sábado, 23 de julio de 2016

Cómo Leer los Registros Akásicos Descubre la Memoria de tu Alma (Linda Howe)




Cuando tenía veintiocho años, fui con una amiga a una feria de Re-naissance, donde una echadora de cartas de tarot me hizo una lectura que terminaría convirtiéndose en un acontecimiento muy importante para mí, no por los detalles de lo que la mujer me dijo, sino por cómo me sentía cuando ella terminó. 
Hubo un momento en que dejé que la verdad de sus palabras se sumergiera en mi interior, y entonces sentí una asombrosa sensación de liberación personal. ¡Cuánto me hubiera gustado poder ofrecer aquella misma sensación a todo el mundo! 
Me fui de la feria con la idea de ganarme la vida como echadora de cartas de tarot; pero con el paso de los días empecé a pensar que aquello era ridículo. Los echadores de cartas de tarot, y en general todas las personas relacionadas con la adivinación espiritual, parecen personas muy extrañas, dan la impresión de estar demasiado separadas de la vida convencional, casi como inadaptadas; y me dio miedo pensar que, si me dedicaba a esas «lecturas», yo también pudiera pasar a pertenecer a esa subcultura. 
Aún no me había reconciliado en mi interior con la idea de que se podía ser una persona normal, dentro del mundo, y, al mismo tiempo, dedicarse a echar cartas de tarot. 
No, en aquella época, era una situación de «o esto o lo otro», o vivía en el mundo real o me quedaba en los suburbios de éste. Pero más o menos un año más tarde, otra amiga me sugirió solicitar una lectura a una mujer de Texas que trabajaba con los Registros Akásicos... fuera lo que fuera aquello. 
Se trataba de una mujer muy popular, de modo que pedí cita por teléfono previamente. Ella me comentó que podría decirme el propósito de mi alma, y yo sin duda quería saber qué era aquello. En aquella época, mi situación económica y mi vida laboral eran tan problemáticas que no podía encontrar ni siquiera un sitio donde aterrizar. 
Todos los empleos que había tenido durante aquel período me habían ofrecido algo que yo necesitaba, pero en general había resultado insatisfactorios. Estaba ciertamente desconcertada. Llamé a la hora previamente acordada, y la mujer se lanzó a la lectura. Sus modales eran acogedores pero, entre su marcado acento y las nuevas ideas que me iba presentando, yo no estaba muy segura de lo que me iba diciendo. 
Lo que sí sabía era que volvía a tener aquella sensación clara y diferenciada de ser conocida y amada. El resto de la lectura carecía de importancia, y me pasó por la cabeza el pensamiento de que me encantaría hacer lo que ella estaba haciendo. 
La vida siguió avanzando. Para cuando cumplí los treinta años, yo había resuelto muchos de mis problemas personales. 
Gracias al amor infinito y a la fuerza de Dios, me había liberado de un terrible trastorno de la alimentación y había conocido a una persona maravillosa, con la que sigo compartiendo mi viaje actualmente. 
Cuando Lisa y yo nos conocimos, ella me enseñó a leer las cartas de tarot. Nos pasábamos horas y horas echándonos las cartas. Un amigo suyo, Steven, le había enseñado el modo de descifrar el tarot, y ella simplemente me lo enseñó a mí. 
Nos lanzamos a la marea y, durante un par de años, no perdía ocasión de leer las cartas siempre que podía. Mientras estaba lejos de casa, en la escuela de graduados de la Universidad de Illinois, me pasaba el tiempo desarrollando mis habilidades, haciendo lecturas para los enloquecidos estudiantes graduados. Luego, volví a Chicago y me puse a trabajar en una compañía aseguradora durante el día, para luego hacer lecturas de cartas a otras personas siempre que se me presentaba la ocasión. Detestaba mi trabajo. Intenté que me gustara. Intenté que funcionara. Lo intenté una y otra vez... pero fue en vano. 
Tuve que dejar aquel empleo. Me dije a mí misma que, si lo dejaba, podría obtener las titulaciones de lengua rusa que se me exigían para mi graduación en Historia de Rusia. 
Estaba demasiado aterrorizada como para reconocer que dejaba aquel empleo con la intención de convertirme en echadora de cartas de tarot, de modo que me llené de valor con esta justificación socialmente aceptable de por qué dejaba un empleo magnífico, y di la noticia a las personas más cercanas. Pero intentar aprender ruso, ya por enésima vez en mi vida, era sin duda algo doloroso, tan intolerable como mi empleo en la compañía aseguradora. Después de buscar en mi alma una y otra vez, después de algunos lamentos y rechinar de dientes, me bajé de mi personal cruz casera y dejé lo del ruso. 
Durante tres segundos sentí un bendito alivio, pasados los cuales llegó el terror. Había llegado el momento de la verdad: me admití a mí misma que quería hacer lecturas de tarot... para ganarme la vida. Quería ser una echadora de cartas de tarot profesional. Para llevar a cabo mi sueño, limpiaba casas durante el día y leía las cartas de tarot en los cafés por las noches. ¡Era tan divertido! Al cabo de un tiempo me monté una consulta en mi casa, y el negocio comenzó a crecer. 
Más tarde, comencé a darme cuenta de que un extraño patrón se repetía en mis consultas. Las personas que venían a verme eran, por regla general, personas brillantes y perspicaces. 
Estas personas venían a que yo les hiciera una lectura, mirábamos juntas las cartas y «veíamos» todo tipo de cosas que podrían ayudarles a obtener una mayor claridad y a resolver distintos asuntos en su vida. 
Luego, nos felicitábamos mutuamente mientras yo las acompañaba a la puerta y, más tarde, entre seis y ocho meses después, regresaban quejándose exactamente de los mismos problemas. Perdón, debo hacer una corrección: algunas personas regresaban con los mismos problemas. 
Había dos grupos claramente diferenciados. Las personas de uno de los grupos sólo necesitaban comprender un poco las cosas para resolver sus dificultades o para superar sus limitaciones. Para estas personas, el problema era cierta falta de conocimiento, de modo que el conocimiento resolvía siempre sus problemas. Pero para las personas del otro grupo había algo más en la raíz del problema. Para ellas, el conocimiento no necesariamente se traducía en poder; y, sin el poder que parecía necesitar, las personas de este grupo parecían seguir atascadas. Resultaba doloroso que estas lecturas no parecieran «prender», y aquello me hacía sentir muy mal. 
Mis oraciones se llegaron a hacer desesperadas: «Dios, tiene que haber una forma en que las personas puedan acceder al poder que necesitan para resolver sus problemas. Evidentemente, el conocimiento no es suficiente. 
Es algo magnífico hasta donde alcanza, pero hay veces en que no llega hasta el fondo. ¡Socorro! ... y P. D. ... la solución no puede hallarse en ningún tipo de dogma ni institución porque, como grupo, las personas que vienen a mí no les gusta todo eso». Para entonces, ya me había acostumbrado a recibir respuestas de Dios ante las oraciones realizadas desde el corazón, y sabía que la respuesta llegaría en el momento oportuno. No tenía ni idea de cuál sería la respuesta, pero estaba abierta a cualquier solución de verdad.

Un viaje chamánico 

No mucho después de aquella oración, una amiga me invitó a un círculo chamánico de tambores. A mí no me apetecía ir; la idea de sentarme descalza en un círculo con un puñado de personas ataviadas con esas camisetas que llevan pintados animales de poder se me antojaba espantosa, para nada una experiencia de poder. Sin embargo, mi amiga estaba entusiasmada con aquello, de modo que finalmente cedí. Imagine: ahí estaba yo, leyendo cartas de tarot para ganarme la vida y, al mismo tiempo, temiendo que el círculo chamánico de tambores me pareciera demasiado raro. ¡No tuve más remedio que reírme de mí misma! La mujer que dirigía la reunión se llamaba Pat Butti. Ella tenía el grupo más estable y con más largo recorrido de toda la zona, de modo que me pareció lo suficientemente seguro. Era una mujer grande, lo último que esperaba, con el cabello a mechas, un perro de peluche y una alfombra en el suelo. El ambiente rebosaba de bienvenidas. 
Pat explicó brevemente el viaje en el que nos íbamos a embarcar. Todo aquello me sonó un poco melodramático, y supuse que a mí no me iba a ocurrir nada de lo que decía, pero decidí dar un voto de confianza y participar honestamente con lo mejor de mí misma. Con los primeros golpes de tambor me fui... me fui a otra dimensión, una dimensión tan real para mí como la ropa que llevaba puesta. Lo sentí, sentí el poder para efectuar el cambio; sin dogmas, sin instituciones; fuerza vital pura. «De acuerdo, Dios pensé cuando emergí del trance, ¿y ahora qué?» Pocas semanas después, estaba yendo a clases de chamanismo clásico en la Foundation for Shamanic Studies (Fundación de Estudios Chamánicos), donde tuve la inmensa fortuna de tener como profesora a Sandra Ingerman, la autora de Soul Retrieval (Recuperación anímica). 
Mis consultas de tarot cedieron terreno, y comencé a ofrecer sanación chamánica. Era una forma maravillosa de entregar energía y poder a las personas que lo necesitaban, de permitirles recuperar por sí mismas la fuerza vital perdida. Durante cinco años trabajé como terapeuta chamánica en sesiones individuales y en grupo. Fue maravilloso. 
Quizás haya adivinado usted lo que viene después, que un sendero que me había resultado plenamente satisfactorio estaba a punto de cerrarse para abrirse otro nuevo. 
Un día, mientras dirigía un círculo de viaje e invocaba las direcciones, como suele hacer quien oficia (pidiendo, esencialmente, que todas las personas presentes puedan obtener lo que necesitan), me escuché a mí misma invocando a Dios y pidiéndole protección y apoyo. 
No estaba invocando a los espíritus del este, del sur, del oeste y del norte, como era habitual, sino a Dios. Es cierto que las direcciones y los animales (así como todas las cosas naturales) son expresiones de Dios; pero, por algún motivo, sin pretenderlo, había dejado a un lado la estructura chamánica. Después de aquello, cada vez que hacía una sanación chamánica con alguien, me escuchaba a mí misma diciéndole a Dios que aquella persona era su hijo o hija, y que necesitábamos que él mismo se ocupara de la situación. Finalmente, estando de pie en otro círculo de tambores, hubo un momento en que, al mirar hacia abajo, me miré las manos y vi las señales físicas de algo que no acababa de encajar: ¡que yo era una de las chicas más blancas de la ciudad! Y pensé que haría bien en dejar el chamanismo a otras personas.

Los Registros Akásicos 

Había llegado el momento de pronunciar una vez más mi oración de la desesperación. Esta vez fue algo así como: «Dios, tiene que haber una forma de acceder tanto al conocimiento como al poder, una forma que sea fácil y sencilla. 
Sin trastos que llevar de aquí para allá; quizás sólo una oración. Por favor, ayúdame». Y no me quedó la menor duda de que la ayuda estaba en camino. 
Pocas semanas después, yo estaba en un panel de expertos ofreciendo alguna información sobre chamanismo, y había otra mujer que estaba allí para hablar de los Registros Akásicos. 
No estaba muy segura de lo que esa mujer estaba diciendo, era todo muy esotérico, pero había algo atrayente en ello, de modo que decidí participar en un curso de Iniciación a los Registros Akásicos de dos días de duración que ella misma impartía. 
En aquel curso, nos enseñó cómo abrir los Registros pronunciando una oración específica. Y cuando seguí sus indicaciones... ¡bam!, sentí un cambio claro y diferenciado. 
Y allí estaba otra vez aquella sensación, la sensación de ser conocida y amada. No fue tan abrumadora como la experiencia original, pero la reconocí... y sentí que, por fin, estaba en casa de nuevo. Pero lo que me resultó más convincente de aquella nueva experiencia fue que no había sido nada sensacional. 
No había sido un fenómeno espectacular: nada de chácharas con voces divertidas, ni tampoco ojos que se entornaban ni todo eso. Fue sólo un sutil, sencillo y discernible cambio dentro de mí que me permitía acceder a la dimensión de conciencia que había estado buscando. 
Con el transcurso de los años, esta sensación de amor ha demostrado ser ciertamente fidedigna para mí. 
En cualquier momento en que desee entrar en este maravilloso estado, lo único que tengo que hacer es pronunciar esta oración. Comencé a hacer lecturas akásicas para mis clientes chamánicos y, durante dos años, trabajé con ambos sistemas. Hacía lecturas para mí misma casi a diario, y practicaba las lecturas akásicas con cualquier persona que me lo permitiera. Tenía la sensación de que la Luz me había «atrapado» para llevarme en una dirección diferente. 
Fuera en las lecturas que me hacía para mí misma o en las lecturas que hacía para otras personas, lo cierto es que conseguía entrar en aquel estado de conciencia que tanto había estado buscando. Pero había más: todos mis años de estudio se estaban relacionando en mi interior.
Yo había explorado los escritos de Joel S. Goldsmith y de Alice Bailey, entre otros; y, como consecuencia de ello, estaba mentalmente preparada para la siguiente etapa de mi viaje. 
Las Iglesias del Nuevo Pensamiento, la Ciencia Religiosa y Unidad, todas las puertas que yo había abierto con anterioridad, me ayudaron en gran medida también. 
Todo lo que había experimentado y aprendido a lo largo de la vida acudía en mi ayuda paca adentrarme en esta nueva esfera. ¡Y todo lo aprendido sigue prestándome su ayuda! 
En 1995, Lisa y yo nos trasladamos a la península de Olympic con nuestro hijo pequeño, Michael, con la creencia de que aquél sería nuestro hogar para el resto de nuestras vidas. 
Nos encantaba; estábamos rodeados de una belleza espectacular, en la pintoresca ciudad portuaria victoriana de Port Townsend. Allí, casi fuera del mapa, en una ciudad de siete mil habitantes, mi consulta creció rápidamente. 
Era un lugar donde la gente iba a sanarse, de modo que mi trabajo fue muy bien recibido. Pero los trastornos de la mudanza y la educación de un niño pequeño fueron demasiado estresantes para mí. Me sentía agradecida por el hecho de que se valorara mi trabajo, pero la lista de clientes estaba creciendo hasta un punto que me resultaba difícil de manejar. 
Tenía que ver en consulta a tantas personas cada semana que terminé sintiéndome muy estresada. Finalmente, y aunque me encantaba mi trabajo, el exceso de clientes me pasó factura, y al cabo de un tiempo empecé a tener la sensación de que me desmoronaba en mil pedazos. 
Había que renunciar a algo, y volví a la oración una vez más: «Dios, por favor, ayúdame. Dime qué debo hacer en esta situación». Y entonces me llegó una revelación. Súbitamente, comprendí que muchas de las personas que venían a mí en busca de lecturas de los Registros Akásicos podían hacer aquel mismo trabajo por sí solas; no había ninguna razón obvia por la cual esas personas no pudieran aprender a leer los Registros. La solución a mi problema pasaba por enseñar a la gente a hacer aquel trabajo para sí mismos y para los demás. 
Si mis clientes podían aprender a acceder a sus propios Registros, podrían también ayudarse a sí mismos en el desarrollo de su propia autoridad espiritual. 
Podrían pasar de depender de mí a seguir sus propias directrices espirituales, con lo cual conseguirían desarrollarse y madurar. Luego, podrían buscar mi ayuda sólo en el caso de que se quedaran bloqueados o de necesitar de un apoyo externo para seguir avanzando en su viaje. 
Mi objetivo era, y siempre ha sido, ayudar a los demás en su búsqueda, ayudarles a encontrar su propio camino, en lugar de encontrarlo yo para ellos (cosa que, por otra parte, no podría hacer de ningún modo). Nunca había pretendido alimentar una dependencia innecesaria hacia mi persona, y me sentí aliviada cuando me llegó esta solución. 
Creo que en la búsqueda espiritual hay distancias que tenemos que transitar solos, y nuestro reto consiste en aprender el modo de hacerlo. Después, hay otros momentos en que lo mejor es buscar el consejo de otras personas. 
A lo largo del camino, mediante ensayo y error, aprendemos cuándo hay que ir solos y cuándo buscar ayuda. 
Y aprendemos que, en última instancia, estamos aquí para ayudarnos unos a otros. Así pues, mi oración había recibido respuesta, y disponía de una solución. Enseñar a mis clientes a leer sus propios Registros Akásicos era una manera de darles poder para que se ayudaran a sí mismos. 
Entonces, podría disponer de tiempo para concentrarme en aquellas personas que necesitaban de la ayuda de alguien externo y, al mismo tiempo, podría disfrutar viendo cómo mis alumnos akásicos crecían y descubrían su propia autoridad espiritual. 
Era perfecto, pero... habría que esperar.

La autorización para la enseñanza. 

Aunque mis directrices internas me estaban animando a meterme en el mundo de la enseñanza, tanto las potencias humanas como las que están más allá de lo humano aconsejaban que sería mejor esperar. ¡Y yo no soy una persona a la que le resulte fácil esperar pacientemente! Pero esperé, porque necesitaba a un maestro o maestra que me ayudara a pasar al siguiente nivel, que me ayudara a arraigar en la práctica con la suficiente solidez como para transmitirla de una forma efectiva. Durante todo un año, seguí haciendo consultas para los demás y haciendo juegos malabares con el resto de mi vida. Y fue durante aquel año cuando conocí a la maestra que necesitaba. Yo tenía una lista de cualificaciones a las cuales debería ajustarse el maestro o maestra correcto, una lista muy específica y detallada. Quería apoyo, guía e instrucciones de alguien a quien yo admirara, respetara y de quien disfrutara. También quería a alguien con quien sentirme libre para ser sincera, y con quien sentirme lo suficientemente segura para ser vulnerable, y que, sin embargo, reconociera también mis puntos fuertes. Idealmente, esta persona tendría todo lo que yo necesitaba, y sería capaz de instruirme. 
Y, un día, llegó Mary Parker, y ella se convirtió en esa maestra que yo buscaba. En cuanto conocí a Mary se me abrió un camino, y todo comenzó a encajar en su sitio con rapidez. 
Mary había recibido una «oración sagrada». Una de las formas en las cuales las personas conectan con los Registros Akásicos es mediante el uso de «oraciones sagradas». 
Estas oraciones se les dan a las personas como «códigos de acceso» que les permiten entrar, experimentar y salir de los Registros sin contratiempos. 
Esta tradición de la oración sagrada se basa en los patrones vibratorios de determinadas palabras y frases, que juntas establecen una cuadrícula vibratoria de luz, un puente energético hacia una región particular de los Registros Akásicos. Cada oración emite una señal en el nivel del alma que contacta y ejerce su atracción sobre las personas que resuenan con la vibración de la oración. Dado que esas personas están energéticamente relacionadas con los determinados tonos, luces y sonidos de esa oración, pueden utilizarla, si así lo desean, para conectar con los Registros. Actualmente, hay muchas personas en relación activa con los Registros Akásicos, y utilizan diversas oraciones sagradas con magníficos resultados. Cuando Mary y yo entramos en contacto por teléfono nos reconocimos de inmediato la una a la otra. 
Yo lo organicé todo para que ella viniera a Port Townsend a dar una Clase de Iniciación. Al menos, suponía yo, ella dará la enseñanza; pero no fue así. Llegó el fin de semana, se reunieron más de treinta y cinco personas en el centro comunitario... y ella me puso a mí al frente de la clase. Con las bendiciones de Mary Parker, recibí la autorización para enseñar los Registros Akásicos haciendo uso de su oración sagrada. 
La gente vino, comenzaron las clases y, a través de mis propios Registros Akásicos, se me reveló un trabajo avanzado. 
Esta época de mi vida no pudo ser más excitante, exigente ni fabulosa. Me encontraba con una forma de transmitir a los demás aquello que les permitiría acceder a su propia autoridad espiritual, un método fiable, sencillo y nada dramático de dar apoyo a aquellas personas que habían sido llamadas a esta Luz como sendero de desarrollo de la conciencia. 
Para mí ha sido particularmente significativo el hecho de enseñarle a la gente el modo de independizarse espiritualmente y depender de Dios al mismo tiempo. 
Sé que hay veces en que debemos buscar consejo en otras personas. En el sendero espiritual, trabajamos con la dualidad de hacer las cosas por nosotros mismos y de dejar que otros nos ayuden. Saber qué hacer y cuándo hacerlo es una habilidad de madurez espiritual. Por otra parte, la vida se hace bastante incómoda cuando una se ve inmersa en las dudas acerca de una misma. Yo he vivido eso. Durante aquella época en que estaba confusa e intranquila, es decir, cuando me dirigía hacia un compromiso espiritual más auténtico, pero haciendo cosas para eludirlo al mismo tiempo, salía de mí misma en busca de toda la gente que pudiera encontrar que fuera capaz de orientarme. Buscaba, me esforzaba, anhelaba que alguien me dijera cuál era mi propósito, qué era lo que Dios quería de mí, qué esperaba el Universo de mí. Era terrible. En esencia, lo que deseaba era que otra persona, inspirada por la divinidad o no, me dijera quién tenía que ser y cómo tenía que ser en esta vida. Se me hacía de noche ante la mera idea de descubrir estas cosas por mí misma. ¿Qué pasaría si me equivocaba de sendero? Ciertamente, era una cuestión de responsabilidad: si yo seguía el consejo de otras personas y no funcionaba... sería culpa de ellas, no mía.
Continua...
Linda Howe.

Cómo Leer los Registros Akásicos Descubre la Memoria de tu Alma (Linda Howe)




LINDA HOWE CÓMO LEER LOS REGISTROS AKÁSICOS DESCUBRE LA MEMORIA DE TU ALMA

CÓMO ENCONTRÉ LOS REGISTROS AKÁSICOS 
Yo no tuve una experiencia cercana a la muerte. 
Más bien fue como si hubiera estado rondando espiritualmente a la muerte durante varios años. 
La situación era ciertamente dura, y no podía comprender por qué. Lo había hecho todo bien: había sido una buena chica, había ido a la universidad, me había esforzado con los estudios y había sacado buenas notas. Tenía un buen empleo y un bonito apartamento. Disfrutaba de lo que parecía una buena vida; pensaba que tenía todo lo que quería... pero me sentía desdichada. Con esfuerzo había logrado todo cuanto me había planteado hacer, pero todas mis consecuciones no habían conseguido acallar el grito que reverberaba desde uno de los cañones de mi alma. Hiciera lo que hiciera, nunca podría ser «lo suficientemente buena»; mis esfuerzos no servían de nada. En ocasiones, simplemente me rendía y me permitía ser tan «mala» como podía tolerar, cualquier cosa para conseguir una sensación de que todo estaba bien, una sensación de seguridad o de relajación. 
Pero tampoco funcionaba. Por último, ya desesperada, recé: «Dios, si estás ahí, tienes que ayudarme. No lo aguanto más. Ayúdame, por favor». Al cabo de seis semanas de aquella oración urgente, ocurrió algo. Yo estaba echada en la cama, apiadándome de mí misma y contemplando las hojas de un árbol que había crecido hasta alcanzar la ventana de mi habitación, en un tercer piso. Una vez más, le pedí ayuda a Dios: «Dime, ¿cómo puede ser que mi vida parezca tan buena y, sin embargo, sea tan desdichada?». Y, entonces, todo se detuvo. Todo el ruido que había en mi interior se silenció, y una sensación de alivio y de calma ocupó su lugar. 
Cuando miré al árbol, tuve la certeza de que estábamos conectados; podía sentir al árbol. 
Con veiiiiiintrés años y habiendo crecido en una ciudad, no había pasado casi tiempo en la naturaleza, y me quedé atónita con la experiencia. Durante unos instantes, sentí con toda claridad que era una con el árbol y con todo cuanto pudiera ver o no. La idea era inmensa y, sin embargo, confortadora al mismo tiempo. Tuve la certeza de que mi vida no había sido el resultado de un golpe de suerte, y se me hizo plenamente evidente que había un Dios. 
Pero lo más importante fue tomar conciencia de que yo le gustaba a ese Dios. Lo de «Dios es amor» no había sido nunca un problema para mí; siempre había sabido que Dios me amaba. Pero nunca había estado segura de que yo pudiera gustarle. En aquel milagroso momento, todos mis miedos se calmaron, y todas mis preguntas quedaron respondidas. 
La sensación de que Dios me conocía plenamente y de que me amaba absolutamente (¡y de que yo le gustaba!) era inequívoca. La experiencia fue tan potente y tan profunda, y la realidad de lo que viví tan abrumadora, que aún no me he acostumbrado a ella... casi treinta años después. Habiendo sido educada en el catolicismo y habiendo crecido en el Medio Oeste, la idea de Dios que se me había transmitido era la de ese «anciano con barba en el cielo», y la mera sensación de estar conectada con el árbol apartó de mí esa idea para siempre. 
El Dios que yo había encontrado en aquel momento iba bastante más allá de mi antigua idea. Mi nueva y expandida versión de Dios era más la de un campo de fuerza que la de una persona. Este campo de fuerza parecía contener numerosas cualidades diferentes que convergieron en un solo punto en aquel momento: un poder pleno de energía y positividad combinado con una exquisita sensibilidad y con una bondad y una compasión cargadas de ternura. 
Había una sensación paradójica de orden sin constricción alguna: un encuentro ordenado de una alegría exuberante, una profunda serenidad, una conciencia precisa y una sensación de reverencia por el momento; y una inclusión abierta y expansiva de todo cuanto existe, todo cuanto haya existido y todo cuanto vaya a existir... todo ello simultáneamente. ¡.Aquél era un Dios que valía la pena conocer! Durante algún tiempo pensé que debería de haber una palabra mejor y más moderna para describir aquel poder y aquella presencia. 
Pero al final decidí que la palabra Dios era la mejor para mí, porque tiene en cuenta la naturaleza misteriosa e incognoscible de este campo de fuerza. 
Desde aquel episodio con el árbol, he tenido la suerte de vivir muchos momentos de conciencia acrecentada. Pero aquella primera experiencia consciente de la presencia de Dios fue la más fascinante y transformadora. En un abrir y cerrar de ojos, todo cambió (yo cambié), y sin embargo todo seguía siendo lo mismo. Simplemente sabía que, fuera cual fuera la experiencia que había tenido, yo quería más de eso. 
Quería vivir toda mi vida desde aquel lugar del ser así conocido, así visto, así amado y así gustado. 
Allí comenzó mi búsqueda. La religión convencional Despegué en mi sendero espiritual con pasión y entusiasmo. 
Intentaba capturar aquella experiencia inicial para hacer que durara, que se prolongara, que se duplicara. 
El deseo que tenía de volver a experimentar aquella sensación de Luz, poder y presencia me llevó a bastantes sitios. 
En primer lugar, fui a iglesias y templos: todo un surtido de ellos, desde iglesias católicas carismáticas, donde rezar en lenguas es la norma, hasta templos budistas, donde la gente practica la meditación y el desapego. En un breve período de tiempo, me di cuenta de que todas las religiones eran y son fundamentalmente buenas; y, hasta el día de hoy, sigo participando en actividades religiosas cuando me siento inclinada a ello. Pero la experiencia de revelación que yo había tenido no estaba allí, ni se buscaba tampoco. 
En lugar de ello, me encontré con montones de reglas y normativas, y con una buena dosis de presión para que las siguiera. Los hombres eran los que llevaban la voz cantante, y las mujeres servían refrescos: aquello no era para mí, la política me estorbaba. En aquella época, yo estaba forcejeando por aceptar mi propia identidad sexual, y tenía miedo de que las autoridades religiosas sospecharan algo y me apartaran. 
Se me hizo muy claro: la religión tradicional no era el sendero que me iba a permitir experimentar de la manera más profunda la presencia de Dios, tal como yo la había experimentado. 
Después de mi despertar espiritual, me sentía tan llena de la gracia de Dios que no me costó nada desprenderme de los hábitos, pensamientos y comportamientos que habían estado impidiéndome el desarrollo espiritual. Al mismo tiempo, se me había dado la energía que necesitaba para desarrollar nuevos patrones de vida. Mi gusto por las fiestas se desvaneció con un esfuerzo relativamente pequeño por mi parte. 
Lo había intentado con anterioridad, pero siempre había estado más allá de mis capacidades. Sin embargo, habiendo sido alcanzada de esta manera, pude moverme sin esfuerzo en una dirección diferente. Cualquiera que haya experimentado este tipo de sanación sabe cuán misteriosa y milagrosa es. 
No existe esfuerzo humano que se le pueda comparar. 
Durante un tiempo, quizás unos seis meses después de que la Luz se abriera en mi interior, mi conciencia se mantuvo muy abierta. Era como si hubiera entrado en una nueva dimensión de vida; y, de hecho, eso era lo que había ocurrido. 
Allá adonde iba algo me «impactaba» con la certeza interior de que todo cuanto veía era Dios, una expresión de Dios, y que yo era una con eso. Si estaba en la cola de la tienda de comestibles, me estremecía al darme cuenta de que todas las personas que había allí eran uno. Bajando con mi automóvil por la hermosa avenida de Lake Shore Drive, en Chicago, me resultaba fácil aceptar que todo cuanto me encontraba era Dios, y que yo era parte de ello. Incluso al pasar por el barrio de Cabrini Green sentía aquel impulso de conciencia que me decía que también aquello era el rostro de Dios, y que yo estaba asimismo vinculada también a aquello.
Me sentía un poco tonta, pero aquello era mucho mejor que la sensación de atasco y de desdicha con la que había estado viviendo anteriormente. Mi madre fue una bendición del cielo en aquella época. Mi madre tiene una fuerte conciencia mística, y no le tiene miedo a la realidad espiritual. Católica progresista, es una mujer que siempre ha ido muy por delante de su tiempo, y me apoyó desde su punto de vista, ofreciéndome directrices y conocimientos acerca de la misa, del misterio de la Trinidad y de las Escrituras. Nunca flaqueó en su apoyo, y por ello le estaré eternamente agradecida. Pero, aun con todo, su enfoque radical de un sendero tradicional no era para mí. 
Explorando nuevas vías Después de explorar la religión, me moví en la dirección de los seminarios de autoayuda. Asistí a montones de ellos, ¡y me encantaban! Cada uno me aportaba algo que yo necesitaba: a veces comprensión, a veces personas, a veces estructura y organización. 
Fuera donde fuera, siempre salía con algo que apoyaba mi crecimiento. Algunos de los talleres fueron positivos, validaban y me hacían sentirme bien. 
Otros fueron más duros, perturbadores y horriblemente incómodos. Todos ellos contribuyeron de un modo u otro a expandir mi conciencia. Pero lo que le faltaba a este sendero era, no obstante, el reconocimiento de la dimensión espiritual de la vida. De modo que proseguí con mi búsqueda, acompañada por innumerables amigos y camaradas. 
Pasé por todo tipo de terapia y de trabajo corporal, y solicité todo tipo de lecturas; mi generación ha hecho celebridades de los videntes espirituales, de modo que estuve cara a cara con numerosos adivinos. Y, como en la mayoría de las vías que exploraba, mis experiencias fueron en general maravillosas.
Continua...
Linda Howe.

viernes, 22 de julio de 2016

Cartas de Shamballa 30 : Llama de la Iluminación y el Dios Merú ( 3 )



Por los Amados Dioses Merú y Lady Nada, 05 de junio de 1960

El Amado Santo Aeolus habla:

Estoy plenamente consciente de que ustedes tuvieron la suficiente percepción espiritual para conseguir la amada representación de la Diosa Tara. Voy a narrarles hoy algo de su historia.
Esta estatuilla en particular, es mucho más vieja de lo que aparenta ser. Viene de un antiguo lamasterio, donde la mayoría de los hermanos y hermanas de la Luz, incluyendo a Mi humilde Ser, a veces nos pasábamos hasta cuatrocientos años en encarnaciones sucesivas, dedicando diariamente nuestros cuatro vehículos inferiores, el emocional, mental, etérico y físico, al desenvolvimiento de la Luz Espiritual.
Había una representación de los siete poderes Elohímicos que están situados en pequeños nichos alrededor del Gran Sol Iluminado, simbolizando -por supuesto- al Logos Solar de Nuestro Sistema Helios y Vesta. Dentro del lamasterio, el sumo sacerdote ocupaba el cargo y tenía la responsabilidad de atraer, sostener y expandir el poder del Dios Sol y la Diosa Sol, Helios y Vesta, a través del foco de la copia iluminada del sol. Para cada una de las siete representaciones menores de la Virtud Divina, habían dos sacerdotes menores asignados, quienes permanecían presentes constantemente, igualmente atrayendo, sosteniendo y expandiendo el poder de las “Siete Virtudes de Dios” requeridas para enriquecer la atmósfera inferior del plano terrenal y los individuos que utilizaban la Tierra, temporalmente, como salón de clase y hogar planetario.
Estos sacerdotes menores eran escogidos en base a cierta afinidad de conciencia con la Virtud Divina así atraída, sostenida y expandida para bendición de toda vida. Uno, que en su entrenamiento requería de una paz permanente para seguir en Su misión Cósmica, era el Señor Maitreya, que es el actual Buddha de la Tierra. En varias vidas sucesivas, Él escogió aceptar la responsabilidad de sostener el poder de la Luz a través de la figura central del Dios-Sol y la Diosa-Sol, Helios y Vesta.
La chela que, junto con su Complemento Divino, el Maestro Ascendido -mejor conocido en el mundo exterior como San Patricio- adquirió la estatuilla, sirvió a la Diosa Tara, quien era y sigue siendo la encarnación de la Sabiduría y la Paz. En la encarnación en que este Ser Ascendido vivió, logró una tremenda iluminación, vivió mucho más allá de los noventa años de edad, soportando gran frío y penurias en el lamasterio tibetano en que servía a este aspecto de la Deidad. Ésta es una de las razones de que se le haya confiado actualmente, una vez más, este foco sagrado.
Muchos de los chelas del cuerpo estudiantil actual, pasaron en este lamasterio largos años. Los amados Maestros Ascendidos El Morya y Kuthumi, aprendieron mucho de la Verdad durante sus encarnaciones dentro de las paredes de este lamasterio. Una razón de que El Morya haya llamado “Tara” a su foco en Irlanda, es su cariñoso recuerdo de la Diosa Tara y de la Verdad, la Paz y la Sabiduría que encontró a través del amor de Tara.
Los tesoros de este lamasterio, en su gran mayoría, no han sido descargados al mundo externo, y los pocos tesoros sagrados inapreciables que han sido transportados a Occidente, siempre son custodiados por la Gran Hermandad Blanca. Cada Ser Ascendido mantiene un sentimiento de gratitud y reverencia por la esencia espiritual que fluye, o ha fluido a Ellos y a toda la vida por doquier a través de tales focos, según se describiera anteriormente. Muy complacido estuve de que esta estatuilla estuviera, una vez más, en manos de Mi chela, y luego, de los chelas de Mi ashram original.
Amor y bendiciones,

El Santo Aeolus

http://compartiendoluz2.blogspot.com.es/

Cartas de Shamballa 29 : Llama de la Iluminación y el Dios Merú ( 2 )




Por los Amados Dioses Merú y Lady Nada, 05 de junio de 1960

La Amada Maestra Lady Nada habla:

A nuestros Amados Dios y Diosa Merú, cuyo mensajero “Yo Soy”, les doy amor; amor por Su tremendo desprendimiento al sostener la Llama de la Iluminación en el corazón de esa magnífica montaña cerca del lago Titikaka. A menudo salgo a representarlos, ya que, como ustedes saben, aprendí algo de la “Ley del Amor”, a través de amar a la vida, por más que a veces le resultara desagradable a Mi parte humana, sin embargo la liberé ¡a fuerza de amor! El Ser Cósmico Caridad fue Mi maestra y, en aquellos días antes de Mi Ascensión, Yo sabía lo que era ver a Mis hermanas destacarse como artistas talentosas tanto en canto como en danza. Yo sé lo que era observar en silencio la gran alegría de Mis padres por cuenta de los talentos de Mis hermanas, y aprendí el sentimiento de lo que entraña tener el júbilo en Mi corazón porque Mi amor las ayudó, si bien ellas nunca lo supieron, a lograr esa fama terrenal, ya que Mi fama era inexistente.
Es por eso que asumí el nombre de "Nada". Jesús dijo: “Yo no he venido de mí mismo”, pero el Padre de Amor a través de Mí, me ha ayudado a traer armonía en muchos sitios, no sólo en Mi hogar, sino luego en Luxor, donde asistí al Maestro Ascendido Serapis Bey. Estoy dispuesta a traer, igualmente, armonía a ustedes, a la Tierra y, a todos sus pueblos, ¡dándoles júbilo en liberar a la vida con amor!
¡Oh, amados míos! Si ustedes tomaran tan sólo por una semana, algo o a alguien distante o cercano, y trataran impersonalmente de invocarme y dirigir Mis Rayos de Luz Rosa a través de esa persona o sitio, y luego a darles a ustedes Mi sentimiento, así como también al individuo o condición que los ocupa, Me parece que esto los haría muy felices. A medida que cada una de Mis hermanas se alistaba para ser presentada en la corte y luego al reino, Yo sabía que, mientras sus cuerpos dormían, Me había arrodillado al lado de sus camas vertiéndoles Mi Luz y Amor, a fin de ayudar a desarrollar cada uno de sus dones y talentos. Recibí gran alegría en su expresión de ese talento, e igualmente absorbí un gran júbilo al saber que, salvo por mi Maestra la Amada Caridad, nadie sabía dónde había invertido Mi vida.
Esta es la lección que aprendí; esa es la razón de que el Maestro Ascendido Serapis Bey me pidiera que fuera a Luxor, y es la única razón -según dicen Ellos- por la que se Me dio el privilegio de ser la Directora del Sexto Rayo en estos momentos. Es una gran responsabilidad, lo tengo que admitir, ¡la de ocupar la brillante órbita del Amado Jesucristo, y llenarla hasta su plenitud con su tan excelso Amor! Me siento un poco como el Señor Gautama cuando se enteró de que Él habría de ser el nuevo Señor del Mundo. Si tienen un momento, cuando no tengan nada que hacer, piensen en mí y envíenme la gracia de su amor, al tiempo que Yo se los devolveré. El Amor es una cualidad positiva, que ninguna creación puede desviar, ¡créanme! Yo Soy la mensajera del Dios Merú y Su Señora; Yo Soy la Mensajera del Titikaka; Yo Soy su hermana, amiga y -doquiera que me invoquen- su servidora.
Gracias
Lady Nada

http://compartiendoluz2.blogspot.com.es/

Cartas de Shamballa 28 : Llama de la iluminación y el Dios Merú (1)





La Amada Maestra Lady Nada habla:

A nuestros Amados Dios y Diosa Merú, cuyo mensajero “Yo Soy”, les doy amor; amor por Su tremendo desprendimiento al sostener la Llama de la Iluminación en el corazón de esa magnífica montaña cerca del lago Titikaka. A menudo salgo a representarlos, ya que, como ustedes saben, aprendí algo de la “Ley del Amor”, a través de amar a la vida, por más que a veces le resultara desagradable a Mi parte humana, sin embargo la liberé ¡a fuerza de amor! El Ser Cósmico Caridad fue Mi maestra y, en aquellos días antes de Mi Ascensión, Yo sabía lo que era ver a Mis hermanas destacarse como artistas talentosas tanto en canto como en danza. Yo sé lo que era observar en silencio la gran alegría de Mis padres por cuenta de los talentos de Mis hermanas, y aprendí el sentimiento de lo que entraña tener el júbilo en Mi corazón porque Mi amor las ayudó, si bien ellas nunca lo supieron, a lograr esa fama terrenal, ya que Mi fama era inexistente.

Es por eso que asumí el nombre de "Nada". Jesús dijo: “Yo no he venido de mí mismo”, pero el Padre de Amor a través de Mí, me ha ayudado a traer armonía en muchos sitios, no sólo en Mi hogar, sino luego en Luxor, donde asistí al Maestro Ascendido Serapis Bey. Estoy dispuesta a traer, igualmente, armonía a ustedes, a la Tierra y, a todos sus pueblos, ¡dándoles júbilo en liberar a la vida con amor!

¡Oh, amados míos! Si ustedes tomaran tan sólo por una semana, algo o a alguien distante o cercano, y trataran impersonalmente de invocarme y dirigir Mis Rayos de Luz Rosa a través de esa persona o sitio, y luego a darles a ustedes Mi sentimiento, así como también al individuo o condición que los ocupa. Me parece que esto los haría muy felices. A medida que cada una de Mis hermanas se alistaba para ser presentada en la corte y luego al reino, Yo sabía que, mientras sus cuerpos dormían, Me había arrodillado al lado de sus camas vertiéndoles Mi Luz y Amor, a fin de ayudar a desarrollar cada uno de sus dones y talentos. Recibí gran alegría en su expresión de ese talento, e igualmente absorbí un gran júbilo al saber que, salvo por mi Maestra la Amada Caridad, nadie sabía dónde había invertido Mi vida.

Esta es la lección que aprendí; esa es la razón de que el Maestro Ascendido Serapis Bey me pidiera que fuera a Luxor, y es la única razón -según dicen Ellos- por la que se Me dio el privilegio de ser la Directora del Sexto Rayo en estos momentos. Es una gran responsabilidad, lo tengo que admitir, ¡la de ocupar la brillante órbita del Amado Jesucristo, y llenarla hasta su plenitud con su tan excelso Amor! Me siento un poco como el Señor Gautama cuando se enteró de que Él habría de ser el nuevo Señor del Mundo. Si tienen un momento, cuando no tengan nada que hacer, piensen en mí y envíenme la gracia de su amor, al tiempo que Yo se los devolveré. El Amor es una cualidad positiva, que ninguna creación puede desviar, ¡créanme! Yo Soy la mensajera del Dios Merú y Su Señora; Yo Soy la Mensajera del Titikaka; Yo Soy su hermana, amiga y -doquiera que me invoquen- su servidora.
Gracias.

Lady Nada

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Cartas de Shamballa 27 : Llama de la Iluminación y el Dios Merú




Por los Amados Dioses Merú y Lady Nada, 05 de junio de 1960

Introducción:

Mis amados:

Tengo el placer y el privilegio de presentar en el Boletín de esta semana, las palabras, instrucción y radiación sostenida de los Amados Dios y Diosa Merú y su Mensajera Divina, la Maestra Ascendida Lady Nada, según fueran impartidos en la Clase de Transmisión del 21 de Mayo de 1960.

Amor y bendiciones,
 El Santo Aeolus

El Amado Dios Merú habla:

Bienvenidos al corazón de los Andes, al corazón del poderoso foco que mantenemos mi amada Lady Merú y Yo, en el cual custodiamos y guiamos los inapreciables tesoros que han sido transportados por Mi hermano Himalaya y Su hermandad, desde la Cordillera de los Himalayas, para beneficio de las civilizaciones de la Séptima Raza Raíz, particularmente bajo la dirección de su Manú.
Amados Míos, tengo el júbilo, privilegio y  gratitud en todo momento, de darle la Iluminación a todo aquel que la busque en su conciencia externa, que es la mejor manera de hollar cada quien su propio Sendero Divino hacia la Perfección ... ¡y la Ascensión consciente en la Luz!
Nosotros, como Dioses y Diosas custodios de la poderosa cordillera, hemos alcanzado esa fortaleza a lo largo de eones de servicio, y considerando el tirón de la gravedad de la Tierra, el cual parece sostener resueltamente a los pueblos de la Tierra, quiero que consideren por un momento la fortaleza que se requiere para elevar una cordillera desde las planicies y sostener los altos picos señalando hacia Dios, como un recordatorio constante a los hombres alertas, de la Fuente Suprema de todo lo que existe, que es Dios, el "YO SOY". Al trascender la gravedad, la erosión, y la descomposición, Nosotros, los Dioses de las Montañas, que a veces somos tan grandes como la cordillera, por la mismísima fortaleza y vitalidad de Nuestro Ser, podemos sostener, y sostenemos, estas cordilleras para un Propósito Divino. Mantenemos aquí unos recodos secretos en los que custodiamos y salvaguardamos esos tesoros que todavía no están listos para ser descargados al hombre común, que son verdades escritas, en Sánscrito, Pali, o sea cual fuere el idioma.
Ustedes son llamados uno por uno por el Maestro Ascendido Guía, para pasar por el largo e iluminado corredor, y unirse a los Iluminados de la Raza que están sentados a la manera del Buddha si vienen de Oriente. Hemos provisto sillas para los que vienen de Occidente, y todos ven la Llama de la Iluminación en su dorado esplendor, flameando desde el corazón de los Andes y enviando constantemente Rayos de Luz a la atmósfera de la Tierra, a la conciencia de los pueblos, a la conciencia de todo lo que existe. La mismísima base de esa poderosa Llama bendice la Tierra desde abajo, en el corazón del Reino de Pelleur. Desde esa Llama de la Iluminación emanan magníficas chispas que son similares a los fuegos artificiales que se ven durante la celebración del día de la independencia, o en otras celebraciones por todo el planeta Tierra, o como los cometas que avanzan a toda velocidad por los cielos en las noches. Esas chispas salen volando a la atmósfera constantemente.

Guardianas Silenciosas

Las Guardianas Silenciosas de cada nación, continente, océano, ciudad, poblado y aldea, cuidando a la gente que allí vive, magnetizan una parte de la Llama de la Iluminación. Luego, la dirigen al interior de lo que ustedes llamarían "la conciencia externa" de quienes se merecen recibir más que una instrucción ordinaria en cualquiera de las siete líneas de instrucción. El motivo de los miembros de la Jerarquía Espiritual, los Dioses de las Montañas, el Tribunal Kármico, el Sol del sistema Helios y Vesta, de cada poderoso Elohim, Arcángel y Chohán, es el de elevar a la Tierra y sus evoluciones a la liberación.
En mi caso, en el del Manú Himalaya, el Dios Tabor y los demás grandes Dioses de las Montañas, no podemos auto-transportarnos tan frecuentemente como los demás, a menos que tengamos a alguien que permanezca en casa para sostener ese magno poder que mantiene esas montañas erectas. ¡Yo tengo en mi Señora, la Diosa Merú,  un ser así, que lo hace!
Amados míos, tengo el placer de permitirles libertad para no sólo hollar toda la Tierra y darle asistencia tanto al más pequeño de sus miembros como al más desarrollado de la humanidad, sino que tengo la alegría de sostener a los Andes y a toda Sudamérica, que acunará la Séptima Raza Raíz,  junto a mis brazos. Cuando regresen al Titikaka, encontrarán la Llama de la Iluminación flameando. ¡Para esto existo!

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Cartas de Shamballa 26: Energía colectiva sobre el líder




Por el Amado Santo Aeolus, 29 de mayo de 1960

Benditos viajeros en el Sendero a Casa:

Cuando un grupo de individuos se reúne para combinar sus empeños hacia la promoción de una buena Causa Divina, se da una tremenda descarga de partículas electrónicas de aquellos que estarán presentes en la actividad de los Maestros Ascendidos. Esto tendrá mucho que ver con su victorioso resultado final. La naturaleza de los participantes -así como también sus sentimientos durante el proceso de preparar y ejecutar el plan- determinará el tipo de manifestación que tendrá lugar.
Si los hombres pudieran ver los “Bellos conductores de Energía Cósmica” que pueden ser, y cómo, dicho literalmente, las partículas electrónicas salen volando desde la punta de los dedos, de los pies y de cualquier parte del cuerpo que sea conscientemente dedicada como un foco concentrado de la actividad de un Maestro Ascendido para el servicio de los Maestros Ascendidos, verdaderamente se asombrarían y sorprenderían.
Aunque la totalidad de los cuatro cuerpos inferiores, emocional, mental, etérico y físico, está constantemente emitiendo sustancia que pertenece a la Divina Presencia de Dios "YO SOY", calificada por su conciencia externa, la tremenda radiación proyectada de las partículas cósmicas se concentra allí donde se enfoca la atención. Esta energía sale de la mano en un apretón de manos, de los ojos en el proceso de leer o de ver objetos, de la frente cuando se piensa, y de los labios en palabras y cantos. Claro está, la cualidad de la energía es determinada por los sentimientos de cada individuo. Si se les abriera la visión interna por tan sólo media hora, mediante una dispensación de un Maestro Ascendido, esto transportaría al chela a un mundo de Luz donde podría ver la realidad detrás de toda acción.
Cuando doce o cien individuos se reúnen para una actividad espiritual, allí hay una efusión combinada de todas las personas involucradas. Todo esto tiende a auto-precipitarse sobre el líder, siendo él o ella el centro de los intereses combinados de todos. Ésta es la razón de que haya que darle una tremenda asistencia a cualquier individuo que conforme la concentración del foco para tales intereses, hasta de una naturaleza alta y exaltada, ya que la naturaleza de los estudiantes determinará el tipo de energía que se catapultará hacia el líder, por más que los intereses y motivos de ellos estén orientados de por sí al desenvolvimiento más alto posible.
Que sean ustedes bendecidos en todo lo que hagan.
Amor y bendiciones,

El Santo Aeolus

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