miércoles, 17 de agosto de 2016

Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO V (LA NATURALEZA DEL ESPACIO)


CAPITULO V 

LA NATURALEZA DEL ESPACIO.
Ciertas amplias generalizaciones respecto al cuerpo etérico pueden ser traídas a colación en este punto. 
Su existencia, en relación a todas las formas tangibles y exotéricas, es aceptada hoy por muchas escuelas científicas; sin embargo, la enseñanza original ha sido modificada a fin de que esté de acuerdo a las teorías usuales de la energía y sus formas de expresión. 
Hoy, los pensadores reconocen de hecho la naturaleza de la energía (empleo los términos "de hecho" premeditadamente); la energía es ya considerada como todo lo que ES; la manifestación es manifestación de un mar de energías, con algunas de las cuales se construyen las formas, otras constituyen el medio en que viven, se mueven y tienen su ser dichas formas, y aun otras animan tanto a las formas como a su medio ambiente sustancial. 
Debe recordarse también que las formas existen dentro de las formas, tal es la base del simbolismo representado en las esferas de marfil talladas por los artífices chinos, donde una bola está dentro de otra, primorosamente talladas, aunque libres y sin embargo confinadas. 
Un ejemplo lo tenemos en nosotros mismos, cuando nos hallamos en una habitación, somos una forma dentro de otra forma; esa habitación es una forma dentro de otra que es la casa, y ésta a su vez es similar a otras casas, colocadas unas sobre otras o al lado de otras, y juntas constituyen una forma mayor. 
Sin embargo, estas diversas formas están compuestas de sustancia tangible que al ser coordinadas y reunidas por algún canon o idea reconocida en la mente de algún pensador crea una forma material. 
Esta sustancia intangible está compuesta de energías vivientes que vibran en estrecha relación; no obstante, tiene su propia cualidad y vida cualificada. 
Gran parte de esto fue considerado en Tratado sobre Fuego Cósmico y sería de utilidad volver a releerlo. 
No lo repetiré aquí porque trato de encararlo de otra manera. Sería útil señalar que todo el universo es etérico y vital por naturaleza, y de una extensión que excede las cifras astronómicas, y está fuera de la comprensión de la mente más aguda de la época, si esta afirmación tiene sentido. 
Esta extensión no es calculable ni siquiera en términos de años luz; dicha zona etérico cósmica es campo de incontables energías y base de todas las computaciones astrológicas; es el escenario de todos los ciclos históricos cósmicos, del sistema y planetarios y está relacionada con las constelaciones, los mundos de los soles, las estrellas más distantes y los numerosos universos conocidos, como también con nuestro propio sistema solar, los innumerables planetas y con este planeta sobre el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, así como también con la forma más ínfima de vida, conocida por la ciencia y comprendida por ese término sin sentido: "átomo". 
Todo existe en el Espacio, el cual es etérico por naturaleza, y según dice la ciencia esotérica, el Espacio es una Entidad. 
La gloria del hombre reside en el hecho de que es consciente del Espacio y puede imaginar dicho espacio como el campo de la actividad viviente divina, plena de formas inteligentes y activas, cada una ubicada en el cuerpo etérico de esta Entidad desconocida, y todas relacionadas mutuamente por medio del poder, que no sólo mantiene su existencia sino que conserva su posición en relación con las demás; cada una de estas formas diferenciadas posee, no obstante, su propia vida diferenciada, su propia y excepcional cualidad o colorido integral y su propia específica y peculiar forma de conciencia.  
El cuerpo etérico vasto y desconocido, en cuanto a su extensión es de naturaleza ilimitada, y de capacidad estática, hablando comparativamente; conserva una forma fija de la que nada sabemos, la forma etérica de la Entidad desconocida. 
A esta forma la ciencia esotérica da el nombre de ESPACIO; es la zona fija donde toda forma, desde un universo hasta un átomo, encuentra su ubicación. 
Hablamos a veces de un universo en expansión, queriendo significar, en realidad, que es una conciencia que se expande, porque este cuerpo etérico de la Entidad llamada Espacio, es el receptor de muchos tipos de energía penetrante que produce formas, siendo también el campo de la actividad inteligente de las Vidas que moran internamente en el universo, en las numerosas constelaciones, en las distantes estrellas, en nuestro sistema solar, en los planetas que se hallan dentro del sistema y en todo lo que constituye la suma total de estas formas separadas y vivientes. 
El factor que las relaciona no es más que la conciencia, y el campo de percepción consciente es creado mediante la interacción de todas las formas vivientes inteligentes, dentro de la zona del cuerpo etérico de esa gran Vida que llamamos ESPACIO. 
Cada forma dentro del cuerpo etérico es como un centro en un planeta o en un cuerpo humano, y esta semejanza basada sobre lo que he dado aquí respecto a los centros humanos es correcta y puede ser comprobada. 
Cada forma puesto que constituye una zona compuesta de vidas sustanciales o átomos es un centro dentro del cuerpo etérico de la forma, de la cual es parte integrante. 
Como base de existencia tiene un punto dinámico viviente que integra la forma y mantiene su ser esencial. 
Esta forma o centro grande o pequeño, un hombre o un átomo de sustancia está relacionada con todas las otras formas y energías que se expresan en el espacio circundante, siendo automáticamente receptiva para unas y rechazando a otras, por el proceso de no reconocimiento. 
Trasmite o retrasmite las energías que irradian de otras formas y a su vez se convierte en un agente de impresión; por lo tanto podrá verse dónde se unen y fusionan las verdades diferenciadas, obligándonos a usar los mismos términos para expresar las mismas verdades o ideas. 
Además, cada punto de vida dentro de un centro tiene su propia esfera de radiación o su propio y creciente campo de influencia, campo que depende necesariamente del tipo y de la naturaleza de la Conciencia que mora en él. 
Esta interacción magnética, entre los numerosos y extensos centros de energía del espacio, es la base de todas las relaciones astronómicas entre universos, sistemas solares y planetas. 
Sin embargo, recuérdese que el aspecto CONCIENCIA hace que la forma sea magnética, receptiva, repulsiva y trasmutadora; esta conciencia difiere de acuerdo a la naturaleza de la entidad que da forma o actúa a través de un centro, grande o pequeño. 
Recuerden también que aquello que fluye por todos los centros y anima la totalidad del espacio es la vida de una Entidad; es la misma vida que existe en todas las formas, limitada en tiempo y espacio por la intención, el deseo, la forma y la cualidad de la conciencia moradora; los tipos de conciencia son numerosos y diversos, pero la vida es siempre la misma e indivisible, pues es la VIDA UNA.
La esfera de radiación está condicionada siempre por el punto de evolución de la vida dentro de la forma; la vida misma es el factor que correlaciona, integra y relaciona un centro con otro y establece contacto; la vivencia es la base de toda relación aunque esto no sea inmediatamente evidente para el lector; la conciencia cualifica el contacto y colora la radiación. 
Aquí veremos nuevamente la misma triplicidad fundamental, a la que di los nombres de Vida, Cualidad y Apariencia en un libro anterior. (1) En consecuencia una forma es un centro de vida dentro de algún aspecto del cuerpo etérico de la Entidad llamada Espacio, en lo que respecta a una existencia animada y viviente, como la de un planeta. 
Lo mismo ocurre con todas las formas menores, como las que existen sobre y dentro de un plano. 
Este centro contiene en sí un punto de vida relacionado con todas las energías que lo rodean; posee su propia esfera de radiación o influencia, que depende de la naturaleza o fuerza de su conciencia y del factor dinámico condicionador de la entidad que anima su vida mental. 
Estos puntos merecen una cuidadosa consideración. Finalmente, cada centro posee su triángulo central de energías; una de ellas expresa la vida animadora de la forma; otra, la cualidad de su conciencia; mientras la tercera vida integrante y dinámica que mantiene unida la forma y la conciencia en una vivencia expresiva condiciona la radiación de la forma, su sensibilidad o insensibilidad, a la energía circundante, a la naturaleza general de la vida que le da forma, más su capacidad creadora. 
Gran parte de lo que he dado aquí sirve para dilucidar lo que he escrito sobre astrología esotérica; (2) les dará la clave de esa ciencia de relaciones, clave esencial de la astrología, y también de la ciencia de Laya Yoga. 
Esta última ciencia (afortunadamente para la raza aria) ha caído en desuso desde los últimos días de la Atlántida; sin embargo, será restaurada y utilizada en una vuelta más alta de la espiral, durante los próximos quinientos años, cuando sea correctamente interpretada y debidamente restaurada; no se pondrá el énfasis sobre la naturaleza del centro involucrado sino sobre la cualidad de la conciencia, que caracteriza a cualquier centro, que necesariamente condicionará su esfera de radiación. 
De acuerdo a la gran Ley de Correspondencia o Analogía, el estudiante puede aplicar, todo lo que he dado aquí, a cada forma de vida: a un universo, a un sistema solar, a un planeta, a un ser humano o cualquier forma subhumana, y al átomo más insignificante de sustancia (¡y todo lo que para ustedes signifique este último término!) 
Notas: (1) Tratado sobre los Siete Rayos. T. I. (2) Tratado sobre los Siete Rayos. T. III – El Destino de las Naciones.
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Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO IV (LOS CENTROS Y LA PERSONALIDAD)


CAPITULO IV 
LOS CENTROS Y LA PERSONALIDAD
Consideraré ahora los centros, como factores que controlan la vida de la personalidad en los tres mundos y su mutua relación, estudiando el tema desde el punto de vista de su relación con uno de los tres centros mayores planetarios Shamballa, la Jerarquía y la Humanidad en conexión con: 
1. El Punto en el Centro. 
2. Las Energías Relacionadas. 
3. La Esfera de Radiación. 
4. El Triángulo de Energía. 
El tema es sumamente abstracto; la siguiente afirmación fundamental servirá para esclarecerlo parcialmente; esta afirmación ha sido expresada pocas veces. 
La expondré con la máxima sencillez: Los centros que están debajo del diafragma, por ejemplo el plexo solar, el sacro y el centro de la base de la columna vertebral, son controlados por los cuatro éteres del plano físico planetario; los centros que están arriba del diafragma, el cardíaco, el laríngeo, el ajna y el coronario, son controlados por los cuatro éteres cósmicos a los que damos los nombres de energías de los planos búdico, átmico, monádico y logoico, respectivamente. 
Esta afirmación encierra un sentido nuevo; crea una relación fundamental, haciendo factible el hecho de que así "como es arriba así es abajo". Reflexionen sobre esto. Tiene serias implicaciones. 
Los centros que se encuentran debajo del diafragma durante el proceso evolutivo están controlados por los éteres primero, segundo y tercero, contando de abajo arriba; cuando la evolución ha llevado al aspirante al punto de integración personal, entonces las energías del plano más elevado, el atómico-etérico, pueden controlar y controlan. 
Cuando ello ocurre, existe la posibilidad de que las energías de los planos etérico cósmicos activen, a su máxima expresión, los centros que se hallan arriba del diafragma. Esto sucede en el Sendero del Discipulado y en el de la Iniciación. 
Este interesante proceso de transferencia de energías tiene varios nombres, tales como "sustitución de radiación", "aunamiento energetizante" y "luz inspiradora de energía reflejada". 
Estos términos son ensayos que tienden a expresar en palabras, si bien bastante inadecuadas, lo que sucede cuando las energías superiores son sustituidas por las inferiores; cuando la "atracción" magnética de las energías espirituales eleva y absorbe a las inferiores, relacionadas principalmente con la vida de la personalidad, y cuando la luz reflejada de la Tríada espiritual y de la Gloria monádica son trasferidas a los centros superiores de energía del último vehículo empleado por el ser humano desarrollado. 
Poco se ha dado hasta ahora sobre la relación existente entre los cuatro éteres físicos y los cuatro cósmicos; sin embargo, y el proceso iniciático lo revela, existe una relación directa  entre ellos, y produce también significativos cambios en los vehículos de la humanidad. Además, existe una relación directa entre los cuatro aspectos del Karma (Ley de Causa y Efecto) y los cuatro éteres físicos, lo mismo que en los cuatro éteres cósmicos; más adelante, esta relación constituirá la base de una nueva ciencia esotérica. En consecuencia, el estudiante debe tratar de captar todo lo referente a la energía, sus fuentes emanantes, su método de transferencia o sus procesos de transición y su anclaje en el cuerpo planetario o en el cuerpo físico del individuo. Trataremos algunas de estas ideas, sentando la base para una futura investigación, pero poco puede decirse que sea de utilidad inmediata para el estudiante individual. 
Resulta relativamente fácil enumerar los cuatro éteres cósmicos y clasificar los cuatro éteres del plano físico, tal como los conocemos, y luego afirmar que la persona común está controlada por los centros que se hallan abajo del diafragma, los cuales responden a los éteres del plano físico cuando trasmiten energías desde los tres mundos de la evolución humana, y que los iniciados responden a los éteres cósmicos cuando actúan y despiertan los centros que se hallan arriba del diafragma. Debe recordarse al mismo tiempo que los siete centros en el vehículo etérico del hombre están compuestos de éteres físicos, pero en el Sendero del Discipulado se convierten en vehículos de los éteres cósmicos. 
Para retener esta imagen mental con claridad, sería bueno estudiar brevemente los cuatro aspectos de los centros enumerados anteriormente, o esa totalidad que ellos presentan al ojo del vidente, a saber: 
1. El Punto en el Centro. La "joya en el loto", para usar el término oriental antiguo, es el punto de vida por medio del cual la Mónada se ancla en el plano físico y por lo tanto el principio vida de todos los vehículos transitorios desarrollados, no desarrollados o en proceso de desarrollo. 
Este punto de vida contiene en sí todas las posibilidades, potencialidades, experiencias y actividades vibratorias. Personifica la voluntad de ser, la cualidad de atracción magnética (comúnmente denominada amor) y la inteligencia activa que lleva la vivencia y el amor a su máxima expresión. La afirmación o definición antedicha es de gran importancia. Este punto en el centro constituye, en realidad, todo lo que ES y los otros tres aspectos de la vida tal como han sido enumerados son simples indicios de su existencia. Es aquello que puede retraerse a su Fuente de origen o recubrirse de una capa tras otra de sustancia; es la causa del retorno del así denominado Eterno Peregrino al Hogar del Padre, después de muchos eones de experiencia, y también aquello que permite experimentar y conduce a la eventual experiencia y a la expresión final. Además, es aquello que los otros tres aspectos defienden y los siete principios (manifestándose como vehículos) protegen. Existen siete de estos "puntos" o "joyas" que expresan la naturaleza séptuple de la conciencia, y son llevados cada uno a una expresión vital; los siete subrayos del rayo monádico dominante se manifiestan también en la misma forma, de manera que cada discípulo iniciado, a su debido tiempo, es un Hijo de Dios en plena y externa gloria. 
Llega el momento en que el cuerpo etérico individual está sumergido o se pierde de vista en la luz que emana de estos siete puntos; está matizado por la luz de la "joya en el loto" situada en la cabeza, el loto de mil pétalos. 
Entonces los centros se relacionan entre sí mediante una línea de fuego viviente, y cada uno se expresa plenamente en forma divina.
En el pasado, los instructores han tratado de "aniquilar" los centros que se hallan abajo del diafragma, o transferir sus energías a los centros superiores correspondientes. 
Esto ya lo he insinuado en otros artículos e instrucciones, pues es el modo más exacto para impartir la verdad esencial. 
Estos métodos de expresión son sólo frases simbólicas y exactas, dentro de ese simbolismo; sin embargo, al finalizar el proceso evolutivo cada uno de los centros del cuerpo etérico, sin excepción, son una vívida, vibrante y hermosa expresión de la energía básica que siempre ha tratado de utilizarlos, siendo no obstante energías consagradas a vivir la vida divina y no la vida material; son límpidas, puras y radiantes, y su punto céntrico de luz es de tal fulgor que el ojo físico del hombre apenas puede registrarlo. A esta altura debe recordarse que aunque hay siete puntos, uno en el centro de cada loto, sólo existen tres tipos de "joyas en el loto", porque la Mónada expresa únicamente los tres aspectos mayores de la divinidad, los tres rayos mayores. 
2. Las Energías Relacionadas. Esta expresión se refiere a lo que se denomina los "pétalos" del loto; no consideraré las diferenciaciones de las distintas energías; los escritores orientales y occidentales han puesto demasiado énfasis sobre ello; hay excesiva curiosidad por saber el número de pétalos de cualquier centro, su distribución, color y cualidad. 
Si esto les interesa, pueden indagar en los libros clásicos, pero recuerden que la exactitud de la información no puede ser probada, siendo su utilidad, por lo tanto, muy problemática. Escribo esto para los verdaderos estudiantes y para quienes tratan de vivir la vida del espíritu; la información que buscan los teóricos ha sido dada por mí y por muchos otros exponentes de los tecnicismos de la Sabiduría Eterna. 
Quiero señalar que así como el punto en el centro es el punto de vida y el inmutable, perenne y ETERNO UNO, así las energías o pétalos relacionados indican el estado de conciencia que ese ETERNO UNO, en un punto determinado en tiempo y espacio, puede expresar. 
Éste puede ser el estado de conciencia relativamente subdesarrollado del salvaje, la conciencia del hombre común, la conciencia altamente desarrollada del iniciado hasta el tercer grado o la percepción de mayor vibración del iniciado de grados más elevados. 
Ello siempre tiene que ver con la CONCIENCIA; sólo el punto en el centro tiene que ver con el aspecto vida o primer aspecto; los pétalos se refieren al aspecto conciencia o segundo aspecto, debiendo tenerse esto muy en cuenta.
El estado de conciencia se revela por el volumen, el color y la actividad de las energías que componen los pétalos del loto; su desarrollo y desenvolvimiento está condicionado por los rayos regentes, lo mismo que por la edad y la extensión de la expresión del alma. 
El alcance y la naturaleza del relativo "fulgor" está condicionado por el punto de enfoque en cualquier vida particular y por la tendencia de los pensamientos del alma encarnada; aquí debe recordarse que "la energía sigue al pensamiento". 
El foco natural o punto de polarización puede ser definidamente contrarrestado por la línea de pensamiento del hombre, sea cual fuere, o porque vive consciente o inconscientemente la vida cotidiana. 
Un ejemplo de ello lo tenemos en el hecho de que el enfoque natural del discípulo puede ser el plexo solar, pero, debido a su pensamiento firme e invariable, la energía que maneja puede ser dirigida a uno de los centros que está arriba del diafragma, produciendo así un atrofiamiento temporario de ese centro que se halla debajo, con el consiguiente estímulo de aquello que está sobre esa línea divisoria. De esta manera se producen los cambios necesarios.
Cuando el ciclo de evolución llega a su término y el discípulo iniciado se aproxima a su meta, las energías son vibrantes, están activas y en completo desarrollo; entonces son utilizadas conscientemente como aspectos esenciales del mecanismo de contacto del iniciado. 
Esto se olvida con frecuencia, pues el estudiante piensa exclusivamente en los centros como expresiones de su natural desarrollo, siendo ello de importancia secundaria. 
Los centros son, en realidad, puntos focales, mediante los cuales la energía puede ser distribuida y dirigida hábilmente, a fin de producir el impacto necesario sobre aquellos centros o individuos que el discípulo trata de ayudar. 
Dichos impactos pueden ser estimulados o vitalizados, según la necesidad, o premeditadamente destructivos, ayudando a liberar la sustancia o materia de quien se desea beneficiar. 
Ha llegado el momento de que los estudiantes presten atención al servicio dado por los centros y de enfocar y emplear la energía para servir. 
Aquí se halla involucrado el conocimiento del número de pétalos que forman un centro, porque ello indica el número de energías disponibles para el servicio, es decir, dos, doce, dieciséis energías, etc. 
Poca atención se ha prestado a este punto tan importante que representa el empleo práctico del nuevo ocultismo en la Nueva Era venidera. 
Los símbolos orientales, frecuentemente sobrepuestos en las ilustraciones que representan los centros, deberían ser suprimidos, pues no son de verdadera utilidad para la mente occidental. 
 3. La Esfera de Radiación. 
Evidentemente concierne al radio de influencia o al efecto vibratorio externo de los centros, a medida que gradual y lentamente entran en actividad. 
Dichos centros o sus vibraciones son en realidad lo que crea o constituye el aura del ser humano, aunque esa aura se confunde frecuentemente con la de la salud. 
En vez de la palabra "frecuentemente" casi diría "generalmente", pues sería más correcto. 
El cuerpo etérico manifiesta y condiciona el aura; se supone que demuestra lo que la personalidad es, emocional y mentalmente, indicando a su vez el control que ejerce el alma. Ésta no es una premisa falsa, y quisiera que la recuerden; sin embargo tiene poca importancia, pues el aura indica, en realidad, los centros del sujeto. Por el estudio del aura pueden comprobarse ciertas cosas: 
a. Si el desarrollo se efectúa arriba o abajo del diafragma. 
b. Si los centros están o no desarrollados. 
c. Si la naturaleza de los rayos controladores es suficientemente clara. 
d. Si el punto en el centro y los pétalos del loto están controlados, o si se está logrando el equilibrio. 
e. Si la personalidad se exterioriza y se halla por esto en estado de vivencia, o si se produce un retraimiento debido a la introspección y autocentralización, o si la muerte viene lentamente. 
f. Si la personalidad o el alma ejercen control, o si existe una lucha entre ambas. Podemos ver, por lo tanto, todo lo que el aura puede revelar al individuo que posee la capacidad de interpretarla con exactitud, y el reconocimiento que ustedes deben tener por el hecho de que tal capacidad es muy rara y sólo la posee un Iniciado o un Maestro, cuya naturaleza es AMOR.
La "esfera de radiación" es un poderoso instrumento para el servicio, y el alcance y pureza de su contacto deberían ser cultivados por el discípulo dedicado. 
Existe una verdadera enseñanza esotérica expuesta en El Nuevo Testamento que "la sombra de Pedro curaba al pasar". 
Su aura era de tal naturaleza que ejercía un efecto benéfico en cualquier lugar y a cualquiera que tocara o se pusiera en contacto con él. 
El control que ejercía el Cristo sobre Su aura era tal que "sabía cuando la virtud salía de Él"; también sabía cuándo las energías curativas afluían a través de uno de Sus centros hacia una persona o grupo de personas necesitadas. 
Esta aura, su poder de atracción y su estabilidad mantiene unido a un grupo y hace que un auditorio siga escuchando y también que un individuo sea un factor importante en un determinado aspecto de acercamiento a sus semejantes. 
La "esfera de radiación" es establecida fácilmente por quienes investigan y observan el efecto de la radiación en las personas, en la comunidad o en el medio ambiente. 
Una persona muy emotiva, que actúa a través de un plexo solar super desarrollado e incontrolado, puede destruir un hogar o una institución. 
Doy esto como ilustración. 
Una vida creadora y radiante, que utiliza conscientemente los centros cardíaco y laríngeo, puede inspirar a centenares de personas. Estos puntos son dignos de cuidadosa consideración. No obstante debe recordarse que estos centros se activan por el cultivo de ciertas virtudes principales, y no por la meditación o concentración sobre los centros; son llevados automáticamente a la necesaria condición irradiante por medio del correcto vivir, los pensamientos elevados y la actividad amorosa. 
Estas virtudes podrán parecer tontas y desprovistas de interés, pero son sumamente poderosas y científicamente eficaces para llevar los centros a la deseada actividad irradiante. 
Cuando la tarea está terminada y todos los centros son esferas vivientes de actividad irradiante externa, cada centro penetra en la órbita del otro, de tal manera que el iniciado se convierte en un centro de luz viviente y no en un conglomerado de siete centros irradiantes. 
Reflexionen sobre esto.  
4. El Triángulo Central de Energías. Representa en forma inequívoca los tres rayos que condicionan los "vehículos periódicos" del hombre, como lo expresa H. P. B. 
Son: el rayo monádico, el del alma y el de la personalidad. 
El observador y atento Maestro sabe cuál es el rayo que controla, siendo esto imposible para aquel cuyo grado es inferior al de Maestro. 
Los discípulos y observadores deben hacer sus propias conclusiones respecto a la "naturaleza de la esfera de irradiación". 
A esta altura puede cometerse un error, lo cual no le ocurriría a un Maestro; debe recordarse, sin embargo, que hasta la sexta Iniciación, la de la Decisión, "la Mónada guarda dos secretos pero pierde tres, cuando ejerce control y el alma desaparece". No puedo explicar esto más detalladamente. 
He aquí una presentación nueva de los centros. 
Como pueden ver, es de gran valor para los estudiantes, pues no está verdaderamente de acuerdo con la información dada en ciertos libros esotéricos. 
La comprensión de lo que he dicho conducirá al estudiante sincero a adoptar una actitud más práctica respecto a los centros, y también a realizar un esfuerzo persistente para procurar que su esfera de actividad irradiante sea de mayor utilidad para sus semejantes. 
La razón de esto consiste en que su actitud expresará la cualidad del espíritu subjetivo y no la cualidad hasta ahora prevaleciente de la materia objetiva. 
Recuerden que el cuerpo etérico es material y sustancial y, por lo tanto, parte integrante del plano físico; no olviden que ante todo está destinado a contener en sí las energías de los planos emocional y mental durante la etapa experimental inconsciente de la encarnación; también está destinado a contener las triples energías del alma durante la etapa en que se adquiere experiencia conscientemente; además, a medida que se va construyendo el antakarana, debe contener las energías de la Mónada durante la etapa en que se expresa conscientemente la divinidad. ¿Pueden por lo tanto ver aquí la belleza del proceso espiritual y la ayuda planeada, proporcionada a los hijos de los hombres en todas las etapas de su retorno al centro del cual originaron?
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Telepatía y el Vehículo Etérico (Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey) CAPITULO 3 (LOS CENTROS PLANETARIOS Y HUMANOS)


CAPITULO III 
LOS CENTROS PLANETARIOS Y HUMANOS
Existe un factor relacionado con el cuerpo etérico, que se menciona muy pocas veces, debido a que toda información sobre el mismo sería inútil. 
Lo expondré en forma ordenada, comenzando por los puntos ya mencionados pero que repetiré aquí para mayor claridad y los clasificaré en su debida correlación: 
1. El Logos planetario actúa mediante tres centros mayores: 
a. El Centro donde la voluntad de Dios es conocida: Shamballa. b. El Centro donde el amor de Dios es manifestado: 
la Jerarquía. 
c. El Centro donde la inteligencia de Dios origina el proceso evolutivo: la Humanidad 
2. Los tres centros mayores humanos y planetarios existen en sustancia etérica y pueden producir o no, analogías físicas. 
Los Maestros, por ejemplo, no trabajan por medio de un vehículo físico, no obstante, poseen vehículo etérico, compuesto de sustancia de los niveles etérico cósmicos –búdico, átmico, monádico y logoico– constituyendo estos niveles los cuatro éteres cósmicos, analogía superior de nuestros planos etéricos; estos planos superiores constituyen los cuatro niveles del plano físico cósmico. 
Hasta que los Maestros no eligen uno de los Siete Senderos del Destino Final en la Sexta Iniciación, la de la Decisión, actúan en Sus cuerpos etéricos cósmicos. 
Estos tres centros mayores de energía están íntimamente relacionados entre sí, y el discípulo, mediante sus centros mayores individuales (coronario, cardíaco y laríngeo) 
están en relación con los tres centros planetarios. 
Quisiera que reflexionen sobre esto, pues tiene valor práctico. 
3. La Mónada, como ya se sabe, se encuentra en el segundo nivel etérico cósmico, llamado plano monádico. 
Cuando se ha construido el antakarana, entonces la sustancia etérica cósmica puede ser gradualmente sustituida por la sustancia etérica común y familiar que "sustenta" el cuerpo físico del hombre. 
4. El Rayo en que se encuentra la Mónada –uno de los tres mayores y por lo tanto conectado con uno de los tres centros mayores– condiciona: 
a. La absorción del discípulo en uno de los tres sectores del trabajo jerárquico; por ejemplo, un alma de primer rayo entrará normalmente en un Ashrama como el del Maestro M., en el departamento del Manu; un discípulo de segundo rayo pasará a un Ashrama de segundo rayo, por ejemplo, el mío (D.K.) o el del Maestro K.H. que pertenece al sector del Cristo; un alma de tercer rayo será absorbida en uno de los Ashramas (existen muchos) dirigido por el Señor de la Civilización, el Maestro R.b. 
Todos aquellos que encarnan en uno de los Rayos de Atributo cuarto, quinto, sexto y séptimo llegan finalmente a pertenecer a uno de los tres Rayos de Aspecto mayores. 
El cambio de enfoque se produce cuando el cuerpo etérico contiene suficiente sustancia adecuada de éteres cósmicos superiores, sustancia búdica; esto es fundamental para todos y en todos los Rayos, porque al final de la era, cuando los vehículos etéricos del iniciado se compongan de sustancia etérica cósmica, estos tres rayos se trasformarán en dos, y más tarde se producirá otra absorción en el segundo Rayo de Amor Sabiduría, el de nuestro actual sistema solar. 
Por lo tanto se observará que cuando las distintas energías llegan a apropiarse y utilizarse, se convierten en factores condicionadores y su sustancia, o mejor dicho la presencia de ciertas energías en el cuerpo etérico de la personalidad, son esenciales antes de poder recibir ciertas iniciaciones. 
El tema es demasiado complejo para desarrollarlo aquí, pero quisiera que consideren con cuidado las diferentes afirmaciones que he hecho, y busquen luego la luz dentro de ustedes. 
Los rayos son las siete emanaciones de los "siete Espíritus ante el trono de Dios"; Sus emanaciones proceden del nivel monádico de percepción o del segundo plano etérico cósmico. En cierto sentido se podría afirmar que estas siete grandes y vivientes Energías constituyen en su totalidad el vehículo etérico del Logos planetario. 
Podría decirse también que los procesos evolutivos constituyen procesos de eliminación de la sustancia física que se encuentra entre el cuerpo físico denso y el cuerpo astral sensorio, sustituyéndola con sustancia de los cuatro planos superiores, los cuatro éteres cósmicos. 
Hablando en sentido físico, esta sustitución etérica permite al hombre pasar sucesivamente las cinco iniciaciones, que lo trasforman en un Maestro de Sabiduría. 
La primera iniciación concierne exclusivamente al alma del hombre; una vez lograda, penetra una cantidad de energía búdica, llevándose a cabo la transferencia de los éteres superiores, que son sustituidos por los inferiores. 
Como es de imaginar, esto produce conflicto; el cuerpo etérico de la persona rechaza el éter superior, produciéndose así las crisis en la vida del iniciado.
El progreso y la iniciación nos han sido presentados como elementos para formar el carácter y servir a la humanidad. Este acercamiento produce también conflicto, entonces la personalidad lucha contra el alma. 
Pero paralelamente a este bien conocido conflicto se libra otra batalla entre los éteres que componen el cuerpo etérico del discípulo y los éteres superiores descendentes. 
El hombre no es muy consciente de esto, pero la lucha es muy real, afecta principalmente la salud del cuerpo físico, y tiene lugar en cinco etapas naturales denominadas iniciaciones. 
El simbolismo del Cetro de Iniciación enseña (durante el proceso iniciático) que dicho Cetro, dirigido por el Cristo o el Señor del Mundo, según el caso, es utilizado para estabilizar los éteres superiores dentro de la personalidad mediante un acceso de energía aplicada, que permite al iniciado retener aquello que desciende, pues "así como es arriba es abajo". Se ha de considerar al cuerpo etérico desde tres ángulos:
1. Como el mecanismo que se exterioriza por medio de los nadis, o ese sutil sistema de líneas de fuerza relacionadas, que a su vez se exteriorizan a través del sistema nervioso físico. 
2. Como trasmisor de los distintos tipos de energía, procedentes de muy diversas fuentes; dichas energías afluyen a través (ambos términos son inadecuados) de las líneas de fuerza que subyacen en los nadis o a lo largo de ellos. 
Anteriormente empleé la palabra "tubos", dando así la idea de una red de tubos a través de los cuales pueden pasar las energías trasmitidas; éste es un ejemplo en que la palabra es completamente inapropiada y desorientadora. 
3. Estas energías –de acuerdo a su fuente de origen, cualidad, y propósito– crean siete centros mayores que condicionan los múltiples centros subsidiarios menores, exteriorizándose finalmente por medio de las siete glándulas mayores del sistema endocrino. 
He dicho anteriormente que las energías que se cruzan en el cuerpo etérico del planeta forman en la actualidad una red de cuadrados. Cuando el proceso creador se complete y la evolución haya terminado su trabajo, estos cuadrados se convertirán en una red de triángulos. 
Lógicamente hablo en forma simbólica. 
En el Libro de las Revelaciones, dictado hace 1900 años por el discípulo conocido hoy como el Maestro Hilarión, se hace referencia a la "ciudad cuadrada". 
El vehículo etérico del planeta fue heredado de un sistema solar anterior, con el propósito e intención de trasformarlo en una red de triángulos en el actual sistema solar. 
En la próxima triplicidad de sistemas solares (el tercero y último), donde la voluntad de Dios se lleva a cabo, el cuerpo etérico comenzará siendo una red de triángulos que se trasformará en una red de círculos entrelazados, indicando que ha culminado el entrelazamiento de las relaciones. 
En el sistema actual, en lo que se refiere al cuerpo etérico, el resultado de la evolución será el contacto establecido entre los tres puntos de cada triángulo, formando así un nónuple contacto y una nónuple afluencia de energía. 
Esto concuerda con el hecho de que el nueve es el número de la Iniciación, y cuando el número indicado de discípulos haya pasado las nueve iniciaciones posibles, se completará la formación triangular del cuerpo etérico planetario. 
La idea puede ser representada simbólicamente por el diagrama incluido, que ilustra la formación triangular y el sistema de acrecentamiento o progresión y expansión duales de la red, porque comenzado desde el triángulo inicial quedan sólo dos puntos para los procesos de extensión.
El triángulo inicial fue formado por Sanat Kumara, y a las tres energías que circulan por el mismo las denominamos los tres Rayos de Aspecto mayores. 
Los cuatro Rayos de Atributo forman sus propios triángulos y, en forma paradójica, son responsables de los "cuadrados", a través de los cuales pasan todas sus energías en esta época. 
Así se inició el trabajo de transformación del cuerpo etérico heredado, y esto ha continuado desde entonces. En el cuerpo etérico del ser humano se repite el mismo proceso en el triángulo de energías creado por la relación que existe entre la mónada, el alma y la personalidad. 
Al hombre le resulta casi imposible dibujar o representar gráficamente la red de triángulos y ver simultáneamente cómo se convierten en círculos, en el cuerpo etérico de la esfera planetaria, debido a que el cuerpo etérico está en constante movimiento ] y en incesante trasformación y las energías que lo componen circulan y cambian constantemente. 
Sería conveniente recordar que el cambio se produce en el mecanismo, y la trasformación del cuadrado en triángulo no se refiere a las energías trasmitidas o a los diferentes centros, sino que para las energías es mucho más fácil fluir por la formación triangular del cuerpo etérico, que –como sucede ahora– a través de un cuadrado o una red de ellos. 
Comprendo que lo que estoy comunicándoles, puede parecerles muy inverosímil y sin sentido, y lógicamente no hay forma viable de probarles la naturaleza real de este sistema de intercomunicación, donde puedan verificar lo que digo; pero tampoco existe un modo de comprobar la existencia real de Sanat Kumara y, sin embargo, desde la noche misma de los tiempos, ha sido proclamada su existencia por la Jerarquía y aceptada por millones de seres. 
Todo ser humano cree mucho más de lo que puede comprobar o demostrar. Los centros son, en realidad, "puntos de intersección" de energías, donde el cuerpo etérico posee siete triángulos y puntos que han sido trasformados. Desde el punto de vista de Shamballa los centros del hombre se asemejan a un triángulo con un punto en el centro. 
Desde el ángulo de la Jerarquía, las condiciones son algo diferentes: los siete centros se representan como lotos, con un número variado de pétalos; sin embargo, siempre contiene, está presente y se entrevé un triángulo, en el corazón del loto; siempre hay un triángulo con un punto de comunicación, y a éste se lo denomina la "joya en el loto". 
El grabado es una representación simbólica del loto, y debería estudiarse cuidadosamente. 
El círculo condiciona la personalidad del hombre; esta influencia emana del loto y establece una interacción. 
El alma condiciona el loto que, a su vez, condiciona la "esfera de influencia en el aura del loto", llegando así hasta la vida de la personalidad y condicionándola. 
El triángulo se halla condicionado por la Tríada espiritual, siempre que el antakarana esté construido o en proceso de construcción, que a su vez, primeramente inspira o enciende al alma y finalmente la destruye. El punto del centro indica la vida monádica, en primer lugar como expresión inferior de vida y vitalidad física y por último, como "punto de sensibilidad". Por lo tanto tenemos: 
1. El Punto en el centro, índice de la vida monádica. 
2. Las energías que se relacionan con el loto egoico, condicionadas por el alma. 
3. La esfera de radiación, la influencia emanante del loto, condicionando a la personalidad. 
4. El triángulo de energía, condicionado por la Tríada espiritual. La antedicha enseñanza sobre el cuerpo etérico no es extensa, pero contiene muchas cosas que son relativamente nuevas y proporcionan un gran material de estudio.
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martes, 16 de agosto de 2016

EL PODER DEL PENSAMIENTO SU DOMINIO Y CULTURA DE ANNIE BESANT- Capitulo 3 SEGUNDO ESCRITO (TRASMISION DEL PENSAMIENTO)



CAPITULO 3 (SEGUNDO ESCRITO)
TRASMISION DEL PENSAMIENTO

NATURALEZA DE LA MEMORIA
Cuando se establece una relación entre el placer y un objeto determinado, surge el deseo definido de obtener de nuevo ese objeto y repetir el placer. El cuerpo mental, estimulado repite prontamente la imagen del objeto; pues debido a la ley general de que la energía fluye de la dirección de la resistencia menor, la materia del cuerpo mental se moldea muy fácilmente a la forma que con frecuencia se ha tomado ya; esta tendencia a repetir las vibraciones principales, cuando actúa en ellas la energía, es debida a Tamas  , a la inercia de la materia, y es el germen de la Memoria. 
Las moléculas de la materia que se han agrupado, se separan lentamente al actuar en ellas otras energías, pero retienen durante un tiempo considerable la tendencia a asumir de nuevo su mutua relación; si reciben un impulso propio para agruparlos, inmediatamente vuelven a asumir su anterior posesión. Además cuando el conocedor ha vibrado de un modo particular, ese poder de vibración permanece en él, y en el caso del objeto que ocasiona el placer, el deseo por el objeto pone en libertad ese poder, lo impulsa fuera, por decirlo así, proporcionando de este modo el estimulo necesario al cuerpo mental. 
La imagen que así se produce es reconocida por el conocedor, y la atracción del placer le hace reproducir también la imagen del mismo. 
El objeto y el placer son relacionados por la experiencia, y cuando se forma la serie de vibraciones que componen la imagen, surge también la serie de vibraciones que constituye el placer, y éste vuelve a gustarse en ausencia del objeto. 
Esto es la memoria en su forma más sencilla: una vibración, por sí misma iniciada, de igual naturaleza que la que causó el placer, y que reproduce a éste. 
Estas imágenes son menos pasivas, y por tanto menos vividas para el conocedor parcialmente desarrollado, que las causas por el contacto con un objeto externo, porque las pesadas vibraciones físicas prestan mucha energía a las imágenes mentales y de deseos, pero fundamentalmente las vibraciones son materia mental, por el conocedor, de objetos que anteriormente han sido experimentados. 
Esta reflexión puede repetirse - y se repite - una y otra vez en materia cada vez más sutil, sin relación con ningún conocedor separado, y en su totalidad son el contenido parcial de la memoria de Ishvara . 
Estas imágenes de imágenes pueden ser alcanzadas por cualquier conocedor separado en proporción a lo que haya desarrollado en si mismo el "poder de vibración" antes mencionado; lo mismo que en la telegrafía sin hilos, una serie de vibraciones que constituye un mensaje puede ser recogida por un receptor apropiado, esto es, por un receptor capaz de reproducirlas, así también una potencia vibratoria latente en un conocedor, puede hacerse activa por una vibración que le sea semejante, de entre aquellas imágenes cósmicas. 
Estas, en el plano akashico , forman los "anales akashicos" de que se habla a menudo en la literatura teosófica, y perduran lo que la vida del sistema. 
El conjunto de las tres cualidades es el Universo manifestado o existencia condicionada. 
Estas tres cualidades o modos (gunas), de que participa el sujeto de los Vedas, son: 
Sattva (luz, verdad, estabilidad, placer), Rajas (pasión, deseo, dolor), y Tamas (ignorancia, tinieblas, indiferencia). 
Bbagavad Gita, pág. 59. 
Y para más detalles véanse los capítulos XIV, XV y XVIII de la misma obra. En sánscrito: el Espíritu divino que mora en el hombre. Bhagavad Gita, pág. 233 8 Aaha, sinónimo del Eter de los griegos, es la substancia plástica primordial, sutilísima, de la cual es evolucionado el Cosmos. 
Dicha substancia constituye los "anales akashicos", el registro kármico donde quedan eternamente grabados toda clase de actos y pensamientos. Para más explicaciones véase "Anales Akashicos", pág. 171 a la 205 del libro del Leadbeater titulado: "Clarividencia y Clariaudiencia", publicado en español por la "Biblioteca Orientalista" de Barcelona.
MEMORIA Y ANTICIPACIÓN 
Volvamos a nuestro conocedor no desarrollado. 
Cuando la memoria principia a funcionar, la anticipación le sigue pronto, pues la anticipación no es más que la memoria lanzada hacia adelante. 
Cuando la memoria hace volver a gustar un placer experimentado anteriormente, el deseo busca volver a asir el objeto que causó el placer, y cuando se piensa en este goce como el resultado de encontrar ese objeto en el mundo externo y gozar de él, tenemos la anticipación. 
El conocedor detiene su pensamiento en la imagen del objeto y en la imagen del placer, relacionándolos entre si; si a esta contemplación añade el elemento del tiempo, del pasado y del futuro, se le da entonces dos nombres: la contemplación más la idea del pasado es memoria; la contemplación más la idea del futuro es anticipación. 
A medida que estudiamos estas imágenes, principiamos a comprender toda la fuerza del aforismo de Patanjali que para la práctica del Yoga el hombre debe suspender las "modificaciones del principio pensante". 
Considerado desde el punto de vista de la ciencia oculta, cada contacto con el No-Yo modifica el cuerpo mental. 
Parte de la materia de que este cuerpo está compuesto se combina como un cuadro o imagen del objeto externo. 
Cuando se establecen relaciones entre estas imágenes, es pensamiento considerado desde el lado de la forma. Correspondiendo con éste existen vibraciones en el conocedor mismo; y estas modificaciones dentro de él son pensamiento considerado desde el lado de la vida. 
No hay que olvidar que el establecer estas relaciones es la función especial del conocedor, lo que él añade a las imágenes, y que este aditamento cambia las imágenes en pensamientos. 
Las imágenes en el cuerpo mental se parecen mucho en su carácter a las impresiones que en una placa sensitiva hacen las hondas etéreas que se hallan fuera de la luz del espectro y que actúan químicamente en las sales de plata, volviendo a combinar la materia sobre la placa sensible, de suerte que se forman en ella imágenes de los objetos a que ha sido expuesta. Asimismo sucede en la placa sensible que llamamos cuerpo mental: los materiales se vuelven a combinar como una imagen de los objetos con que se ha puesto en contacto. 
El conocedor percibe estas imágenes por medio de sus propias vibraciones respondientes, las estudia y después de cierto tiempo principia a arreglarlas y modificarlas por las vibraciones que desde si mismo lanza sobre ellas. 
Con arreglo a la ley de que hemos hablado, de que la energía sigue la línea de menor resistencia, reforma una y otra vez las mismas imágenes; y mientras se concreta a esta simple reproducción, con la sola adición del elemento del tiempo, tendremos, como ya se ha dicho, la memoria y la anticipación. El pensar concreto es, después de todo, sólo una repetición, en materia más sutil, de las experiencias diarias, con la diferencia de que el conocedor puede detener y cambiar su secuencia, repetirlas, apresurarlas o hacerlas más lentas, según quiere. Puede detenerse en una imagen, cobijarla, mantenerse en ella, y así puede obtener de tal repetido examen de las experiencias, mucho de lo que no advirtió al pasar por ellas, sujeto al incesante movimiento de la rueda del tiempo. 
Dentro de sus propios dominios puede disponer de su tiempo en lo que a la medida del mismo concierne, como hace Ishvara, el Logos, para sus mundos; sólo que no puede escapar a la esencia del tiempo hasta que pueda alcanzar la conciencia Ishvárica, libertándose de los lazos de la materia del mundo. 
RECEPTIVIDAD DEL YO PARA EL NO-YO 
El primer requisito para el pensar competente es una observación atenta y exacta. 
El Yo, como conocedor, debe observar al No-Yo con atención y exactitud, si éste ha de convertirse en lo conocido y fundirse así en el Yo. El segundo requisito es la receptividad y tenacidad en el cuerpo mental, la facultad de ceder pronto a las impresiones y retenerlas una vez hechas. 
En proporción de la atención y exactitud de la observación del conocedor y de la receptividad y tenacidad de su cuerpo mental, se hallará la rapidez de su evolución y la celeridad con que sus potencias latentes se convierten en poderes activos. 
Si el conocedor no ha observado con exactitud la imagen de pensamiento, o si el cuerpo mental, falto de desarrollo, sólo ha sido sensible a las vibraciones más fuertes de un objeto externo, y por consiguiente, sólo ha reflejado una reproducción imperfecta, el material para el pensamiento es impropio y erróneo. Sólo se ha obtenido en un principio el bosquejo general, quedando los detalles borrosos y hasta faltando del todo. A medida que desarrollamos nuestras facultades, a medida que introducimos una materia más sutil en el cuerpo mental, veremos que podemos recibir del mismo objeto externo mucho más de lo que recibíamos en los tiempos de menor desarrollo, encontrando así mucho más en un objeto que lo que antes encontrábamos. Pongamos a dos hombres en un campo en presencia de una espléndida puesta de sol. 
Supongamos que uno de ellos es un campesino poco desarrollado, que no tiene la costumbre de observar la Naturaleza sino en lo que concierne a sus cosechas; que sólo ha mirado al cielo para saber si promete lluvia o sol, sin importarle nada su aspecto sino en lo que hace referencia a su modo de ganarse la vida o a su empleo. 
Supongamos que el otro es un artista, un pintor de genio, lleno de amor por lo hermoso y educado a ver y a gozar de cada matiz y tono de color. Los cuerpos físico, astral y mental del campesino, están todos en presencia de esta brillante puesta de sol, y todas las vibraciones que produce actúan sobre los vehículos de su conciencia; ve diferentes colores en el cielo y observa que hay mucho rojo que promete un hermoso tiempo para el día siguiente, bueno o malo para su cosecha, según sea el caso. Esto es todo lo que saca de ello. 
Los cuerpos físico, astral y mental del pintor están todos expuestos exactamente a las mismas pulsaciones que los del campesino; pero ¡cuán diferente es el resultado! El material más sutil de sus cuerpos reproduce un millón de vibraciones demasiado rápidas y sutiles que no conmueven el material más grosero del otro. Por consiguiente, su imagen de la puesta del sol es muy diferente de la imagen producida en el campesino. Los tonos delicados de color, el matiz que se desvanece en otro matiz, el azul y rosa transparentes, y el verde mar pálido iluminado de reflejos dorados con franjas de púrpura real, todos son gustados con detenido placer, con éxtasis de goce senciente; despiértanse delicadas emociones, el amor y la admiración cámbianse en reverencia y alegría de que existan tales cosas; surgen las ideas de carácter más inspirado, a medida que el cuerpo mental se modifica bajo las vibraciones que actúan en él en el plano mental, del aspecto mental de la puesta de sol. La diferencia de las imágenes no es debida a una causa externa, sino a una receptividad interna. 
No depende de lo externo, sino de la capacidad de responder. No está en el No-Yo, sino en el Yo y sus envolturas. 
Con arreglo a estas diferencias es el resultado que se produce. ¡Cuán poco fluye en el primero! ¡Cuánto fluye en el segundo! Aquí vemos con evidencia sorprendente el significado de la evolución del conocedor. Alrededor nuestro puede haber un universo de hermosura; sus hondas actúan sobre nosotros de todos lados, y, sin embargo, puede ser como si no existieran. Todo lo que está en la mente de Ishvara, el Logos de  nuestro sistema, está actuando sobre nosotros y sobre nuestros cuerpos ahora. Lo que de ello podemos recibir marca el grado de nuestra evolución. Lo que hace falta para el desarrollo no es un cambio fuera de nosotros, sino un cambio dentro de nosotros. Todo nos ha sido ya dado; pero tenemos que desarrollar la capacidad para recibir.
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EL PODER DEL PENSAMIENTO SU DOMINIO Y CULTURA DE ANNIE BESANT- Capitulo 3 PRIMER ESCRITO (TRASMISION DEL PENSAMIENTO)


CAPITULO 3 (PRIMER ESCRITO)
TRASMISION DEL PENSAMIENTO
Todo el mundo, hoy en día, quisiera practicar la transmisión del pensamiento, y sueña con el placer de comunicarse con algún amigo ausente, sin ayuda del telégrafo o del correo. Muchos  creen que pueden verificarlo con poco esfuerzo, y se sorprenden extraordinariamente cuando fracasan en absoluto en sus intentos. 
Sin embargo, es cosa clara que es necesario poder pensar antes de poder transferir el pensamiento, y que hay que poseer algún poder de pensar con fijeza a fin de enviar una corriente de pensamiento a través del espacio. 
Los pensamientos débiles y vacilantes de la mayor parte de la gente sólo causan trémulas vibraciones en la atmósfera del pensamiento, por estar dotadas de la más intima vitalidad, y aparecen y desaparecen a cada minuto sin construir formas definidas. Una forma de pensamiento tiene que ser claramente modelada y bien vitalizada para poderse enviar en cualquier dirección, y lo bastante fuerte para producir, al llegar a su destino, un duplicado de si misma. 
Hay dos métodos de transmisión de pensamiento: uno que pudiera distinguirse como físico y el otro psíquico; uno perteneciente al cerebro lo mismo que a la mente, y el otro sólo a esta última. Un pensamiento puede ser generador por la conciencia, causar vibraciones en el cuerpo mental, luego en el astral, hacer surgir ondas en el etéreo y luego en las moléculas densas del cuerpo físico; estas vibraciones cerebrales afectan al éter físico cuyas vidas marchan hasta llegar a otro cerebro, en cuyas partes, densa y etérea, despiertan vibraciones. 
Este cerebro receptor causa vibraciones en el cuerpo astral, y luego en el mental con él ligados, y las vibraciones en el cuerpo mental despiertan el estremecimiento respondiendo en la conciencia. Tales son las muchas estaciones del arco que recorre un pensamiento, pero este recorrido del arco no es necesario. La conciencia puede, al causar vibraciones directamente al cuerpo mental, lanzar estas vibraciones directamente al cuerpo mental de la conciencia receptora, evitando así la vuelta que se ha descrito. 
Veamos lo que sucede en el primer caso. 
Hay en el cerebro un pequeño órgano, la glándula pineal, cuyas funciones son desconocidas de los psicólogos occidentales y del cual éstos no se ocupan. 
Es un órgano rudimentario en la mayor parte de la gente, pero que está evolucionando, no retrogradando, siendo posible apresurar su evolución hasta que llegue al estado en que pueda ejercer la función que le es propia, y la cual ejecutará en todos en el porvenir. 
Es el órgano para la transmisión del pensamiento tanto como los ojos lo son de la visión y el oído de oír. Si alguien piensa intensamente en una sola idea, con concentración y atención sostenida, llegará a sentir un ligero estremecimiento o sensación de hormigueo en la glándula pineal. 
El estremecimiento tiene lugar en el éter que compenetra la glándula, y causa una ligera corriente magnética que origina la sensación de hormigueo en las moléculas densas de la glándula. Si el pensamiento es bastante fuerte para causar la corriente, entonces el pensador sabe que ha conseguido que su pensamiento llegue a un punto de penetración y fuerza que lo hace capaz de ser transmitido. 
La vibración del éter en la glándula pineal ocasiona ondas en el éter circundante semejantes a ondas de luz, sólo que mucho más pequeñas y más rápidas. Estas ondas se transmiten en todas direcciones poniendo el éter en movimiento y estas ondas etéricas, a su vez, producen ondulaciones en el éter de la glándula pineal de otro cerebro, y de éste son transmitidas al cuerpo astral y al mental en sucesión regular, llegando de este modo a la conciencia. 
Si esta segunda glándula pineal no puede reproducir estas ondulaciones, entonces el pensamiento pasará desapercibido, sin hacer impresión, lo mismo que las ondas de la luz no impresionan el ojo de una persona ciega. 
En el segundo método de transmisión del pensamiento, el pensador después de crear una forma de pensamiento en su propio plano, no lo hace descender al cerebro, sino que lo dirige inmediatamente a otro pensador en el plano mental. 
La facultad de hacer esto de un modo deliberado, implica una evolución mental mucho más elevada que el método físico de transmisión; pues el emisor necesita tener conciencia propia en el plano mental, a fin de poder practicar a sabiendas este poder. Pero tal poder se ejercita constantemente por todos nosotros de un modo indirecto e inconsciente, puesto que todos nuestros pensamientos causan vibraciones en el cuerpo mental, las cuales, dada la naturaleza de las cosas, tienen que propagarse al través de la substancia mental circundante. 
Y no hay razón para limitar el término transmisión del pensamiento a la transmisión consciente y deliberada de un pensamiento particular de una persona a otra. 
Todos nos estamos afectando continuamente unos a otros por estas ondas del pensamiento, puestas en acción sin intención definida, y lo que se llama opinión pública es en gran modo creada de esta manera. La mayor parte de la gente piensa en determinado sentido, no porque hayan pensado cuidadosamente un asunto y llegado a una conclusión, sino porque un gran número de personas piensan así y arrastran a las demás. El pensamiento potente de un gran pensador pasa al mundo del pensamiento y es recogido por mentes receptivas y respondientes. Estas reproducen sus vibraciones, y de este modo fortalecen la oleada de pensamientos, afectando a otros que habían permanecido sin responder a las ondulaciones originales. Estas, contestando a su vez, aumentan aún más la fuerza de las ondas; las cuales con esta mayor potencia afectan grandes masas de gente. La opinión pública, una vez formada, ejerce gran dominio sobre las mentes de la gran mayoría, chocando incesantemente en todos los cerebros y despertando en ellos ondulaciones respondientes. Hay también ciertos modos nacionales de pensar, canales indefinidos y profundos que resultan de la continua reproducción durante siglos de pensamientos semejantes, que provienen de la historia, de las luchas y de las costumbres de una nación. 
Estos canales modifican y dan colorido especial a todas las mentes nacidas en la nación, y todo lo que viene de afuera de la misma es cambiado por aquel grado de vibración nacional. Todos los pensamientos que nos llegan del mundo externo, son modificados por nuestros cuerpos mentales, y cuando los recibimos percibimos sus vibraciones, con mas nuestras propias vibraciones normales -una resultante-, y lo mismo sucede con las naciones, al recibir impresiones de otros países, las reciben igualmente modificadas por su propio grado de vibración nacional. 
De aquí que los ingleses y franceses y los boers ven los mismos hechos, pero añaden a ellos sus propias preocupaciones, y con toda buena fe se acusan mutuamente de falsificar los hechos y de practicar una conducta impropia. 
Si esta verdad y su existencia inevitable fuesen reconocidas, muchas reyertas internacionales se suavizarían más fácilmente que lo que ahora sucede, muchas guerras se evitarían, y las que se entablan terminarían con más facilidad. 
Entonces cada nación reconocería lo que se llama a veces "la ecuación personal", y en lugar de censurar a la otra su diferencia de opinión, cada una buscaría el término medio de la contraria, sin insistir por completo en la suya propia. 
La cuestión perfectamente práctica para el individuo que plantea este conocimiento de tal continua y general transmisión del pensamiento es: ¿Cuánto bueno puedo ganar y evitar de malo, viendo que tengo que vivir en una atmósfera mezclada, donde oleadas de pensamientos buenos y malos están en actividad y chocando contra mi cerebro? ¿Cómo preservarme contra las transmisiones de pensamientos dañosos, y cómo aprovecharme de los benéficos? El conocimiento del modo cómo obra el poder de selección, es de vital importancia. 
Cada hombre es la persona que más constantemente afecta su propio cuerpo mental. Otros lo afectan ocasionalmente; pero él lo hace siempre. El orador a quien oye, el autor cuya obra lee, afectan su cuerpo mental. Pero ellos son incidentes en su vida, al paso que él es factor principal. Su propia influencia en la composición del cuerpo mental, es mucho más potente que la de cualquier otro, y él mismo fija el grado de vibración normal de su mente. Los pensamientos que armonizan con ese grado son rechazados cuando tocan la mente. 
Si un hombre piensa verdad, una mentira no se hace sitio en su mente; si piensa amor, el odio no puede turbarle; si piensa sabiduría, la ignorancia no puede paralizarle. Sólo en esto está la salvación, el poder verdadero.
No debe permitirse que la mente permanezca como terreno labrado vacío, porque entonces cualquier semilla de pensamiento puede arraigar en él y desarrollarse; no debe permitirse que vibre como quiera, porque esto significa que responderá a cualquier vibración que pase. 
En esto consiste la lección práctica. 
El hombre que la lleve a cabo encontrará pronto su valor, y descubrirá que por el pensar, la vida puede hacerse más noble y dichosa, y que es una verdad que por la sabiduría pondremos fin al dolor. 
LOS PRINCIPIOS DEL PENSAMIENTO 
Pocos, fuera del círculo de los estudiantes de Psicología, se han preocupado gran cosa respecto de la cuestión de "como se origina el pensamiento". Cuando venimos al mundo nos encontramos en posesión de una gran masa de pensamiento ya formada, un gran acopio de lo que se llama "ideas innatas", Estos son conceptos que traemos con nosotros al mundo, son los resultados condensados o resumidos de nuestras experiencias en vidas anteriores a la presente. Con este acopio mental de que disponemos principiamos nuestras transacciones en esta vida, y el psicólogo nunca puede estudiar por la observación directa los principios del pensamiento. 
Puede, sin embargo, aprender algo observando al niño; pues asimismo como el nuevo cuerpo físico recorre en la vida prenatal la larga evolución física del pasado, así el nuevo cuerpo mental atraviesa rápidamente los grados de su largo desarrollo. 
Si se observa atentamente a un niño, se verá que las sensaciones respuesta a los estímulos por sentimientos de placer o de dolor, y primitivamente por los últimos  preceden a toda señal de inteligencia. Antes del nacimiento, el niño fue sostenido por las fuerzas de vida que fluían a través del cuerpo de la madre. 
Al entrar en una existencia independiente, éstas son excluidas. La vida exhala del cuerpo y ya no se renueva; a medida que disminuyen las fuerzas vitales, siéntese la necesidad, y esta necesidad es dolor. La situación de tal necesidad procura quietud y placer, y el niño vuelve a caer en la inconsciencia. 
Al poco tiempo la vista y el sonido despiertan sensaciones, pero todavía no se presenta ninguna señal de inteligencia. 
La primera que aparece es cuando la presencia o la voz de la madre o de la nodriza se relaciona con la satisfacción de la siempre recurrente necesidad, con el placer que proporciona el alimento; el enlace de un objeto externo con la sensación causada por el mismo, es la primera impresión de la inteligencia, el primer pensamiento, técnicamente una percepción. 
La esencia de esto es el establecimiento de una relación entre una conciencia, un Jivatma, y un objeto, y dondequiera que se establece esa relación, el pensamiento existe. 
Este hecho sencillo y siempre comprobable, puede servir como un ejemplo general del principio del pensamiento en un Yo separado; en tal Yo separado, las sensaciones preceden a los pensamientos; la atención del Yo se despierta por la impresión que se hace en él y al que responde con un sentimiento. 
El sentimiento macizo de la necesidad, debido a la disminución de la energía vital, no despierta por si mismo el pensamiento; pero esta necesidad es satisfecha por el contacto de la leche que causa una impresión local definida, impresión seguida por un sentimiento de placer. Después que esto se ha repetido muchas veces, el Yo se asoma al exterior, vagamente, a tientas; al exterior a causa de la dirección de la impresión que ha venido de afuera. La energía de la vida fluye de este modo al cuerpo mental y lo vivifica, de suerte que refleja en un principio débilmente el objeto que, al ponerse en contacto con el cuerpo, ha causado la sensación. 
Esta modificación en el cuerpo mental, repetida una y otra vez, estimula al Yo en su aspecto de conocer y vibra en correspondencia. 
El ha sentido necesidad, contacto, placer, y con el contacto una imagen se presenta, siendo afectada la vista lo mismo que los labios, dos impresiones de los sentidos que se mezclan. 
Su naturaleza propia inherente enlaza juntos los tres, la necesidad, la imagen contacto y el placer, y este enlace es pensamiento. Mientras que así no responda, no existe allí pensamiento alguno; el Yo es el que percibe, no ningún otro inferior. Esta percepción particulariza el deseo, que cesa de ser un vago anhelo por algo, y se convierte en un deseo definido por una cosa especial: la leche. Para la percepción necesita revisión, pues el Conocedor ha asociado tres cosas, una de ellas tiene que ser separada: la necesidad. 
Es insignificativo que en una etapa primitiva la vista de la nodriza despierte la necesidad; es el conocedor despertando la necesidad cuando aparece la imagen con aquella asociada; el niño, que no tiene hambre, llorará por el pecho al ver a la madre, más tarde esta errónea relación se rompe, y la nodriza es asociada con el placer como causa, y vista como el objeto del placer. El deseo hacia la madre se establece de este modo, y luego se convierte en otro estimulo del pensamiento. 
RELACION ENTRE SENSACIÓN Y EL PENSAMIENTO 
En muchos libros de psicología, tanto orientales como occidentales, se especifica claramente que todo pensamiento tiene su raíz en la sensación, que hasta que se hayan acumulado un gran número de sensaciones, el pensar no puede existir. 
"La mente, tal cual la conocemos - dice H. P. Blavatsky -, puede resolverse en estados de conciencia de variable duración, intensidad, complejidad, etc., fundándose todo, en último término, en la sensación" 
Algunos escritores han ido aún más lejos, declarando que no sólo son las sensaciones el material con que se construyen los pensamientos, sino que los pensamientos son producidos por las sensaciones, negando de este modo al Pensador y al Conocedor. Otros, en el extremo opuesto, consideran al pensamiento como resultado de la actividad del pensador, iniciando desde el interior en lugar de recibir su primer impulso desde fuera, siendo las sensaciones los materiales sobre los cuales emplea su capacidad inherente específica propia, pero no una condición necesaria de su actividad. Cada una de estas dos opiniones - que el pensamiento es puramente producido de las sensaciones, y que el pensamiento es tan sólo producto del conocedor- son en parte verdad; pero la verdad entera se encuentra entre los dos. Al paso que es necesario, para el despertamiento del conocedor, que las sensaciones obren sobre él desde fuera, y bien que el primer pensamiento se produce a consecuencia de impulsos del sentimiento sirviendo las sensaciones como su antecedente natural; sin embargo, si no hubiese una capacidad inherente para enlazar las cosas, si el Yo no fuese conocimiento en su propia naturaleza, las sensaciones podrían presentársele constantemente sin que se produjese nunca un solo pensamiento. 
Sólo es la mitad de la verdad que los pensamientos tengan sus principios en las sensaciones; tiene que existir el poder de organizarlas y de establecer entre unas y otras lazos de unión, relaciones, así como también entre ellas y el mundo externo. 
El Pensador es el padre, el Sentimiento la madre, el Pensamiento el hijo. Si los pensamientos tienen su principio en las sensaciones y éstas son causadas por choques externos, entonces es de la mayor importancia que cuando las sensaciones surjan del Yo como consciente, la naturaleza y extensión de estas sensaciones sean exactamente observadas por el Yo como conocedor. 
La primera función del conocedor es observar; si no hubiese nada que observar, permanecería siempre dormido; pero cuando se le presenta un objeto, cuando como perceptor tiene conciencia de un choque, entonces como observador observa. De la exactitud de su poder de observar depende el pensamiento que tiene que formar de todas esas observaciones unidas. 
Si observa erróneamente, si entabla una relación equivocada entre el objeto que ocasionó el choque y él mismo, como observador del Choque, entonces a consecuencia de este error, sobrevendrán en su propia obra un número de errores subsiguientes que nada podrá enmendar sino retrocediendo al principio mismo. Veamos ahora cómo funciona la sensación y la percepción en un caso especial. 
Supongamos que siento un choque en la mano: el contacto causa una sensación; el reconocimiento de lo que causó la sensación es un pensamiento. Cuando siento un contacto, percibo una sensación, y no hay necesidad de añadir nada en la que se refiere puramente a esta sensación; pero cuando el sentimiento pasó al objeto que lo causó, percibo el objeto y tal percepción es un pensamiento. Esta percepción significa que como conocedor reconozco una relación entre yo mismo y ese objeto, por cuanto ocasionó cierta sensación en mi Yo. 
Esto, sin embargo, no es todo lo que sucede; pues también experimento otras sensaciones de color, de suavidad, de calor, de contextura, etc.; éstos me son también transmitidos como conocedor, y ayudado por la memoria de impresiones semejantes recibidas otras veces o sea comparando imágenes pasadas con la imagen del objeto que toca a mi mano -, decido respecto de la clase de objeto que la ha tocado. 
En la percepción de las cosas que nos hacen sentir, está el principio del pensamiento; poniendo esto en los términos metafísicos ordinarios, diremos: la percepción del No-Yo es el principio de la cognición. El sentimiento por sí solo no podría dar la conciencia del No-Yo; sólo habría en el Yo el sentimiento del placer o del dolor, una conciencia interna de expansión y contracción. 
No seria posible una evolución superior si el hombre no pudiese hacer más que sentir; pues sólo cuando reconoce los objetos como causas, es cuando principia su educación humana. 
Del establecimiento de una relación consciente entre el Yo y el No-Yo depende toda la evolución futura, y esta evolución consistirá en gran parte en que estas relaciones sean más y más numerosas; más y más complicadas y más y más exactas de parte del conocedor. 
El conocedor principia su desenvolvimiento externo cuando la despertada conciencia, sintiendo placer o dolor, vuelve su mirada al mundo externo y dice: "Este objeto me causa placer; aquel otro me causa dolor". Hay que experimentar un gran número de sensaciones antes de que el Yo conteste externamente a todo. 
Luego viene un tanteo torpe y confuso por el placer, debido a un deseo en el Yo senciente de experimentar una repetición de aquél. Y éste es un buen ejemplo del hecho mencionado antes, de que no existe solamente el sentimiento ni puramente el pensamiento; pues el deseo por la repetición de un placer "implica que la imagen del placer permanece, por más débilmente que sea, en la conciencia y esto es memoria y pertenece al pensamiento. Durante largo tiempo, el Yo medio vaga de una cosa a otra, chocando contra el No-Yo de un modo accidental, sino que la conciencia imprima una dirección determinada a estos movimientos, experimentado ya el placer, ya el dolor, sin percibir su causa. Sólo cuando esto se ha experimentado durante largo tiempo, es cuando es posible la percepción antes mencionada y el principio de la relación entre el conocedor y lo cognoscible.
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