Cuando tenía veintiocho años, fui con una amiga a una feria de Re-naissance,
donde una echadora de cartas de tarot me hizo una lectura que terminaría
convirtiéndose en un acontecimiento muy importante para mí, no por los detalles
de lo que la mujer me dijo, sino por cómo me sentía cuando ella terminó.
Hubo un
momento en que dejé que la verdad de sus palabras se sumergiera en mi interior, y
entonces sentí una asombrosa sensación de liberación personal. ¡Cuánto me
hubiera gustado poder ofrecer aquella misma sensación a todo el mundo!
Me fui de la feria con la idea de ganarme la vida como echadora de cartas de
tarot; pero con el paso de los días empecé a pensar que aquello era ridículo. Los
echadores de cartas de tarot, y en general todas las personas relacionadas con la
adivinación espiritual, parecen personas muy extrañas, dan la impresión de estar
demasiado separadas de la vida convencional, casi como inadaptadas; y me dio
miedo pensar que, si me dedicaba a esas «lecturas», yo también pudiera pasar a
pertenecer a esa subcultura.
Aún no me había reconciliado en mi interior con la
idea de que se podía ser una persona normal, dentro del mundo, y, al mismo
tiempo, dedicarse a echar cartas de tarot.
No, en aquella época, era una situación de
«o esto o lo otro», o vivía en el mundo real o me quedaba en los suburbios de éste.
Pero más o menos un año más tarde, otra amiga me sugirió solicitar una lectura
a una mujer de Texas que trabajaba con los Registros Akásicos... fuera lo que fuera
aquello.
Se trataba de una mujer muy popular, de modo que pedí cita por teléfono
previamente. Ella me comentó que podría decirme el propósito de mi alma, y yo
sin duda quería saber qué era aquello. En aquella época, mi situación económica y
mi vida laboral eran tan problemáticas que no podía encontrar ni siquiera un sitio
donde aterrizar.
Todos los empleos que había tenido durante aquel período me
habían ofrecido algo que yo necesitaba, pero en general había resultado
insatisfactorios. Estaba ciertamente desconcertada.
Llamé a la hora previamente acordada, y la mujer se lanzó a la lectura. Sus
modales eran acogedores pero, entre su marcado acento y las nuevas ideas que me
iba presentando, yo no estaba muy segura de lo que me iba diciendo.
Lo que sí
sabía era que volvía a tener aquella sensación clara y diferenciada de ser conocida y
amada. El resto de la lectura carecía de importancia, y me pasó por la cabeza el
pensamiento de que me encantaría hacer lo que ella estaba haciendo.
La vida siguió avanzando. Para cuando cumplí los treinta años, yo había
resuelto muchos de mis problemas personales.
Gracias al amor infinito y a la fuerza
de Dios, me había liberado de un terrible trastorno de la alimentación y había
conocido a una persona maravillosa, con la que sigo compartiendo mi viaje
actualmente.
Cuando Lisa y yo nos conocimos, ella me enseñó a leer las cartas de
tarot. Nos pasábamos horas y horas echándonos las cartas. Un amigo suyo, Steven,
le había enseñado el modo de descifrar el tarot, y ella simplemente me lo enseñó a
mí.
Nos lanzamos a la marea y, durante un par de años, no perdía ocasión de leer
las cartas siempre que podía. Mientras estaba lejos de casa, en la escuela de
graduados de la Universidad de Illinois, me pasaba el tiempo desarrollando mis
habilidades, haciendo lecturas para los enloquecidos estudiantes graduados.
Luego, volví a Chicago y me puse a trabajar en una compañía aseguradora
durante el día, para luego hacer lecturas de cartas a otras personas siempre que se
me presentaba la ocasión. Detestaba mi trabajo. Intenté que me gustara. Intenté que funcionara. Lo intenté una y otra vez... pero fue en vano.
Tuve que dejar aquel
empleo. Me dije a mí misma que, si lo dejaba, podría obtener las titulaciones de
lengua rusa que se me exigían para mi graduación en Historia de Rusia.
Estaba
demasiado aterrorizada como para reconocer que dejaba aquel empleo con la
intención de convertirme en echadora de cartas de tarot, de modo que me llené de
valor con esta justificación socialmente aceptable de por qué dejaba un empleo
magnífico, y di la noticia a las personas más cercanas. Pero intentar aprender ruso,
ya por enésima vez en mi vida, era sin duda algo doloroso, tan intolerable como mi
empleo en la compañía aseguradora. Después de buscar en mi alma una y otra vez,
después de algunos lamentos y rechinar de dientes, me bajé de mi personal cruz
casera y dejé lo del ruso.
Durante tres segundos sentí un bendito alivio, pasados los
cuales llegó el terror. Había llegado el momento de la verdad: me admití a mí
misma que quería hacer lecturas de tarot... para ganarme la vida. Quería ser una
echadora de cartas de tarot profesional.
Para llevar a cabo mi sueño, limpiaba casas durante el día y leía las cartas de
tarot en los cafés por las noches. ¡Era tan divertido! Al cabo de un tiempo me monté
una consulta en mi casa, y el negocio comenzó a crecer.
Más tarde, comencé a
darme cuenta de que un extraño patrón se repetía en mis consultas. Las personas
que venían a verme eran, por regla general, personas brillantes y perspicaces.
Estas
personas venían a que yo les hiciera una lectura, mirábamos juntas las cartas y
«veíamos» todo tipo de cosas que podrían ayudarles a obtener una mayor claridad
y a resolver distintos asuntos en su vida.
Luego, nos felicitábamos mutuamente
mientras yo las acompañaba a la puerta y, más tarde, entre seis y ocho meses
después, regresaban quejándose exactamente de los mismos problemas.
Perdón, debo hacer una corrección: algunas personas regresaban con los mismos
problemas.
Había dos grupos claramente diferenciados. Las personas de uno de los
grupos sólo necesitaban comprender un poco las cosas para resolver sus
dificultades o para superar sus limitaciones. Para estas personas, el problema era
cierta falta de conocimiento, de modo que el conocimiento resolvía siempre sus
problemas. Pero para las personas del otro grupo había algo más en la raíz del
problema. Para ellas, el conocimiento no necesariamente se traducía en poder; y,
sin el poder que parecía necesitar, las personas de este grupo parecían seguir
atascadas. Resultaba doloroso que estas lecturas no parecieran «prender», y
aquello me hacía sentir muy mal.
Mis oraciones se llegaron a hacer desesperadas: «Dios, tiene que haber una
forma en que las personas puedan acceder al poder que necesitan para resolver sus
problemas. Evidentemente, el conocimiento no es suficiente.
Es algo magnífico
hasta donde alcanza, pero hay veces en que no llega hasta el fondo. ¡Socorro! ... y P.
D. ... la solución no puede hallarse en ningún tipo de dogma ni institución porque,
como grupo, las personas que vienen a mí no les gusta todo eso».
Para entonces, ya me había acostumbrado a recibir respuestas de Dios ante las
oraciones realizadas desde el corazón, y sabía que la respuesta llegaría en el
momento oportuno. No tenía ni idea de cuál sería la respuesta, pero estaba abierta a
cualquier solución de verdad.
Un viaje chamánico
No mucho después de aquella oración, una amiga me invitó a un círculo chamánico
de tambores. A mí no me apetecía ir; la idea de sentarme descalza en un círculo con
un puñado de personas ataviadas con esas camisetas que llevan pintados animales
de poder se me antojaba espantosa, para nada una experiencia de poder. Sin
embargo, mi amiga estaba entusiasmada con aquello, de modo que finalmente cedí.
Imagine: ahí estaba yo, leyendo cartas de tarot para ganarme la vida y, al mismo
tiempo, temiendo que el círculo chamánico de tambores me pareciera demasiado
raro. ¡No tuve más remedio que reírme de mí misma!
La mujer que dirigía la reunión se llamaba Pat Butti. Ella tenía el grupo más
estable y con más largo recorrido de toda la zona, de modo que me pareció lo
suficientemente seguro. Era una mujer grande, lo último que esperaba, con el
cabello a mechas, un perro de peluche y una alfombra en el suelo. El ambiente
rebosaba de bienvenidas.
Pat explicó brevemente el viaje en el que nos íbamos a
embarcar. Todo aquello me sonó un poco melodramático, y supuse que a mí no me
iba a ocurrir nada de lo que decía, pero decidí dar un voto de confianza y participar
honestamente con lo mejor de mí misma.
Con los primeros golpes de tambor me fui... me fui a otra dimensión, una
dimensión tan real para mí como la ropa que llevaba puesta. Lo sentí, sentí el poder
para efectuar el cambio; sin dogmas, sin instituciones; fuerza vital pura. «De
acuerdo, Dios pensé cuando emergí del trance, ¿y ahora qué?»
Pocas semanas después, estaba yendo a clases de chamanismo clásico en la
Foundation for Shamanic Studies (Fundación de Estudios Chamánicos), donde
tuve la inmensa fortuna de tener como profesora a Sandra Ingerman, la autora de
Soul Retrieval (Recuperación anímica).
Mis consultas de tarot cedieron terreno, y
comencé a ofrecer sanación chamánica. Era una forma maravillosa de entregar
energía y poder a las personas que lo necesitaban, de permitirles recuperar por sí
mismas la fuerza vital perdida. Durante cinco años trabajé como terapeuta
chamánica en sesiones individuales y en grupo. Fue maravilloso.
Quizás haya adivinado usted lo que viene después, que un sendero que me
había resultado plenamente satisfactorio estaba a punto de cerrarse para abrirse
otro nuevo.
Un día, mientras dirigía un círculo de viaje e invocaba las direcciones, como
suele hacer quien oficia (pidiendo, esencialmente, que todas las personas presentes
puedan obtener lo que necesitan), me escuché a mí misma invocando a Dios y
pidiéndole protección y apoyo.
No estaba invocando a los espíritus del este, del
sur, del oeste y del norte, como era habitual, sino a Dios. Es cierto que las
direcciones y los animales (así como todas las cosas naturales) son expresiones de
Dios; pero, por algún motivo, sin pretenderlo, había dejado a un lado la estructura
chamánica. Después de aquello, cada vez que hacía una sanación chamánica con
alguien, me escuchaba a mí misma diciéndole a Dios que aquella persona era su
hijo o hija, y que necesitábamos que él mismo se ocupara de la situación.
Finalmente, estando de pie en otro círculo de tambores, hubo un momento en que,
al mirar hacia abajo, me miré las manos y vi las señales físicas de algo que no
acababa de encajar: ¡que yo era una de las chicas más blancas de la ciudad! Y pensé
que haría bien en dejar el chamanismo a otras personas.
Los Registros Akásicos
Había llegado el momento de pronunciar una vez más mi oración de la
desesperación. Esta vez fue algo así como: «Dios, tiene que haber una forma de
acceder tanto al conocimiento como al poder, una forma que sea fácil y sencilla.
Sin
trastos que llevar de aquí para allá; quizás sólo una oración. Por favor, ayúdame».
Y no me quedó la menor duda de que la ayuda estaba en camino.
Pocas semanas después, yo estaba en un panel de expertos ofreciendo alguna
información sobre chamanismo, y había otra mujer que estaba allí para hablar de
los Registros Akásicos.
No estaba muy segura de lo que esa mujer estaba diciendo,
era todo muy esotérico, pero había algo atrayente en ello, de modo que decidí
participar en un curso de Iniciación a los Registros Akásicos de dos días de
duración que ella misma impartía.
En aquel curso, nos enseñó cómo abrir los
Registros pronunciando una oración específica. Y cuando seguí sus indicaciones...
¡bam!, sentí un cambio claro y diferenciado.
Y allí estaba otra vez aquella sensación,
la sensación de ser conocida y amada. No fue tan abrumadora como la experiencia
original, pero la reconocí... y sentí que, por fin, estaba en casa de nuevo.
Pero lo que me resultó más convincente de aquella nueva experiencia fue que no
había sido nada sensacional.
No había sido un fenómeno espectacular: nada de
chácharas con voces divertidas, ni tampoco ojos que se entornaban ni todo eso. Fue
sólo un sutil, sencillo y discernible cambio dentro de mí que me permitía acceder a
la dimensión de conciencia que había estado buscando.
Con el transcurso de los
años, esta sensación de amor ha demostrado ser ciertamente fidedigna para mí.
En
cualquier momento en que desee entrar en este maravilloso estado, lo único que
tengo que hacer es pronunciar esta oración.
Comencé a hacer lecturas akásicas para mis clientes chamánicos y, durante dos
años, trabajé con ambos sistemas. Hacía lecturas para mí misma casi a diario, y
practicaba las lecturas akásicas con cualquier persona que me lo permitiera. Tenía
la sensación de que la Luz me había «atrapado» para llevarme en una dirección
diferente.
Fuera en las lecturas que me hacía para mí misma o en las lecturas que
hacía para otras personas, lo cierto es que conseguía entrar en aquel estado de
conciencia que tanto había estado buscando. Pero había más: todos mis años de
estudio se estaban relacionando en mi interior.
Yo había explorado los escritos de
Joel S. Goldsmith y de Alice Bailey, entre otros; y, como consecuencia de ello,
estaba mentalmente preparada para la siguiente etapa de mi viaje.
Las Iglesias del
Nuevo Pensamiento, la Ciencia Religiosa y Unidad, todas las puertas que yo había
abierto con anterioridad, me ayudaron en gran medida también.
Todo lo que había
experimentado y aprendido a lo largo de la vida acudía en mi ayuda paca
adentrarme en esta nueva esfera. ¡Y todo lo aprendido sigue prestándome su
ayuda!
En 1995, Lisa y yo nos trasladamos a la península de Olympic con nuestro hijo
pequeño, Michael, con la creencia de que aquél sería nuestro hogar para el resto de
nuestras vidas.
Nos encantaba; estábamos rodeados de una belleza espectacular, en
la pintoresca ciudad portuaria victoriana de Port Townsend. Allí, casi fuera del
mapa, en una ciudad de siete mil habitantes, mi consulta creció rápidamente.
Era
un lugar donde la gente iba a sanarse, de modo que mi trabajo fue muy bien
recibido. Pero los trastornos de la mudanza y la educación de un niño pequeño fueron demasiado estresantes para mí. Me sentía agradecida por el hecho de que se
valorara mi trabajo, pero la lista de clientes estaba creciendo hasta un punto que me
resultaba difícil de manejar.
Tenía que ver en consulta a tantas personas cada
semana que terminé sintiéndome muy estresada. Finalmente, y aunque me
encantaba mi trabajo, el exceso de clientes me pasó factura, y al cabo de un tiempo
empecé a tener la sensación de que me desmoronaba en mil pedazos.
Había que
renunciar a algo, y volví a la oración una vez más: «Dios, por favor, ayúdame.
Dime qué debo hacer en esta situación».
Y entonces me llegó una revelación. Súbitamente, comprendí que muchas de las
personas que venían a mí en busca de lecturas de los Registros Akásicos podían
hacer aquel mismo trabajo por sí solas; no había ninguna razón obvia por la cual
esas personas no pudieran aprender a leer los Registros. La solución a mi problema
pasaba por enseñar a la gente a hacer aquel trabajo para sí mismos y para los
demás.
Si mis clientes podían aprender a acceder a sus propios Registros, podrían
también ayudarse a sí mismos en el desarrollo de su propia autoridad espiritual.
Podrían pasar de depender de mí a seguir sus propias directrices espirituales, con
lo cual conseguirían desarrollarse y madurar. Luego, podrían buscar mi ayuda sólo
en el caso de que se quedaran bloqueados o de necesitar de un apoyo externo para
seguir avanzando en su viaje.
Mi objetivo era, y siempre ha sido, ayudar a los
demás en su búsqueda, ayudarles a encontrar su propio camino, en lugar de
encontrarlo yo para ellos (cosa que, por otra parte, no podría hacer de ningún
modo). Nunca había pretendido alimentar una dependencia innecesaria hacia mi
persona, y me sentí aliviada cuando me llegó esta solución.
Creo que en la búsqueda espiritual hay distancias que tenemos que transitar
solos, y nuestro reto consiste en aprender el modo de hacerlo. Después, hay otros
momentos en que lo mejor es buscar el consejo de otras personas.
A lo largo del
camino, mediante ensayo y error, aprendemos cuándo hay que ir solos y cuándo
buscar ayuda.
Y aprendemos que, en última instancia, estamos aquí para
ayudarnos unos a otros.
Así pues, mi oración había recibido respuesta, y disponía de una solución.
Enseñar a mis clientes a leer sus propios Registros Akásicos era una manera de
darles poder para que se ayudaran a sí mismos.
Entonces, podría disponer de
tiempo para concentrarme en aquellas personas que necesitaban de la ayuda de
alguien externo y, al mismo tiempo, podría disfrutar viendo cómo mis alumnos
akásicos crecían y descubrían su propia autoridad espiritual.
Era perfecto, pero...
habría que esperar.
La autorización para la enseñanza.
Aunque mis directrices internas me estaban animando a meterme en el mundo de
la enseñanza, tanto las potencias humanas como las que están más allá de lo
humano aconsejaban que sería mejor esperar. ¡Y yo no soy una persona a la que le
resulte fácil esperar pacientemente! Pero esperé, porque necesitaba a un maestro o
maestra que me ayudara a pasar al siguiente nivel, que me ayudara a arraigar en la
práctica con la suficiente solidez como para transmitirla de una forma efectiva.
Durante todo un año, seguí haciendo consultas para los demás y haciendo juegos malabares con el resto de mi vida. Y fue durante aquel año cuando conocí a la
maestra que necesitaba.
Yo tenía una lista de cualificaciones a las cuales debería ajustarse el maestro o
maestra correcto, una lista muy específica y detallada. Quería apoyo, guía e
instrucciones de alguien a quien yo admirara, respetara y de quien disfrutara.
También quería a alguien con quien sentirme libre para ser sincera, y con quien
sentirme lo suficientemente segura para ser vulnerable, y que, sin embargo,
reconociera también mis puntos fuertes. Idealmente, esta persona tendría todo lo
que yo necesitaba, y sería capaz de instruirme.
Y, un día, llegó Mary Parker, y ella
se convirtió en esa maestra que yo buscaba.
En cuanto conocí a Mary se me abrió un camino, y todo comenzó a encajar en su
sitio con rapidez.
Mary había recibido una «oración sagrada». Una de las formas en
las cuales las personas conectan con los Registros Akásicos es mediante el uso de
«oraciones sagradas».
Estas oraciones se les dan a las personas como «códigos de
acceso» que les permiten entrar, experimentar y salir de los Registros sin
contratiempos.
Esta tradición de la oración sagrada se basa en los patrones
vibratorios de determinadas palabras y frases, que juntas establecen una
cuadrícula vibratoria de luz, un puente energético hacia una región particular de
los Registros Akásicos. Cada oración emite una señal en el nivel del alma que
contacta y ejerce su atracción sobre las personas que resuenan con la vibración de la
oración. Dado que esas personas están energéticamente relacionadas con los
determinados tonos, luces y sonidos de esa oración, pueden utilizarla, si así lo
desean, para conectar con los Registros. Actualmente, hay muchas personas en
relación activa con los Registros Akásicos, y utilizan diversas oraciones sagradas
con magníficos resultados.
Cuando Mary y yo entramos en contacto por teléfono nos reconocimos de
inmediato la una a la otra.
Yo lo organicé todo para que ella viniera a Port
Townsend a dar una Clase de Iniciación. Al menos, suponía yo, ella dará la
enseñanza; pero no fue así. Llegó el fin de semana, se reunieron más de treinta y
cinco personas en el centro comunitario... y ella me puso a mí al frente de la clase.
Con las bendiciones de Mary Parker, recibí la autorización para enseñar los
Registros Akásicos haciendo uso de su oración sagrada.
La gente vino, comenzaron
las clases y, a través de mis propios Registros Akásicos, se me reveló un trabajo
avanzado.
Esta época de mi vida no pudo ser más excitante, exigente ni fabulosa.
Me encontraba con una forma de transmitir a los demás aquello que les permitiría
acceder a su propia autoridad espiritual, un método fiable, sencillo y nada
dramático de dar apoyo a aquellas personas que habían sido llamadas a esta Luz
como sendero de desarrollo de la conciencia.
Para mí ha sido particularmente significativo el hecho de enseñarle a la gente el
modo de independizarse espiritualmente y depender de Dios al mismo tiempo.
Sé
que hay veces en que debemos buscar consejo en otras personas. En el sendero
espiritual, trabajamos con la dualidad de hacer las cosas por nosotros mismos y de
dejar que otros nos ayuden. Saber qué hacer y cuándo hacerlo es una habilidad de
madurez espiritual. Por otra parte, la vida se hace bastante incómoda cuando una
se ve inmersa en las dudas acerca de una misma. Yo he vivido eso. Durante aquella
época en que estaba confusa e intranquila, es decir, cuando me dirigía hacia un compromiso espiritual más auténtico, pero haciendo cosas para eludirlo al mismo
tiempo, salía de mí misma en busca de toda la gente que pudiera encontrar que
fuera capaz de orientarme. Buscaba, me esforzaba, anhelaba que alguien me dijera
cuál era mi propósito, qué era lo que Dios quería de mí, qué esperaba el Universo
de mí. Era terrible. En esencia, lo que deseaba era que otra persona, inspirada por la
divinidad o no, me dijera quién tenía que ser y cómo tenía que ser en esta vida. Se me
hacía de noche ante la mera idea de descubrir estas cosas por mí misma. ¿Qué pasaría
si me equivocaba de sendero? Ciertamente, era una cuestión de responsabilidad: si yo
seguía el consejo de otras personas y no funcionaba... sería culpa de ellas, no mía.
Continua...
Linda Howe.
LINDA HOWE
CÓMO LEER LOS REGISTROS AKÁSICOS
DESCUBRE LA MEMORIA DE TU ALMA
CÓMO ENCONTRÉ LOS REGISTROS AKÁSICOS
Yo no tuve una experiencia cercana a la muerte.
Más bien fue como si hubiera
estado rondando espiritualmente a la muerte durante varios años.
La situación era
ciertamente dura, y no podía comprender por qué. Lo había hecho todo bien: había
sido una buena chica, había ido a la universidad, me había esforzado con los
estudios y había sacado buenas notas. Tenía un buen empleo y un bonito
apartamento. Disfrutaba de lo que parecía una buena vida; pensaba que tenía todo
lo que quería... pero me sentía desdichada. Con esfuerzo había logrado todo cuanto
me había planteado hacer, pero todas mis consecuciones no habían conseguido
acallar el grito que reverberaba desde uno de los cañones de mi alma.
Hiciera lo que hiciera, nunca podría ser «lo suficientemente buena»; mis
esfuerzos no servían de nada. En ocasiones, simplemente me rendía y me permitía
ser tan «mala» como podía tolerar, cualquier cosa para conseguir una sensación de
que todo estaba bien, una sensación de seguridad o de relajación.
Pero tampoco
funcionaba.
Por último, ya desesperada, recé: «Dios, si estás ahí, tienes que ayudarme. No lo
aguanto más. Ayúdame, por favor».
Al cabo de seis semanas de aquella oración urgente, ocurrió algo. Yo estaba
echada en la cama, apiadándome de mí misma y contemplando las hojas de un
árbol que había crecido hasta alcanzar la ventana de mi habitación, en un tercer
piso. Una vez más, le pedí ayuda a Dios: «Dime, ¿cómo puede ser que mi vida
parezca tan buena y, sin embargo, sea tan desdichada?».
Y, entonces, todo se detuvo. Todo el ruido que había en mi interior se silenció, y
una sensación de alivio y de calma ocupó su lugar.
Cuando miré al árbol, tuve la
certeza de que estábamos conectados; podía sentir al árbol.
Con veiiiiiintrés años y
habiendo crecido en una ciudad, no había pasado casi tiempo en la naturaleza, y
me quedé atónita con la experiencia. Durante unos instantes, sentí con toda
claridad que era una con el árbol y con todo cuanto pudiera ver o no. La idea era
inmensa y, sin embargo, confortadora al mismo tiempo. Tuve la certeza de que mi
vida no había sido el resultado de un golpe de suerte, y se me hizo plenamente
evidente que había un Dios.
Pero lo más importante fue tomar conciencia de que yo
le gustaba a ese Dios. Lo de «Dios es amor» no había sido nunca un problema para
mí; siempre había sabido que Dios me amaba. Pero nunca había estado segura de
que yo pudiera gustarle. En aquel milagroso momento, todos mis miedos se
calmaron, y todas mis preguntas quedaron respondidas.
La sensación de que Dios
me conocía plenamente y de que me amaba absolutamente (¡y de que yo le
gustaba!) era inequívoca. La experiencia fue tan potente y tan profunda, y la
realidad de lo que viví tan abrumadora, que aún no me he acostumbrado a ella...
casi treinta años después.
Habiendo sido educada en el catolicismo y habiendo crecido en el Medio Oeste, la
idea de Dios que se me había transmitido era la de ese «anciano con barba en el
cielo», y la mera sensación de estar conectada con el árbol apartó de mí esa idea para siempre.
El Dios que yo había encontrado en aquel momento iba bastante más
allá de mi antigua idea.
Mi nueva y expandida versión de Dios era más la de un campo de fuerza que la
de una persona. Este campo de fuerza parecía contener numerosas cualidades
diferentes que convergieron en un solo punto en aquel momento: un poder pleno
de energía y positividad combinado con una exquisita sensibilidad y con una
bondad y una compasión cargadas de ternura.
Había una sensación paradójica de
orden sin constricción alguna: un encuentro ordenado de una alegría exuberante,
una profunda serenidad, una conciencia precisa y una sensación de reverencia por
el momento; y una inclusión abierta y expansiva de todo cuanto existe, todo cuanto
haya existido y todo cuanto vaya a existir... todo ello simultáneamente.
¡.Aquél era un Dios que valía la pena conocer! Durante algún tiempo pensé que
debería de haber una palabra mejor y más moderna para describir aquel poder y
aquella presencia.
Pero al final decidí que la palabra
Dios era la mejor para mí, porque tiene en cuenta la naturaleza misteriosa e
incognoscible de este campo de fuerza.
Desde aquel episodio con el árbol, he tenido la suerte de vivir muchos
momentos de conciencia acrecentada. Pero aquella primera experiencia consciente
de la presencia de Dios fue la más fascinante y transformadora. En un abrir y cerrar
de ojos, todo cambió (yo cambié), y sin embargo todo seguía siendo lo mismo.
Simplemente sabía que, fuera cual fuera la experiencia que había tenido, yo quería
más de eso.
Quería vivir toda mi vida desde aquel lugar del ser así conocido, así
visto, así amado y así gustado.
Allí comenzó mi búsqueda.
La religión convencional
Despegué en mi sendero espiritual con pasión y entusiasmo.
Intentaba capturar
aquella experiencia inicial para hacer que durara, que se prolongara, que se
duplicara.
El deseo que tenía de volver a experimentar aquella sensación de Luz,
poder y presencia me llevó a bastantes sitios.
En primer lugar, fui a iglesias y
templos: todo un surtido de ellos, desde iglesias católicas carismáticas, donde rezar
en lenguas es la norma, hasta templos budistas, donde la gente practica la
meditación y el desapego. En un breve período de tiempo, me di cuenta de que
todas las religiones eran y son fundamentalmente buenas; y, hasta el día de hoy,
sigo participando en actividades religiosas cuando me siento inclinada a ello. Pero
la experiencia de revelación que yo había tenido no estaba allí, ni se buscaba
tampoco.
En lugar de ello, me encontré con montones de reglas y normativas, y con
una buena dosis de presión para que las siguiera. Los hombres eran los que
llevaban la voz cantante, y las mujeres servían refrescos: aquello no era para mí, la
política me estorbaba. En aquella época, yo estaba forcejeando por aceptar mi
propia identidad sexual, y tenía miedo de que las autoridades religiosas
sospecharan algo y me apartaran.
Se me hizo muy claro: la religión tradicional no
era el sendero que me iba a permitir experimentar de la manera más profunda la
presencia de Dios, tal como yo la había experimentado.
Después de mi despertar espiritual, me sentía tan llena de la gracia de Dios que
no me costó nada desprenderme de los hábitos, pensamientos y comportamientos
que habían estado impidiéndome el desarrollo espiritual. Al mismo tiempo, se me
había dado la energía que necesitaba para desarrollar nuevos patrones de vida. Mi gusto por las fiestas se desvaneció con un esfuerzo relativamente pequeño por mi
parte.
Lo había intentado con anterioridad, pero siempre había estado más allá de
mis capacidades. Sin embargo, habiendo sido alcanzada de esta manera, pude
moverme sin esfuerzo en una dirección diferente. Cualquiera que haya
experimentado este tipo de sanación sabe cuán misteriosa y milagrosa es.
No existe
esfuerzo humano que se le pueda comparar.
Durante un tiempo, quizás unos seis meses después de que la Luz se abriera en
mi interior, mi conciencia se mantuvo muy abierta. Era como si hubiera entrado en
una nueva dimensión de vida; y, de hecho, eso era lo que había ocurrido.
Allá
adonde iba algo me «impactaba» con la certeza interior de que todo cuanto veía era
Dios, una expresión de Dios, y que yo era una con eso. Si estaba en la cola de la
tienda de comestibles, me estremecía al darme cuenta de que todas las personas
que había allí eran uno. Bajando con mi automóvil por la hermosa avenida de Lake
Shore Drive, en Chicago, me resultaba fácil aceptar que todo cuanto me encontraba
era Dios, y que yo era parte de ello. Incluso al pasar por el barrio de Cabrini Green
sentía aquel impulso de conciencia que me decía que también aquello era el rostro
de Dios, y que yo estaba asimismo vinculada también a aquello.
Me sentía un poco
tonta, pero aquello era mucho mejor que la sensación de atasco y de desdicha con la
que había estado viviendo anteriormente.
Mi madre fue una bendición del cielo en aquella época. Mi madre tiene una
fuerte conciencia mística, y no le tiene miedo a la realidad espiritual. Católica
progresista, es una mujer que siempre ha ido muy por delante de su tiempo, y me
apoyó desde su punto de vista, ofreciéndome directrices y conocimientos acerca de
la misa, del misterio de la Trinidad y de las Escrituras. Nunca flaqueó en su apoyo,
y por ello le estaré eternamente agradecida. Pero, aun con todo, su enfoque radical
de un sendero tradicional no era para mí.
Explorando nuevas vías
Después de explorar la religión, me moví en la dirección de los seminarios de
autoayuda. Asistí a montones de ellos, ¡y me encantaban! Cada uno me aportaba
algo que yo necesitaba: a veces comprensión, a veces personas, a veces estructura y
organización.
Fuera donde fuera, siempre salía con algo que apoyaba mi
crecimiento. Algunos de los talleres fueron positivos, validaban y me hacían
sentirme bien.
Otros fueron más duros, perturbadores y horriblemente incómodos.
Todos ellos contribuyeron de un modo u otro a expandir mi conciencia. Pero lo que
le faltaba a este sendero era, no obstante, el reconocimiento de la dimensión
espiritual de la vida.
De modo que proseguí con mi búsqueda, acompañada por innumerables
amigos y camaradas.
Pasé por todo tipo de terapia y de trabajo corporal, y solicité
todo tipo de lecturas; mi generación ha hecho celebridades de los videntes
espirituales, de modo que estuve cara a cara con numerosos adivinos. Y, como en la
mayoría de las vías que exploraba, mis experiencias fueron en general
maravillosas.
Continua...
Linda Howe.

Por los Amados Dioses Merú y Lady Nada, 05 de junio de 1960
El Amado Santo Aeolus habla:
Estoy plenamente consciente de que ustedes tuvieron la suficiente percepción espiritual para conseguir la amada representación de la Diosa Tara. Voy a narrarles hoy algo de su historia.
Esta estatuilla en particular, es mucho más vieja de lo que aparenta ser. Viene de un antiguo lamasterio, donde la mayoría de los hermanos y hermanas de la Luz, incluyendo a Mi humilde Ser, a veces nos pasábamos hasta cuatrocientos años en encarnaciones sucesivas, dedicando diariamente nuestros cuatro vehículos inferiores, el emocional, mental, etérico y físico, al desenvolvimiento de la Luz Espiritual.
Había una representación de los siete poderes Elohímicos que están situados en pequeños nichos alrededor del Gran Sol Iluminado, simbolizando -por supuesto- al Logos Solar de Nuestro Sistema Helios y Vesta. Dentro del lamasterio, el sumo sacerdote ocupaba el cargo y tenía la responsabilidad de atraer, sostener y expandir el poder del Dios Sol y la Diosa Sol, Helios y Vesta, a través del foco de la copia iluminada del sol. Para cada una de las siete representaciones menores de la Virtud Divina, habían dos sacerdotes menores asignados, quienes permanecían presentes constantemente, igualmente atrayendo, sosteniendo y expandiendo el poder de las “Siete Virtudes de Dios” requeridas para enriquecer la atmósfera inferior del plano terrenal y los individuos que utilizaban la Tierra, temporalmente, como salón de clase y hogar planetario.
Estos sacerdotes menores eran escogidos en base a cierta afinidad de conciencia con la Virtud Divina así atraída, sostenida y expandida para bendición de toda vida. Uno, que en su entrenamiento requería de una paz permanente para seguir en Su misión Cósmica, era el Señor Maitreya, que es el actual Buddha de la Tierra. En varias vidas sucesivas, Él escogió aceptar la responsabilidad de sostener el poder de la Luz a través de la figura central del Dios-Sol y la Diosa-Sol, Helios y Vesta.
La chela que, junto con su Complemento Divino, el Maestro Ascendido -mejor conocido en el mundo exterior como San Patricio- adquirió la estatuilla, sirvió a la Diosa Tara, quien era y sigue siendo la encarnación de la Sabiduría y la Paz. En la encarnación en que este Ser Ascendido vivió, logró una tremenda iluminación, vivió mucho más allá de los noventa años de edad, soportando gran frío y penurias en el lamasterio tibetano en que servía a este aspecto de la Deidad. Ésta es una de las razones de que se le haya confiado actualmente, una vez más, este foco sagrado.
Muchos de los chelas del cuerpo estudiantil actual, pasaron en este lamasterio largos años. Los amados Maestros Ascendidos El Morya y Kuthumi, aprendieron mucho de la Verdad durante sus encarnaciones dentro de las paredes de este lamasterio. Una razón de que El Morya haya llamado “Tara” a su foco en Irlanda, es su cariñoso recuerdo de la Diosa Tara y de la Verdad, la Paz y la Sabiduría que encontró a través del amor de Tara.
Los tesoros de este lamasterio, en su gran mayoría, no han sido descargados al mundo externo, y los pocos tesoros sagrados inapreciables que han sido transportados a Occidente, siempre son custodiados por la Gran Hermandad Blanca. Cada Ser Ascendido mantiene un sentimiento de gratitud y reverencia por la esencia espiritual que fluye, o ha fluido a Ellos y a toda la vida por doquier a través de tales focos, según se describiera anteriormente. Muy complacido estuve de que esta estatuilla estuviera, una vez más, en manos de Mi chela, y luego, de los chelas de Mi ashram original.
Amor y bendiciones,
El Santo Aeolus
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Por los Amados Dioses Merú y Lady Nada, 05 de junio de 1960
La Amada Maestra Lady Nada habla:
A nuestros Amados Dios y Diosa Merú, cuyo mensajero “Yo Soy”, les doy amor; amor por Su tremendo desprendimiento al sostener la Llama de la Iluminación en el corazón de esa magnífica montaña cerca del lago Titikaka. A menudo salgo a representarlos, ya que, como ustedes saben, aprendí algo de la “Ley del Amor”, a través de amar a la vida, por más que a veces le resultara desagradable a Mi parte humana, sin embargo la liberé ¡a fuerza de amor! El Ser Cósmico Caridad fue Mi maestra y, en aquellos días antes de Mi Ascensión, Yo sabía lo que era ver a Mis hermanas destacarse como artistas talentosas tanto en canto como en danza. Yo sé lo que era observar en silencio la gran alegría de Mis padres por cuenta de los talentos de Mis hermanas, y aprendí el sentimiento de lo que entraña tener el júbilo en Mi corazón porque Mi amor las ayudó, si bien ellas nunca lo supieron, a lograr esa fama terrenal, ya que Mi fama era inexistente.
Es por eso que asumí el nombre de "Nada". Jesús dijo: “Yo no he venido de mí mismo”, pero el Padre de Amor a través de Mí, me ha ayudado a traer armonía en muchos sitios, no sólo en Mi hogar, sino luego en Luxor, donde asistí al Maestro Ascendido Serapis Bey. Estoy dispuesta a traer, igualmente, armonía a ustedes, a la Tierra y, a todos sus pueblos, ¡dándoles júbilo en liberar a la vida con amor!
¡Oh, amados míos! Si ustedes tomaran tan sólo por una semana, algo o a alguien distante o cercano, y trataran impersonalmente de invocarme y dirigir Mis Rayos de Luz Rosa a través de esa persona o sitio, y luego a darles a ustedes Mi sentimiento, así como también al individuo o condición que los ocupa, Me parece que esto los haría muy felices. A medida que cada una de Mis hermanas se alistaba para ser presentada en la corte y luego al reino, Yo sabía que, mientras sus cuerpos dormían, Me había arrodillado al lado de sus camas vertiéndoles Mi Luz y Amor, a fin de ayudar a desarrollar cada uno de sus dones y talentos. Recibí gran alegría en su expresión de ese talento, e igualmente absorbí un gran júbilo al saber que, salvo por mi Maestra la Amada Caridad, nadie sabía dónde había invertido Mi vida.
Esta es la lección que aprendí; esa es la razón de que el Maestro Ascendido Serapis Bey me pidiera que fuera a Luxor, y es la única razón -según dicen Ellos- por la que se Me dio el privilegio de ser la Directora del Sexto Rayo en estos momentos. Es una gran responsabilidad, lo tengo que admitir, ¡la de ocupar la brillante órbita del Amado Jesucristo, y llenarla hasta su plenitud con su tan excelso Amor! Me siento un poco como el Señor Gautama cuando se enteró de que Él habría de ser el nuevo Señor del Mundo. Si tienen un momento, cuando no tengan nada que hacer, piensen en mí y envíenme la gracia de su amor, al tiempo que Yo se los devolveré. El Amor es una cualidad positiva, que ninguna creación puede desviar, ¡créanme! Yo Soy la mensajera del Dios Merú y Su Señora; Yo Soy la Mensajera del Titikaka; Yo Soy su hermana, amiga y -doquiera que me invoquen- su servidora.
Gracias
Lady Nada
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La Amada Maestra Lady Nada habla:
A nuestros Amados Dios y Diosa Merú, cuyo mensajero “Yo Soy”, les doy amor; amor por Su tremendo desprendimiento al sostener la Llama de la Iluminación en el corazón de esa magnífica montaña cerca del lago Titikaka. A menudo salgo a representarlos, ya que, como ustedes saben, aprendí algo de la “Ley del Amor”, a través de amar a la vida, por más que a veces le resultara desagradable a Mi parte humana, sin embargo la liberé ¡a fuerza de amor! El Ser Cósmico Caridad fue Mi maestra y, en aquellos días antes de Mi Ascensión, Yo sabía lo que era ver a Mis hermanas destacarse como artistas talentosas tanto en canto como en danza. Yo sé lo que era observar en silencio la gran alegría de Mis padres por cuenta de los talentos de Mis hermanas, y aprendí el sentimiento de lo que entraña tener el júbilo en Mi corazón porque Mi amor las ayudó, si bien ellas nunca lo supieron, a lograr esa fama terrenal, ya que Mi fama era inexistente.
Es por eso que asumí el nombre de "Nada". Jesús dijo: “Yo no he venido de mí mismo”, pero el Padre de Amor a través de Mí, me ha ayudado a traer armonía en muchos sitios, no sólo en Mi hogar, sino luego en Luxor, donde asistí al Maestro Ascendido Serapis Bey. Estoy dispuesta a traer, igualmente, armonía a ustedes, a la Tierra y, a todos sus pueblos, ¡dándoles júbilo en liberar a la vida con amor!
¡Oh, amados míos! Si ustedes tomaran tan sólo por una semana, algo o a alguien distante o cercano, y trataran impersonalmente de invocarme y dirigir Mis Rayos de Luz Rosa a través de esa persona o sitio, y luego a darles a ustedes Mi sentimiento, así como también al individuo o condición que los ocupa. Me parece que esto los haría muy felices. A medida que cada una de Mis hermanas se alistaba para ser presentada en la corte y luego al reino, Yo sabía que, mientras sus cuerpos dormían, Me había arrodillado al lado de sus camas vertiéndoles Mi Luz y Amor, a fin de ayudar a desarrollar cada uno de sus dones y talentos. Recibí gran alegría en su expresión de ese talento, e igualmente absorbí un gran júbilo al saber que, salvo por mi Maestra la Amada Caridad, nadie sabía dónde había invertido Mi vida.
Esta es la lección que aprendí; esa es la razón de que el Maestro Ascendido Serapis Bey me pidiera que fuera a Luxor, y es la única razón -según dicen Ellos- por la que se Me dio el privilegio de ser la Directora del Sexto Rayo en estos momentos. Es una gran responsabilidad, lo tengo que admitir, ¡la de ocupar la brillante órbita del Amado Jesucristo, y llenarla hasta su plenitud con su tan excelso Amor! Me siento un poco como el Señor Gautama cuando se enteró de que Él habría de ser el nuevo Señor del Mundo. Si tienen un momento, cuando no tengan nada que hacer, piensen en mí y envíenme la gracia de su amor, al tiempo que Yo se los devolveré. El Amor es una cualidad positiva, que ninguna creación puede desviar, ¡créanme! Yo Soy la mensajera del Dios Merú y Su Señora; Yo Soy la Mensajera del Titikaka; Yo Soy su hermana, amiga y -doquiera que me invoquen- su servidora.
Gracias.
Lady Nada
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Por los Amados Dioses Merú y Lady Nada, 05 de junio de 1960
Introducción:
Mis amados:
Tengo el placer y el privilegio de presentar en el Boletín de esta semana, las palabras, instrucción y radiación sostenida de los Amados Dios y Diosa Merú y su Mensajera Divina, la Maestra Ascendida Lady Nada, según fueran impartidos en la Clase de Transmisión del 21 de Mayo de 1960.
Amor y bendiciones,
El Santo Aeolus
El Amado Dios Merú habla:
Bienvenidos al corazón de los Andes, al corazón del poderoso foco que mantenemos mi amada Lady Merú y Yo, en el cual custodiamos y guiamos los inapreciables tesoros que han sido transportados por Mi hermano Himalaya y Su hermandad, desde la Cordillera de los Himalayas, para beneficio de las civilizaciones de la Séptima Raza Raíz, particularmente bajo la dirección de su Manú.
Amados Míos, tengo el júbilo, privilegio y gratitud en todo momento, de darle la Iluminación a todo aquel que la busque en su conciencia externa, que es la mejor manera de hollar cada quien su propio Sendero Divino hacia la Perfección ... ¡y la Ascensión consciente en la Luz!
Nosotros, como Dioses y Diosas custodios de la poderosa cordillera, hemos alcanzado esa fortaleza a lo largo de eones de servicio, y considerando el tirón de la gravedad de la Tierra, el cual parece sostener resueltamente a los pueblos de la Tierra, quiero que consideren por un momento la fortaleza que se requiere para elevar una cordillera desde las planicies y sostener los altos picos señalando hacia Dios, como un recordatorio constante a los hombres alertas, de la Fuente Suprema de todo lo que existe, que es Dios, el "YO SOY". Al trascender la gravedad, la erosión, y la descomposición, Nosotros, los Dioses de las Montañas, que a veces somos tan grandes como la cordillera, por la mismísima fortaleza y vitalidad de Nuestro Ser, podemos sostener, y sostenemos, estas cordilleras para un Propósito Divino. Mantenemos aquí unos recodos secretos en los que custodiamos y salvaguardamos esos tesoros que todavía no están listos para ser descargados al hombre común, que son verdades escritas, en Sánscrito, Pali, o sea cual fuere el idioma.
Ustedes son llamados uno por uno por el Maestro Ascendido Guía, para pasar por el largo e iluminado corredor, y unirse a los Iluminados de la Raza que están sentados a la manera del Buddha si vienen de Oriente. Hemos provisto sillas para los que vienen de Occidente, y todos ven la Llama de la Iluminación en su dorado esplendor, flameando desde el corazón de los Andes y enviando constantemente Rayos de Luz a la atmósfera de la Tierra, a la conciencia de los pueblos, a la conciencia de todo lo que existe. La mismísima base de esa poderosa Llama bendice la Tierra desde abajo, en el corazón del Reino de Pelleur. Desde esa Llama de la Iluminación emanan magníficas chispas que son similares a los fuegos artificiales que se ven durante la celebración del día de la independencia, o en otras celebraciones por todo el planeta Tierra, o como los cometas que avanzan a toda velocidad por los cielos en las noches. Esas chispas salen volando a la atmósfera constantemente.
Guardianas Silenciosas
Las Guardianas Silenciosas de cada nación, continente, océano, ciudad, poblado y aldea, cuidando a la gente que allí vive, magnetizan una parte de la Llama de la Iluminación. Luego, la dirigen al interior de lo que ustedes llamarían "la conciencia externa" de quienes se merecen recibir más que una instrucción ordinaria en cualquiera de las siete líneas de instrucción. El motivo de los miembros de la Jerarquía Espiritual, los Dioses de las Montañas, el Tribunal Kármico, el Sol del sistema Helios y Vesta, de cada poderoso Elohim, Arcángel y Chohán, es el de elevar a la Tierra y sus evoluciones a la liberación.
En mi caso, en el del Manú Himalaya, el Dios Tabor y los demás grandes Dioses de las Montañas, no podemos auto-transportarnos tan frecuentemente como los demás, a menos que tengamos a alguien que permanezca en casa para sostener ese magno poder que mantiene esas montañas erectas. ¡Yo tengo en mi Señora, la Diosa Merú, un ser así, que lo hace!
Amados míos, tengo el placer de permitirles libertad para no sólo hollar toda la Tierra y darle asistencia tanto al más pequeño de sus miembros como al más desarrollado de la humanidad, sino que tengo la alegría de sostener a los Andes y a toda Sudamérica, que acunará la Séptima Raza Raíz, junto a mis brazos. Cuando regresen al Titikaka, encontrarán la Llama de la Iluminación flameando. ¡Para esto existo!
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Por el Amado Santo Aeolus, 29 de mayo de 1960
Benditos viajeros en el Sendero a Casa:
Cuando un grupo de individuos se reúne para combinar sus empeños hacia la promoción de una buena Causa Divina, se da una tremenda descarga de partículas electrónicas de aquellos que estarán presentes en la actividad de los Maestros Ascendidos. Esto tendrá mucho que ver con su victorioso resultado final. La naturaleza de los participantes -así como también sus sentimientos durante el proceso de preparar y ejecutar el plan- determinará el tipo de manifestación que tendrá lugar.
Si los hombres pudieran ver los “Bellos conductores de Energía Cósmica” que pueden ser, y cómo, dicho literalmente, las partículas electrónicas salen volando desde la punta de los dedos, de los pies y de cualquier parte del cuerpo que sea conscientemente dedicada como un foco concentrado de la actividad de un Maestro Ascendido para el servicio de los Maestros Ascendidos, verdaderamente se asombrarían y sorprenderían.
Aunque la totalidad de los cuatro cuerpos inferiores, emocional, mental, etérico y físico, está constantemente emitiendo sustancia que pertenece a la Divina Presencia de Dios "YO SOY", calificada por su conciencia externa, la tremenda radiación proyectada de las partículas cósmicas se concentra allí donde se enfoca la atención. Esta energía sale de la mano en un apretón de manos, de los ojos en el proceso de leer o de ver objetos, de la frente cuando se piensa, y de los labios en palabras y cantos. Claro está, la cualidad de la energía es determinada por los sentimientos de cada individuo. Si se les abriera la visión interna por tan sólo media hora, mediante una dispensación de un Maestro Ascendido, esto transportaría al chela a un mundo de Luz donde podría ver la realidad detrás de toda acción.
Cuando doce o cien individuos se reúnen para una actividad espiritual, allí hay una efusión combinada de todas las personas involucradas. Todo esto tiende a auto-precipitarse sobre el líder, siendo él o ella el centro de los intereses combinados de todos. Ésta es la razón de que haya que darle una tremenda asistencia a cualquier individuo que conforme la concentración del foco para tales intereses, hasta de una naturaleza alta y exaltada, ya que la naturaleza de los estudiantes determinará el tipo de energía que se catapultará hacia el líder, por más que los intereses y motivos de ellos estén orientados de por sí al desenvolvimiento más alto posible.
Que sean ustedes bendecidos en todo lo que hagan.
Amor y bendiciones,
El Santo Aeolus
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