamente necedad, porque ella vive en sus imágenes engañosas de necedad. Aun cuando el que en otro tiempo fuera hombre conozca las leyes de Dios, si no las ha cumplido sigue siendo un necio y un esclavo de la esclavitud, de la necedad que ha vivido y con la que se ha rodeado.
Quien no se enfrenta a su existencia terrenal, no tiene ninguna comunicación con el mundo espiritual.
Quien no recorre el camino al reino del interior, quien por tanto no se refina en sensaciones, pensamientos, palabras ni obras, permanece apegado a este mundo, a la vida temporal. Ya viva o muera, ya esté despierto o duerma –ni esta existencia terrenal ni la muerte le enseñan nada nuevo, porque él ha seguido siendo el hombre antiguo, pecador, a pesar de lo que sabe.
Ningún hombre puede huir de sí mismo. Cada cual tiene que verse a sí mismo y expiar lo que ha puesto sobre sí. La tarea que la vida le plantea, es su vida.
Un día se le plantea la tarea de expiar lo que ha cargado sobre sí.
Lo que tú mismo introduces en los astros –el grandioso registro–, está constantemente al acecho para abalanzarse sobre ti. Tú mismo eres por tanto el peligro para ti mismo.
Si no os cansáis de buscar vuestro verdadero Yo divino, estáis dispuestos a aprender. Quien esté dispuesto a aprender, se reconocerá a sí mismo y en el autorreconocimiento encontrará su verdadero SER. El realizará, hallando así plenitud.
Si alma y hombre no están dispuestos a aprender, es decir a encontrarse en Dios a través de la realización, la vida del alma y del hombre se vuelve más dura y penosa.
Si sufrís, sentid en el sufrimiento por qué sufrís. Dejad que surjan las sensaciones y los pensamientos del sufrimiento, pues ellos hablan su lenguaje. Y si no os cansáis de cumplir la ley eterna, en el sufrimiento maduraréis y os acercaréis a la luz que os trae la paz y el silencio.
El ser humano no debería lamentarse del camino de su vida terrenal ni condenar el camino de su vida.
Quien pretende conocer el camino de su vida, también pretende tener competencia sobre la Creación.
Todos los caminos que el Espíritu enseña conducen a una única meta: que alma y hombre encuentren el camino hasta el SER, que es Dios.
La esperanza y el anhelo de Dios provocan el cumplimiento de la esperanza. Donde está la esperanza, el anhelar este cumplimiento, impera Dios.
Yo, Cristo, os doy enseñanzas para que os autorreconozcáis, para que siempre podáis recurrir a ellas cuando os volváis tibios:
Decidíos por Dios en toda situación, y así os escaparéis de las tinieblas.
Si el hombre unas veces se inflama y otras se enfría, es indeciso y sirve a las tinieblas. Quien se decide por el mundo, se decide por la embriaguez del yo. Entonces le inspira el mundo y le inspiran aquellos que pertenecen al mundo.
Con el hombre las tinieblas hacen un juego: lo influencian –una vez a favor de Dios, otra en contra–. Así quieren escarnecer a Dios. Practican este juego con el hombre hasta que éste se decide.
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Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret a Sus apóstoles y discípulos Parte.XIV
Cristo
Las grandes enseñanzas cósmicas. Parte XIV.
Comprended: una cultura no puede ser implantada a un hombre o en un país. La cultura tiene que ir creciendo a partir del hombre. Donde no hay cultura hay mucho culto.
El Tú Soy Yo y el Yo eres tú.
Por eso ten presente lo siguiente:
Tú eres lo fino y bello.
Tú eres lo noble y puro.
Tú eres, en el Tú que es eternamente, lo excelso.
El Excelso es el Uno.
Tú en el Tú –el Excelso– eres lo excelso, que sabe acerca de todas las cosas, porque el Excelso es el Padre –la grandeza, el poder y el Universo mismos.
El es la cultura y lo cultural, pues El es Creador, Dios, Portador, Movedor, Donador –el SER.
El es belleza, brillo, plenitud.
El es tu Padre –tú, Su hijo, la herencia.
Tú eres, en el mar de luz –Dios–, la luz; por eso no necesitas aferrarte a nada ni a nadie.
Tú, el que es puro, eres la rectitud y el que es recto. Tú no te apoyas ni en hombres ni en cosas u objetos. Tú recibes tu fuerza exclusivamente de lo más sagrado en ti mismo, que eres tú, el Yo divino, en ti, el Yo divino.
Por tanto, no te apoyes en hombres, o te volverás dependiente y deshonesto. Quien se apoya en hombres, también menosprecia a hombres. El que es dependiente se convierte en apéndice de sus semejantes. Cuando éstos ya no le apoyan, se siente solo.
No te apoyes ni aferres a cosas u objetos, pues eso dice de ti que te rebelas contra tu prójimo. Eso también indica la agitación de tu ánimo.
Has de saber que todo hombre irradia su grado de vibración. También las cosas y objetos irradian lo que se adhiere a ellos. Si te apoyas, atraes de hombres, cosas u objetos aquello que te ha movido a apoyarte o que ha producido la agitación de tu ánimo.
Repito: a los hombres, cosas y objetos se adhieren innumerables vibraciones, que se ponen a vibrar en aquel que tiene algo igual o parecido en sí o en su vida y le asedian. Así se refuerzan tus analogías, tu actitud de rebeldía y la agitación de tu ánimo.
No te apoyes en nada ni en nadie, sino sé firme, recto y sincero; entonces eres o te volverás el Yo Soy, la rectitud, la justicia, la ley universal.
Reposa en ti. Cualquier cosa que hagas, hazla por completo, totalmente concentrado, centrado en la cuestión y el asunto.
El sabio, que vive en el templo purificado, también mantiene el orden del templo al hacer un trabajo escrito. Ahora él escribe. Sus sensaciones y pensamientos están con la redacción de su escrito. Desde lo más interno de sí, el Santísimo, en el que vive y desde el que da, influye sobre lo externo, sobre cada letra y cada palabra. De ese modo confiere la fuerza a lo escrito y lo traspasa con la ley eterna, Dios.
Hagas lo que hagas, mantén en todo el orden del templo.
Ahora vas aquí y allá, y estás contigo, porque estás en ti.
Ahora trabajas en la mesa de trabajo, y estás con la pieza de trabajo, y así en ti y contigo.
Hablas con tu prójimo, estás contigo y en ti, y en la palabra hablas la ley.
Lo que haces, lo haces por completo.
Si tienes un objeto en una mano, no has de tener ningún otro en la otra mano, a no ser que ambos objetos estén en concordancia recíproca y no estén en oposición el uno respecto del otro. Si por ejemplo tienes en una mano la pieza de trabajo y en la otra mano la herramienta con la que elaboras la pieza de trabajo, ambos instrumentos están en concordancia recíproca, porque uno sirve al otro.
Cuando redactes un escrito, ten en tu mano exclusivamente el instrumento para escribir. Si por ejemplo en la otra mano tuvieras una regla o un objeto para borrar lo escrito, te desconcentrarías y tu atención estaría dividida, porque estas dos vibraciones que no están en concordancia recíproca, producirían en ti distracción y disonancias.
Si en la otra mano tienes una regla, por ejemplo, subrayarás a menudo expresiones que no deberían subrayarse, o subrayarías lo que tú mismo aún eres o aún no eres. Con ello darías expresión y fuerza a tu yo humano, porque te subrayarías a ti mismo, tu yo. Si en una mano tienes el instrumento para escribir y en la otra el objeto para borrar lo escrito, te equivocarás con frecuencia y luego lo borrarás.
Reconócete en todo y date a ti, tu yo inferior, por vencido; entonces obtendrás el Yo Soy, el SER, que es todo, que sabe acerca de todo y cuya mirada traspasa todo, que oye todo, que habla a través de ti.
Comprende una y otra vez: lo puro se produce exclusivamente en lo más interno del alma, en lo puro –lo impuro exclusivamente en el exterior, en el mundo de los sentidos.
Comprende: el entendimiento del hombre no es el corazón del alma. Quien habla desde el entendimiento, habla desde los programas humanos, porque no está en casa en lo más interno, en el SER, que sabe acerca de todas las cosas, que lo ve todo, que lo oye todo, que se habla a sí mismo.
Las palabras habladas desde el intelecto, llegan a su vez tan sólo al intelecto. No contienen fuerza alguna; por eso están limitadas y centradas en la materia, en la que también son activas.
Tal como en el transcurso de los tiempos el pensamiento y la vida de la humanidad se transforman, sucede también con la palabra que está marcada por el intelecto. De época a época se habla una y otra vez a sí misma, sólo que con otras palabras y conceptos.
El yo humano, inferior, perece, porque únicamente nace del intelecto y es hablado a partir de ahí.
La superficie es el intelecto, que a su vez reacciona superficialmente. De forma que el intelecto es solamente la superficie del lago, no el fondo. En la superficie hay sólo reflejo, y no la verdad.
La palabra de lo más interno es el Yo Soy, la palabra de la ley eterna. No nació como la palabra del intelecto. La palabra de Dios es de eternidad a eternidad, y quien la habla es de eternidad a eternidad.
El verdadero sabio, el iluminado, habla el Yo Soy. Es la ley eterna, la palabra que en lo más interno del alma se habla a sí misma eternamente.
El que está pleno de Dios nunca habla la palabra del intelecto, porque él está en casa en lo más interno, en el Yo divino que él habla.
Deja que la palabra se forme en ti, antes de pronunciarla.
Tanto si piensas como si hablas, ambas cosas son energías que no se pierden.
Lo que se siente en lo más interno, en el templo santificado, es al mismo tiempo la palabra. Lo más interno da buenos frutos, porque la sensación que produjo el pensamiento y hace surgir la palabra, es el fruto divino, la luz y la fuerza que vienen a este mundo mediante el Espíritu de Cristo, que vence a las tinieblas.
Quien se ha vencido a sí mismo con la fuerza de Cristo, contempla lo que es, y habla el SER, el presente, Dios. El hombre externo, por el contrario, habla desde el pasado y el futuro humanos, pues el presente de este mundo es sólo un hálito que, cuando apenas se ha captado, ya se ha desvanecido.
El hombre divino, que en lo más interno está en casa, contempla en lo que se está formando el Es, porque en lo más interno todo es presente y ya se ha producido. El hombre divino vive y obra desde el presente de Dios. Lo que para el hombre-externo tan sólo está en formación, para el hombre divino ya se ha producido, en lo más interno.
Quien vive en lo más interno, contempla también en lo más interno lo que en el mundo exterior se está produciendo y se producirá, y cómo va tomando forma. Con sus sensaciones divinas él acompaña los pasos que aún han de darse en el exterior, pero que en lo más interno ya están dados. En el formarse, él pone la totalidad, de modo que también en el exterior se forme como ya es en lo más interno.
Lo que el hombre-interno guarda y mueve en lo más interno, también se realizará en lo externo, en el mundo de los sentidos, porque en lo más interno ya es y también sigue guardado y es movido.
El lenguaje del SER es impersonal. Lo impersonal no espera nada; no quiere nada; habla su yo, el Yo divino eterno. El Yo divino eterno es el infinito y la plenitud eterna. Los seres puros son el Yo divino que ha tomado forma, la plenitud que ha tomado forma.
Si eres el Yo divino, eres la palabra del Yo divino, que habla en ti y va al mundo como sonido y son, y allí se habla y vibra hacia el oído del mundo y en el oído del SER en el hombre y suena en su alma. Así también se transformará mucho en el mundo, para bien de la totalidad.
Deja que lo que hablas en voz alta fluya desde ti y a través de ti; se formula por sí mismo en ti, porque es el Yo divino. Esto es el Yo Soy, la palabra del SER, la vida y el contenido de la vida. Es lo absoluto, que nunca perece, aunque los tiempos se transformen y pasen.
La palabra que es el SER, el Yo Soy, la ley eterna, que está en la corriente del Universo, no recae sobre ti como la palabra del intelecto, banal y pobre en energía. La palabra, el SER, permanece en la corriente del SER y te traspasa a ti, el SER que ha tomado forma, y también a Mí, el SER que ha tomado forma, y a todo lo que se halla en la corriente del SER y tiene allí su existencia.
Habla por tanto la palabra, el SER, en ti.
Aprende a mover todo en lo más interno de ti, a recibirlo en lo más interno y a hablarlo desde lo más interno; entonces hablarás el lenguaje del SER.
Todo lo que perdura eternamente, se produce en lo más interno del alma. Esto es la verdad; esto es la perdurabilidad; esto es la vida; esto es la corriente, el Yo divino, el Yo Soy. Es la vida y la substancia de la vida en ti.
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Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret a Sus apóstoles y discípulos Parte.XIII
Cristo
Las grandes enseñanzas cósmicas. Parte XIII.
El que es puro penetra todo con su mirada. Su ojo penetrante es la percepción de su consciencia divina. Todo lo que tiene lugar en su consciencia divina, es la verdad; todo lo demás es solamente espejo, reflejo de la verdad, reflexión, destello de la verdad.
Cómo hablas y lo que dices, es tu lenguaje –también tu rostro y tu cuerpo.
Tanto tu interior como tu exterior –tu palabra, tu comportamiento–, hablan su yo. El que está pleno de Dios habla el Yo divino, ya que es el Yo divino en el SER del Padre universal. El que está centrado en el mundo habla su yo inferior; habla el lenguaje de su yo –lo que él mismo es–. El que está centrado en el mundo es el que está envuelto por el mundo, que se contenta con lo que ve, con las reflexiones de su pequeño mundo, que son el reflejo de él mismo.
Lo que tú –el que es puro, la luz en la luz primaria– hablas, es substancia y fuerza, porque es hablado desde lo más sagrado, desde ti, el SER. Este es el lenguaje de Dios en ti y a través de ti.
Habla el lenguaje del verdadero Yo divino, y serás divino. El lenguaje del verdadero Yo divino es la palabra plena de Dios. Ella fluye desde lo más interno de tu templo.
Lo divino no se defiende. Tampoco discute, ya que es. El ES lo contempla todo y ve a través de todo, y conoce lo más interno del hombre y también su exterior. Quien conozca la ley eterna, por ser él ella, no discutirá.
Lo más interno es lo impersonal, que de modo impersonal llama la atención y da aclaraciones sobre lo personal, y rectifica lo falso.
Da aclaraciones a tu prójimo cuando haya habido algo incorrecto, pero nunca lo coacciones; no le insistas para que piense y haga lo que es verdad. Si a pesar de las aclaraciones o de lo que sabe, el obstinado continúa hablando, está hablando su yo, exponiéndose a sufrir las consecuencias.
Tú, el verdadero sabio, calla. Si has rectificado algo incorrecto, si desde la luz de la verdad has alumbrado algo incorrecto y a pesar de todo se te rechaza, calla, pues tú conoces al verdadero Salvador, Dios –y al juez que sólo habla de sí mismo: éste es el hombre que mediante obstinación, mediante venganza y codicia, se entrega por sí mismo a la ley de siembra y cosecha, introduciendo en el campo de su vida lo que le juzga a él mismo, que es su pequeño yo inferior, su ley de yoidad.
Lo que tú hablas fuera del Santísimo, no siempre es el lenguaje de tu yo personal, pues no siempre tus pensamientos y palabras son tus pensamientos y tus palabras. Si durante años, decenios, hablas lo que se denomina palabras irreflexivas, ciertamente hablas tú, pero otro habla a través de ti. Esto es entonces determinación ajena, a través del mundo de tus sentidos, en el que entonces tú también vives. El programador, aquel o aquello que te determina, obra a través de ti sobre otros, también de forma determinante. Quien permite esto, es esclavo del pecado y un pecador.
Tú no eres el tiempo, sino la eternidad en el Eterno.
Sin embargo, tú eres hombre en el transcurso del día y la noche, que se llama tiempo. Por eso planifica tu tiempo con Dios, introduce el transcurso del tiempo en tu planificación y tu plan en la ley universal, que está en ti. Llévalo todo a tu templo interno y entrégalo al orden del templo.
Entonces manténte a la vez en silencio y alerta, pues el Santísimo en ti ordena y fija. El Santísimo, que es tu palabra y tu obra, se mueve en lo más interno de ti y te refleja a ti, el ser humano, el transcurso progresivo de tu plan. El lo introduce también en el transcurso del tiempo.
Entonces hablas en el momento oportuno la palabra llena de contenido, que es divina, y haces en el momento oportuno lo que hay que hacer, que a su vez es divino. Entonces tu trabajo diario discurre según la voluntad del Santísimo, que está en ti y en el que tú estás.
Siendo Jesús de Nazaret viajé mucho con Mis apóstoles y discípulos. En los caminos y senderos de un lugar a otro les enseñé lo siguiente:
Cuando caminéis, caminad erguidos; cuando estéis de pie, estad erguidos; cuando estéis sentados, estad erguidos.
Cada uno de vosotros es el SER en la corriente del SER.
Cada movimiento armonioso es el ritmo de la corriente, el ritmo del Universo.
La corriente no conoce ni curvatura ni sinuosidad, no retrocede ante nada ni ante nadie; fluye invariablemente por el Universo y traspasa a todos y todo.
Si camináis por este mundo con pasos grandes, camináis encorvados; vuestras miradas se orientan hacia la tierra, el suelo, de donde acogéis lo que se pega al suelo. Todo lo pesado, cargado, se arrastra por el suelo y a su vez carga a aquellos que dirigen sus miradas y pensamientos exclusivamente hacia el suelo.
Comprended: un modo de andar cargado es un modo de andar arrastrado. Tales hombres se ven solamente a sí mismos, y aquello que a su vez son ellos mismos –lo que les irradia desde el suelo.
Por eso, caminad erguidos; entonces alcanzaréis una visión muy amplia, capacidad de captación y la visión general; entonces estaréis cada vez más unidos a las fuerzas cósmicas. Estas os mostrarán también lo que aún hay que purificar para que con el tiempo veáis de forma cósmica, oigáis de forma cósmica, sintáis, penséis, habléis y obréis de forma cósmica.
Cuando estéis de pie, estad erguidos. No os apoyéis en objetos ni en cosas. A quien se apoya en objetos y cosas, le emiten también esos objetos y cosas; entonces acogéis lo que se adhiere a los objetos y a las cosas.
Quien se apoya en objetos y cosas, también se apoya en su prójimo y toma de éste lo que irradia de humano.
Si te apoyas en tu prójimo y tu prójimo se apoya en ti, con el tiempo ambos os cansaréis y os hartaréis de vosotros, porque las energías que os transmitís y quitáis mutuamente pronto se agotan. ¿Qué sucede entonces?
Las consecuencias son desavenencias, disputas, discordia y desunión. Cuando estáis hartos el uno del otro, cada uno se busca otra víctima, en la que de nuevo se apoya –y eventualmente la víctima a su vez en él–. Entonces se produce nuevamente lo mismo que hubo anteriormente.
Por tanto, estad de pie erguidos; no os apoyéis en nada ni en nadie. Entonces os convertiréis muy paulatinamente en antenas cósmicas que se elevan a los Cielos y reciben de los Cielos.
Cuando estéis sentados, estad erguidos. Vuestra columna vertebral no es encorvada; es vertical y os muestra que os habéis de sentar erguidos, para recibir de la corriente del SER.
Habéis oído que la corriente del SER no conoce curvatura ni sinuosidad. Una columna vertebral sana tampoco conoce ni curvatura ni sinuosidad.
Si estáis recostados en la silla, en cierto modo estáis echados en el suelo y recibís las vibraciones que se arrastran por el suelo.
Si cruzáis los brazos y las piernas, bloqueáis la corriente del SER en vosotros y sobre vosotros, o la desviáis de vosotros y atraéis otras fuerzas.
Sabed: el hombre ha de ser una antena cósmica. Quien hace nudos en su antena o la tuerce, no puede recibir ni las fuerzas ni la salud del Universo. Únicamente las fuerzas del Universo fortalecen y mueven al hombre, le hacen libre y sano. Le otorgan una visión muy amplia, capacidad de captación y la visión general.
Quien no acepta ni vive estas legitimidades, se vuelve estrecho de miras e intelectual. Con el tiempo adopta lo que le hacen creer aquellos semejantes que igualmente están en el recorrido humano.
Cuando os recostéis, recostaos para descansar. Descansad conscientemente y yaced en posición horizontal, y sed conscientes de que descansáis; entonces percibiréis el silencio del Universo.
Si al hablar, al comer o en otra ocasión apoyáis la cabeza en vuestras manos, sólo hablaréis vuestro yo inferior y devoraréis los alimentos como una fiera que busca presa. Entonces os educaréis como insaciables, que anhelan placeres y cultivan el placer del cuerpo, la corporalidad, porque con su comportamiento indisciplinado, con la antena torcida, reciben las fuerzas –es decir los emisores –correspondientes.
La corriente del SER es movimiento armonioso, rítmico. Por eso moveos armoniosamente. Los movimientos armoniosos son las melodías del Universo.
Sabed: todo cuerpo es sonido, es melodía. Tal como suena, es el hombre.
Todo movimiento agitado es una curvatura de la antena, que a su vez es el hombre mismo. Entonces el hombre se apoyará, estará medio recostado en la silla, cruzará sus brazos y piernas, y apoyará la cabeza en sus manos.
Movimientos armoniosos son movimientos dinámicos. Producen flexibilidad en la forma de pensar, hablar y actuar.
Sabed: el hombre recto es en cierto modo el erguido, que irradia los sonidos cósmicos en su forma de pensar, hablar y obrar, cuyos gestos y mímica expresan las sinfonías cósmicas.
Sentaos por tanto erguidos, y poned ambos pies en el suelo; entonces desviáis las tensiones y acogéis vibraciones armoniosas.
Sabed: cada uno de vosotros es el Universo comprimido, y el Universo es el SER –es el Hogar eterno, el mar de luz, Dios–. Por eso comportaos, como seres humanos, de modo que emitáis hacia los Cielos y recibáis de los Cielos.
Si vives en la corriente del Universo, eres la esencia del Universo. Entonces vives en la plenitud y eres la plenitud. Ninguna persona ni nada pueden decepcionarte, porque no esperas nada, ya que eres la plenitud.
Comprended: el Universo y la corriente universal emiten incesantemente. Observad arbustos, flores, animales y piedras –ellos son–. Tienen sus antenas levantadas hacia el cielo.
Los animales, plantas, arbustos y árboles no se apoyan en sus iguales, a menos que el hombre intervenga en el proceso cósmico. Cuando los árboles están demasiado cerca entre sí, no pueden desarrollarse. De forma similar ocurre al hombre, cuando se apoya en hombres, objetos y cosas.
Desarrollaos: no os apoyéis en nada ni en nadie.
El hombre ennoblecido es el hombre sabio, que reposa en su interior.
El hombre ennoblecido, sabio, no ríe desde la garganta, sonríe desde el corazón.
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Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret a Sus apóstoles y discípulos Parte.XII
Cristo
Las grandes enseñanzas cósmicas. Parte XII.
El hombre materialista, centrado en sí mismo, es del parecer de que él es el señor del mundo y del Universo. Como sólo ve una pequeña perspectiva de la vida, que además está envuelta por su propio yo humano, cree ser un dios. Esta creencia en dioses le otorga la arrogancia de pensar que puede seguir desarrollando la Creación, enteramente según su imagen y su medida. En realidad se conduce a sí mismo al abismo y destruye la materia y su cuerpo físico.
En el número ocho (acht en alemán) está contenida la divinidad, en el menosprecio (Verachtung en alemán, que descompuesta en sílabas contiene la palabra acht = ocho y también la palabra Achtung = respeto) el adversario de Dios, que invirtió la polaridad del SER sagrado, el ocho / respeto (acht / Achtung), haciendo de él el menosprecio (Verachtung). De este modo creó él su ley de la Caída, que será la que a él mismo lo hará caer.*
Quien no respeta a su prójimo, no honra ni al Padre eterno ni a Mí. Sus oraciones permanecen estériles, porque el fruto encapsulado en ellas no llega a madurar.
Quien se hace honrar por hombres, no honra a Dios.
El adversario lleva al alma y al hombre al mundo de los sentidos. Les tienta con la apariencia de su prójimo. Les muestra lo que otros poseen y tienen, su «mío» y su «para mí», y les hace codiciosos y envidiosos. De este modo les va apartando de lo más interno, del SER, de la plenitud en Dios –llevándoles al mundo externo, a la apariencia.
Quien se deja deslumbrar por la apariencia, se vuelve como el que ya está deslumbrado: codicioso, envidioso y ávido. Entonces codicia con todas las armas que están a su alcance, para conseguir lo que le irradia la apariencia del prójimo: brillar externamente mediante prestigio, medios económicos y posibilidades que se reflejan en el dinero y los bienes.
De este modo el hombre va saliendo cada vez más de la plenitud interna y empobrece en fuerza interna y espiritualidad. Instruye su entendimiento y lo erige en intelecto, para convertirse en un intelectual, que posee saber sobre la apariencia, sobre la ilusión óptica –y al hacerlo ya no conoce el SER, su verdadero Yo divino, la realidad de la vida, sino sólo a sí mismo, su pequeño mundo, en el que domina, gobierna y ata a su prójimo a sí y a sus puntos de vista, a los que también él mismo está atado.
¡Ay de aquellos que utilizan el entendimiento para deificar a hombres! Imperceptiblemente un hombre tal crea ídolos. A éstos es adicto en este mundo –y después de su muerte física también les es adicto.
El codicioso, egocéntrico, que se sobrevalora en el brillo de la apariencia, quiere ser siempre el más grande y el mejor, y dominar sobre todo y a todos.
El afán de dominar tiene a su vez los brotes del miedo a que otro pudiera ser más grande, alcanzar más brillo, más prestigio y riqueza. Acuciado por el miedo, él cree que ha de tener sus ojos y oídos en todas partes para no ser perjudicado. Si se presenta un rival, es combatido. Si éste tiene cualidades que él no posee, surgen al mismo tiempo la envidia y la enemistad, y no menos el ardor bélico, la aspiración a apartarlo.
El miedo y el ardor bélico traen la curiosidad. El hombre-yo quiere verlo y escucharlo todo para saberlo todo, para protegerse de peligros que podrían llegar a él procedentes de los semejantes que tienen más prestigio, que parecen mejores, más listos y más ricos. Esto lleva a que él tenga que orientarse constantemente. La curiosidad le empuja a mirar hacia adelante, hacia atrás, hacia arriba, hacia abajo, hacia la derecha y hacia la izquierda, para verlo y escucharlo todo. Al hacerlo, se ve y se escucha solamente a sí mismo; pues lo que le empuja, su yo humano, empuja a su vez hacia él lo igual y lo parecido.
El hombre egocéntrico se ve a sí mismo en toda situación. Se oye a sí mismo en toda situación. Se encuentra sólo a sí mismo –a hombres que a su vez se parecen a él mismo–. El y su prójimo hablan el mismo lenguaje, sí mismo. Lo que resulta de ello, son a su vez sólo ellos mismos. Así se atan el uno al otro. Aquello con lo que se han atado lo purificarán por su parte juntos, hasta que puedan abandonar la rueda de la reencarnación y los reinos de las almas.
Por eso, oh hombre, ejercítate en lo desinteresado y aprende a reconocerte como ser en Dios.
No mires a tu alrededor al sentir curiosidad, o te verás a ti mismo, tu yo, con el que luego tendrás que luchar y batallar.
No espíes las conversaciones de tu prójimo; no estés escuchando cuando dos conversan, u oirás solamente tu propio yo –a menos que ellos te incluyan en su conversación.
El hombre asume responsabilidad respecto de lo que oye.
Si en lo más interno de tu templo estás en casa, hablarás la palabra de la verdad, que es de eternidad a eternidad, la vida.
La palabra de Dios es la corriente del Universo. La palabra humana es solamente la orilla. Por eso, hablad sólo lo importante y llenadlo con la fuerza de la realización, con la fuerza de Dios. Entonces entraréis en la corriente del Universo.
La palabra que habláis tiene sólo valor y fuerza en la medida en que habéis realizado lo que pronunciáis; pues sólo entra en el hombre lo que habéis cumplido, es decir realizado, y no lo que tomáis de vuestro intelecto. Esta palabra está vacía, es en cierto modo hueca y no conoce la profundidad del Universo, la cual Yo Soy.
No basta con afirmar las leyes del Universo, las leyes de Dios, y proclamarlas. Sólo quien las realiza trae buenas obras.
Lo que enseñáis tenéis que haberlo realizado primero vosotros mismos; este es el mejor ejemplo. Estas palabras y obras entran en el alma del hombre, porque contienen substancia y fuerza.
De nada sirve hablar de la luz y no ser la luz.
Quien de la luz sólo habla, está vacío, porque está dividido. Quiere servir a Dios y cree que basta servir según la letra. Sin embargo, esto no es servir, sino ser servil. El enseña una palabra, pero no la palabra, porque la letra mata, en tanto que la luz en la letra vivifica.
Solamente puede hallar la luz y dar vida a la palabra el que camina hacia adentro y se convierte en la luz.
Quien de la sabiduría sólo habla y no es sabio, está en el mundo, vive con el mundo y está a favor del mundo. Está por tanto dividido; habla la sabiduría según la letra y no obstante está en el mundo. Quiere ser sabio y no lo es. Así se engaña a sí mismo y simula ser ante otros lo que no es: sabio.
Quien de los sentimientos buenos y afectuosos sólo habla, tiene solamente palabras sobre los sentimientos afectuosos, pero no trae lo bueno, lo valioso a este mundo.
Quien realiza, trae valores espirituales y obras espirituales a este mundo. El es el que piensa con el corazón, que da desde la luz de la vida. Vive de forma justa, pues sabe que Dios ve en el corazón de cada cual.
Los que han despertado en el Espíritu de Dios, ven a los que no han despertado. Les ven en su forma de comportarse, en su forma de pensar y de hablar. Tratan de ayudarles, en la medida en que éstos lo desean.
Los que han despertado en el Espíritu, conocen a los que no han despertado, les entienden y les ayudarán tanto como sea bueno para su alma.
Los que no han despertado, sin embargo, no reconocen a los que han despertado; para ellos son en muchos casos charlatanes y sabelotodo, o los alínean en la consciencia que corresponde a su propio ser.
Los que no han despertado, que se orientan únicamente por la materia, ven en el que ha despertado espiritualmente, en lo divino, o bien a un perturbador o a un hombre raro, en el que no son capaces de penetrar.
Los que conviven diariamente con alguien que ha despertado, ven sólo al ser humano y no captan lo que irradia de él.
Cuando uno que no ha despertado quiere enseñar y guiar a otro que no ha despertado, ambos siguen sin despertar, porque sólo hablan palabras vacías, en cierto modo huecas, en las que no llamea el fuego del amor, que les daría claridad y les haría ver. Ambos son los ciegos que caerán en la fosa.
Por eso velad y orad, y que vuestras palabras se vuelvan luminosas; sí, divinas, para que viváis en Mí, el Cristo, y seáis uno conmigo, el Cristo; pues el Eterno Me ha enviado a los hombres para anunciarles y traerles la luz y la salvación.
Quien ha desolado su templo interno, construye viviendas cada vez más grandes y suntuosas. Con ello se perdió la consciencia de la presencia de Dios y la visión de la verdadera vida. Yo he venido a erigir nuevamente el templo interno y a hacer visible el sagrado obrar de Dios.
Con Mi fuerza estoy otra vez entre los hombres, para anunciarles de nuevo la luz y la salvación. Dichosos los que Me encuentren en su corazón. Ya no necesitarán templos externos –ellos mismos se habrán convertido en templos de la salvación.
Yo Soy la libertad. No os dejéis atar ni a dogmas ni a preceptos.
Haceos conscientes: en el Cielo no hay dogmas ni preceptos ni ceremonias, ni autoridades ni subordinados. En el Cielo sois todos entre vosotros iguales –hermanos y hermanas–. Quien no aspira a esta meta o se deja disuadir de esta meta, es un necio y en cierto modo un muerto en espíritu.
El que ha despertado, se esfuerza por alcanzar el interior, el reino de la vida –el que no ha despertado se esfuerza por lo exterior, por las cosas que se reflejan en el mundo materialista y gobiernan al que está con este mundo.
Nunca os dejéis atar en instituciones ni aleccionar por fariseos y escribas. Ellos no tienen las llaves que conducen al Reino de Dios, ya que ellos mismos no han entrado en la vida. En consecuencia tampoco dejan entrar a los que lo quieren; pues no conocen la cerradura, porque no se han ejercitado en llevar la llave que Yo Soy, Cristo.
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jueves, 23 de junio de 2016
Los tiempos que se están anunciando. (Maestro Kuthumi y Sananda)
Kuthumi
Los tiempos que se están anunciando.
MENSAJES DE LOS MAESTROS
MAESTRO KUTHUMI Y SANANDA
Yo soy el maestro Kuthumi, me presento ante ustedes mis amados hermanos en la luz, en vista de los tiempos que se están anunciando, y tratare de explicar un poco más , este proceso, ya , que se hace muy largo y lleno de expectativas, para aquellos que se encuentran listos , y han realizado el balance perfecto de vuestro karma . Y para aquellos que sienten que vuestro piso ha tambaleado, y lo que deseaban con tanto anhelo, hoy se ha roto a pedazos.
El camino transitado hasta aquí, pudo haber sido arduo, si lo han vivido dramáticamente en algunas encarnaciones y poéticamente impregnadas con la fragancia del amor en otras.
Esa ha sido vuestra elección, y aquellas almas, que viven ahora, comprendiendo este pasaje, como una gran experiencia, llena de matices de claros y oscuros, despojándose ya de las vestiduras terrenales, y atreviéndose a solo llevar los ropajes celestiales , percibiendo latir vuestros corazones desde la simpleza del amor sublime y divino.
Deseo hablarles y decirles, que nunca el ser humano , ha contado con tanta ayuda, desde lo cósmico , y las condiciones están dadas, para que puedan evaluar vuestra situación personal e individual, y colectiva, todavía queda tiempo, siempre hay tiempo.
Pues puede producirse en tan solo unos instante de vuestras existencias lineales tridimensionales.
Aquiétense, los que están viviendo situaciones de cambio, (lo que era ya no es mas), tienen que aprender de nuevo, y de eso se trata.
Es una nueva oportunidad, una experiencia nueva, así surge el hombre nuevo, renovado, liberado.
Si esta situación de cambio no se hubiera producido , nunca hubieran experimentado la única posibilidad que ahora se les esta anunciando , dejar atrás , darse cuenta , de vuestra contextura divina.
Si, verán, alrededor vuestro, situaciones de caos.
Precisamente, el resurgir desde el alma y el corazón.
Hace que vosotros comprendan el profundo deseo interno, que yacía oculto, y no lo podían percibir.
De eso se trata, este proceso, y dar un vuelco a vuestras existencias terrenales para convertirlas en divinas.
Para los que ya están listos y son faros de luz, iluminando, y armando puentes eternos, extendiendo lazos de hermandad con todo lo creado.
Donde no hay tiempo ni espacio, ni pasado, ni futuro.
Hermanos en la luz, amados, me despido, y saludo a esta alma que con tanta dulzura ha recibido mis palabras y seguro desea trasmitirles las de mi hermano Sananda.
Amados míos, os amo, por siempre, estoy junto a vosotros, y junto a mí amada hermana.
Vengo a vosotros, y en verdad os digo, como os he hablado en los tiempos, que he pisado vuestra tierra, y a corroborar, las vibraciones de luz, expresadas, por mi hermano Kuthumi.
Y como Príncipe planetario, como os gusta deciros vosotros, todo esta preparado por mi Padre.
El Plan Divino, se esta cumpliendo a la perfección, según lo establecido.
Muchas almas se están despertando del sueño tridimensional, y junto con mis hermanos y vuestros hermanos del universo, con amor os envolvemos y os protegemos, sintáis estas vibraciones.
El Cambio planetario, es un cambio universal, tenéis que asumiros de ello.
Todos estáis involucrados, y la prueba de ello, la tenéis, a la vista.
Si miráis, y os detened.
Veréis, a las almas, a vuestros hermanos, sumergidos en las situaciones que jamás hubieseis imaginado.
Esto tiene una respuesta, amados míos, como en aquella época, cuando predicaba, sobre la liberación del alma.
Os decía, lo mismo que os digo ahora, “solo desde el dolor, resucita el alma”.
Muchos no entendieron, porque se desearía el dolor, para mis hermanos. Pero, en la Cruz, mi dolor, redimiría, tanta oscuridad, no entendida.
Estos son los Tiempos de Alegría, donde he regresado en los corazones de los hombres.
Y permaneceré por siempre.
El Mensaje es el Amor, y tiempos de gloria y júbilo os esperan.
Amados hermanos, recordad, amar, es una palabra maravillosa, es la palabra que debéis adoptar, si vuestros corazones así lo desean.
Nunca olvidéis, estoy junto a vosotros. Os amo.
Gracias, maestro, por tu presencia, te amo.
Por María Ruso - 6-9-2012
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Mantener el libre albedrío en la nueva era. (Maestro Kuthumi)
Kuthumi
Mantener el libre albedrío en la nueva era.
Como el lector puede constatar, la estructura de la nueva era de oro estará regida por dos leyes cósmicas: una será la ley de atracción y la otra será la ley de la Jerarquía. Aunque en la medida de lo posible todas las demás leyes cósmicas ejercerán su influencia. Examinemos algunas de ellas:
La ley cósmica del libre albedrío, la cual seguirá aplicándose. Es una parte, una parcela de alguna encarnación en la Tierra. Hasta en la estructura jerárquica, el alma individual siempre tiene elección sobre lo concerniente a su vida. Se pueden cambiar los caminos a seguir, incluso si antes de encarnar, él o ella, predeterminan otras vías. La diferencia en esta Nueva Era (y podemos referirnos a otras Eras de oro para ello) está en la falta de fuerza negativa de la cofradía oscura, que por las pruebas y equívocos, se intentan manipular y engañar con amenazas unos a otros para tomar decisiones que favorezcan su causa, pues esto dejara de ser.
Esta vez el al alma individual, obrando siempre como un vehículo físico, debe elegir una vida espiritual o material. Por razones de estructuración jerárquica, siempre habrá guías para encaminar a la gente hacia lo elevado, pero si alguien decide ir en sentido contrario, será libre de hacerlo.
Incumbe solo al individuo medir sus propios sentimientos internos para saber que camino seguir. En la Nueva Era , ya no se será condicionado por tentaciones obsesivas de una u otra tendencia. En su lugar, las sensaciones de su vehículo físico se trataran en relación con su ser superior. El ser superior regirá el vehículo físico en términos de salud, por ejemplo. ¿Purificará sus motivaciones frente al dinero?, ¿gobernará su comportamiento en el matrimonio?.
Habrá mas concentración para descubrirse uno mismo, para penetrar en lo profundo del Ser Superior, rico en historia y conocimiento. La consecuencia del descubrimiento de uno mismo, sera la adquisición (o re adquisición) de la habilidad del alma para comunicarse telepaticamente y ver con mas clarividencia. Desarrolladas estas potentes facultades internas, el individuo estará en posición de elegir entre las sensaciones físicas externas o las alegrías internas del Ser Superior. La lucha o la dualidad entre esas dos cosas y la elección que engendran se harán a un nivel mas alto.
Es en la elección por libre albedrío que elegimos lo externo o lo interno. Aunque parezca evidente al lector que el alma individual deba elegir lo interno conforme a su propio plan divino, no siempre tendrá las cosas tan claras y en consecuencia habrá lecciones que aprender y el Karma cumplirá su rol. Este auto análisis tendrá lugar en un mundo espiritualmente mas sano y en condiciones totalmente diferentes, la apuesta será grande, porque habrá enseñanzas muy profundas que aprender sobre la evolución y el universo. Al menos esas lecciones no estarán sujetas a las dificultades de las guerras, desacuerdos financieros, desenfreno sexual, crímenes y toda clase de inconvenientes que inundan nuestra vida hoy.
La gran aventura del descubrimiento de uno mismo está a punto de comenzar y os diré que a ejemplo de otros seres de plena conciencia que sondean los verdaderos santuarios interiores de vuestros templos individuales, el viaje que tenéis por delante es el más dichoso, porque nosotros sabemos ya el resultado. Descubriréis que sois esencialmente Dios y el camino hacia este descubrimiento es el ultimo hacia la realización.
Por el maestro Kuthumi
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